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martes, 30 de diciembre de 2014

809. Irina y Slava

(Desde Moscú)

Se tuvo que hacer el boludo, Slava. Le dijo a su novia Irina que iba al baño, y al rato volvió a la fila 13 del sector D-12 del Mytishchi Arena con un micrófono y un ramo de rosas blancas.

Le temblaba todo al pibe. Y no porque su club de hockey sobre hielo, el Atlant, estuviera perdiendo 3-0 de local contra el Dynamo de Riga.

Delante de 5.000 personas, Slava le dijo a Irina que la amaba y que ese estadio significaba muchísimo para él y por eso lo había elegido para pedirle matrimonio. Se arrodilló y sacó un anillo del bolsillo.

-¡Da! -dijo ella, sonriendo su emoción, así como la ves.


(Yo estaba en la fila 12, o sea debajo de ellos, 
y saqué esa foto exclusiva de su felicidad 
y luego se las whatsappeé 
y ahora tengo 2 nuevos amigos rusos 
que se van a casar en breve 
porque Irina está embarazada de 4 meses 
y no quiere estar demasiado panzona en la fiesta.)


domingo, 15 de junio de 2014

808. #100%Lilita

[Casi un año después, retomo un cacho el blog para publicar esto que no entró en el diario de hoy.]

   Iba para mi oficina y justo me topé con Elisa Carrió. Así que tuve que preguntarle por “Republiquita”, la muñeca que se hizo famosa hace 3 domingos cuando "Lilita" tuiteó una foto de ambas en la cama durante el programa de Jorge Lanata.


   -Está en casa -me dijo-. Acá en Bahía Blanca me regalaron un chupete para ella.

   Ya que estaba, también le pregunté de dónde salen sus tuits desopilantes: Carrió suele publicar en su cuenta fotos en las que aparece acostada abajo de un auto o comiendo una milanesa a la napolitana.


   -Se me ocurren a mí -aseguró. Y dijo que a veces su amiga Blanca la convence para que NO mande ciertas cosas.


   -¿Y la línea del ridículo...?


   -A mí no me importa -dijo-. A vos te puede preocupar el ridículo.


   -Para nada -le contesté-, ¡la que está expuesta públicamente sos vos!


   -Yo ya perdí los estrógenos... -remató “Lilita”. Y se rió-. Además, tengo una diferencia intelectual tan grande con los demás políticos argentinos...


   Nos despedimos y se iba, pero de pronto se dio vuelta y avisó:


   -Y todavía no llegué a los 60 años: ya voy a hablar más.


miércoles, 13 de marzo de 2013

805. Habemus cambium


El ambiente andaba movidito. Un poco sorprendido, algo nervioso: como cuando el sábado a la mañana temprano te tocan el timbre los testigos de Jehová y vos estabas durmiendo.

El gran Mario García, un experto en repensar medios desde hace más de tres décadas, vino a tocarnos el timbre en La Nueva Provincia y nos estaba despertando y entonces mi celular ardió y me paré y le dije: "Mario, el Papa es argentino", y me fui de la reunión para editar la ENORME noticia en lanueva.com.

Cuando más o menos la euforia se diluyó, puse en Twitter que había tenido "una razón de fuerza mayor periodística" para interrumpir a Mario.

Él me contestó que fue "un gran momento que no hemos de olvidar pronto", y yo le dije que "ni el peor guionista de Hollywood se habría animado a pensar lo que pasó hoy".

Porque, en serio: el tipo estaba sacudiéndonos una modorra atávica, retando a quienes en pleno 2013 todavía pretenden cobijarse con el papel mientras desdeñan lo digital, y justo un teléfono celular (que para los dañinos dinosaurios es un instrumento del demonio -con perdón de Francisco I-) avisaba que el nuevo CEO de dios era un argentino...

Soy agnóstico, pero igual voy a interpretar todo esto que sucedió el 13 de marzo de 2013 como una señal divina.

Porque además en la matutina de la Quiniela nacional salió a la cabeza el 8.235, número de socio de San Lorenzo que tiene el flamante papa Jorge Bergoglio.

Porque en el sorteo nocturno quedó primero el 40, que según los sueños es "El cura".

Y porque esta noche la lotería de la provincia de Buenos Aires cantó el 88, que es "El Papa".

INCREÍBLE. Entreguémonos al cambio, por el amor de Jesús...


(Extra: Mario hizo una narración sobre este día inolvidable en su blog.) 

viernes, 21 de diciembre de 2012

804. Dude, Where's My Pants?


Llegué a Washington unos días antes de que arrancara el programa del Departamento de Estado y el International Center For Journalists mediante el cual me invitaron a cubrir las elecciones presidenciales.

Especialmente mandé temprano para ver al gran John Kelly, columnista del Post y un amigo que me dio aquella experiencia inolvidable que hice en la Universidad de Oxford durante 2007 y 2008.

Y también para agenciarme un buen traje a buen precio.

John me acompañó a recorrer algunos shoppings y malls del DC y alrededores durante... CASI 9 HORAS. Pero finalmente lo conseguí. Sólo había que arreglar un toque el largo del pantalón.

En el mismo local (el Burlington Coat Factory del City Place) había un sastre: era un negro de unos 60 años, grandote, pelado, nacido en Trinidad y Tobago, que se reía demasiado. Según dijo, había estudiado en Parsons, una universidad privada neoyorquina que está entre las más prestigiosas escuelas de arte y diseño del mundo. Me resultó raro que el tipo hubiera terminado laburando en un shopping cualquiera, pero bué, al menos se suponía que mi traje estaba en buenas manos.

Porque además me tiró un precio bastante Parsons para hacer el arreglito pedorro ese: 36 dólares. Ah, y me dijo que iba a estar recién en CUATRO días.

La cuestión es que me fui tranquilo a New York para visitar al crack de Hernán Iglesias Illa, periodista y escritor. Total, al volver iba a tener mi buen traje listo justo para el comienzo del programa.

Al volver no estaba listo:

-Dice el sastre que perdió tu pantalón -me dijo John, que suele ser un tipo MUY gracioso.

-Dale, no me jodas...

-Es en serio.

-Daleeeeeee.

-¡En serio!

Y era en serio, nomás. El fucking sastre trinitense supuestamente educado en la fucking Parsons había perdido mi pantalón. En un país serio estas cosas no pasan.

Lo fuimos a ver, con el enojo y la urgencia del caso. Ahí mismo me hizo probar otro, me lo midió, me lo arregló y me lo llevé.

Al día siguiente me dispuse a compadrear mi buen traje. Todo iba perfecto hasta que en un momento me agaché y sentí el crisssshhhhhh de rigor cuando algo se rompe.

No volví a usar el pantalón hasta que Barack Obama visitó Las Vegas. Un poco por bronca y mucho porque no tenía guita ni tiempo para mandarlo de nuevo a arreglar.

Y así fue cómo el 1º de noviembre de 2012 tuve enfrente al presidente de los Estados Unidos luciendo un agujero en el pantalón de mi buen traje a la altura del culo.

Si no se notó fue porque tomé la precaución protocolar de usar un calzoncillo al tono. Nadie me dijo nada, así que considero que se trató de una operación exitosa.


Con su desopilante estilo, John se ocupó de contar en el Washington Post la primera parte de esta historia: es decir, lo que costó conseguir mi buen traje. De hecho, es él quien calcula que pateamos 9 horitas. Y también dice, el muy atorrante:

"Le tengo la campera a Abel mientras va al probador. Cuando sale, aliso los hombros del saco. Lo veo girar frente al espejo triple. Tiro de la presilla del pantalón para ver cómo le queda de cintura. Somos una pareja bonita haciendo las compras".







(Nota: esta es la segunda vez que salgo en el Post. En 2010 John hizo una columna sobre cómo entré en EE.UU. de la mano de Miss Argentina.)


BONUS TRACK (?): "Dude, Where's My Pants" es un juego pavo y entretenido. Básicamente, tenés que esconderte para que la gente no te vea en calzones... En fin: podés jugar acá, por ejemplo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

797. Jackpot: este pueblo es un juego

(Desde Las Vegas)



El episodio 6 de la cuarta temporada de CSI Las Vegas, una serie sobre los expertos en escenas de crímenes, arranca con la imagen de una caja envuelta en papel madera.
 
En penumbras, el médico forense Al Robbins la abre y ve un tarro parecido a los de pintura de 20 litros. Al destaparlo se encuentra con la cabeza de un hombre.

La detective Catherine Willows entra en el laboratorio y se sorprende. Toma el reporte de la investigación y lee que la cabeza fue enviada desde Jackpot.

-¿Dónde está eso? -pregunta.

Yo te digo, divina: queda a 727 kilómetros de Las Vegas, sobre la ruta 93, al norte del estado de Nevada, en el condado de Elke, casi en el límite con Idaho.

 
En 1959 recibió oficial y originalmente el bautismo: Jackpot, como se le dice al premio mayor que dan las máquinas.
 
O sea: es un pueblito que nació para apostar. Y de eso vive.

La muerte es otra cosa: hay cinco casinos abiertos las 24 horas donde se puede dormir, una estación de servicio, una oficina postal, una escuela, un departamento de bomberos, un almacén, tres iglesias (una católica, una mormona y una bautista), un club de golf e incluso un aeropuerto, pero no hay cementerio.

-Le falta ese símbolo supremo de la existencia civilizada... -dice el periodista David Toll.

Tampoco hay muchas viviendas: cientos de habitantes se acomodan en casillas o casas rodantes, acá llamadas camper, trailer, motorhome o recreational vehicles (RV).

Jackpot se extiende a los costados de la ruta, con callecitas llamadas Dados, Blackjack, As, Hold'em y Ruleta. En verdad se extiende poco, porque las montañas lo aprietan al este y al oeste. El paisaje desértico de altura es salvajemente atractivo; el aire, limpísimo.

Se nota demasiado cuando salís de las salas de juego, donde se puede fumar y te aturde el ruido de las tragamonedas y la música de ambiente, siempre bastante alta.

Uno enfrente del otro, sobreviven los dos casinos que dieron vida al pueblito: el "Horseshu" y el "Cactus Pete's".

Estados Unidos vota 2012

Ahora ambos pertenecen a la empresa Ameristar, también dueña de la estación de servicio, del almacén y de unas cuantas tierras. Ofrece 415 habitaciones y tiene más de 600 empleados, casi todos extranjeros, la mayoría latinos y de ascendencia mexicana.

 
-Hay argentinos, sí -me dice Juan, un recepcionista mexicano-. Creo que son 7 u 8. Hacen tareas de aseo.

Por supuesto, me pongo a rastrearlos: quiero saber cómo es que terminaron en este pueblito insólito del norte de Nevada. Pero es tarde y ya no queda nadie limpiando cuartos.

Podría irme a dormir, porque me desmayo del cansancio tras haber manejado siete horas y pico. Nah: llevo cinco días en estas tierras sin apostar un mísero dólar de los 480 que me autorizó la AFIP para una estadía de un mes en los Estados Unidos. Decido que es tiempo de tirar algo de guita.

Exactamente cinco minutos: ese es el tiempo que tardo en tirar algo de guita. Levanto la vista algo incrédulo, sintiéndome perdedor y muy pavo. Decenas de blancos-anglosajones-protestantes (los WASP), todos mayores de 60 años, les hablan a las tragamonedas, las acarician, les imploran, las insultan, las llenan de dólares. Una vez me acosté más deprimido, pero Enzo Francescoli había anunciado su retiro del fútbol.

Al día siguiente voy directamente a ver a Kris Ann Brown, la jefa de Relaciones Públicas del complejo "Cactus Pete's".

-Hubo un par de argentinos trabajando en nuestra compañía -cuenta- pero ahora no, no hay ninguno.

-Qué raro -le digo-. De "7 u 8" a "ninguno" en menos de 24 horas...

Kris Ann sonríe:

-Lamento no poder ayudarte. Fue un placer conocerte. Que tengas buen viaje.

Y me estoy yendo, nomás, porque se viene otra visita del presidente Barack Obama a Las Vegas. En el estacionamiento me cruzo con dos empleados que juntan hojas y hablan en castellano.

-¿De dónde son?

-Mexicanos, pues -contesta uno de bigote obvio.

-¿Tienen algún compañero argentino?

-Tú eres el reportero, ¿no?

-Sí.

-Pues sí que hay argentinos aquí. -Se le ríe el bigote obvio.- Pero no quieren hablar contigo. Les da vergüenza andar limpiando, pues. Tú sabes.

Estados Unidos vota 2012


De película delirante

El capítulo titulado "Jackpot" de la serie CSI Las Vegas salió en 2004 y no se filmó en el pueblo. Por lo tanto, el único registro con imágenes reales es la película Roadside Prophets (Profetas ruteros).

Dirigida por Abbe Wool, se estrenó en 1992 y se transformó en un producto de culto, sobre todo entre los jóvenes. La historia se le ocurrió en una noche de borrachera al escritor y policía David Swinson, amigo del gran periodista extremo Hunter S. Thompson.

Es un delirio: el músico John Doe sale de trabajar en una fábrica y en el estacionamiento se cruza con un compañero nuevo. Los dos son motoqueros. John usa una Harley Davidson de 1957 que sería la envidia del vicepresidente Amado Boudou. Van a un bar de desnudistas. El compañero nuevo mete una moneda en un videojuego y se muere electrocutado. Antes le había contado a Doe que conocía un lugar mágico: un casino donde están las mujeres más lindas del mundo.

Doe lo crema, pone las cenizas en un tanque de combustible de moto, agarra su Harley y encara la ruta en busca del lugar mágico, cuyo nombre, cree recordar, es "ElDorado". 

En el camino se le suma porque sí un personaje muy bizarro interpretado por Adam Horovitz, cantante y guitarrista de los Beastie Boys. Y por ahí también aparece el actor John Cusack haciendo de un tuerto intenso y al borde de la locura.

Doe y Horovitz encuentran un sitio llamado ElDorado sobre la ruta 93. Pero no hay ningún casino ni estás las mujeres más lindas del mundo: es apenas un lago lamentable.

Lo que sí hay es una casa rodante desvencijada donde está David Carradine, el protagonista de Kung Fu, solo como ídem, luciendo un inexplicable esmóquin, sentado en una silla, tocando la guitarra y drogándose. Se drogan los tres, y en una epifanía Doe recuerda que el motoquero antes de freírse había dicho: "¡Todos tienen suerte en Jackpot!".

Entonces hacía ahí van, ahí llegan, ahí se ponen a jugar a las tragamonedas y pierden hasta las motos.

viernes, 3 de agosto de 2012

783. Minicrónica tuitera (3): "El Sicario Sin Alma"


1) El Sicario Sin Alma se levantó hoy babeando sangre: con ganas de ejecutar. Antes esta sensación le causaba una erección pero ahora qué va.

2) La ausencia de dureza sacó de quicio al Sicario Sin Alma. Y para calmarse un poco, cortó una cabeza como quien se quita la caspa del hombro.

3) A la tarde El Sicario Sin Alma me saludó desde su auto de 150 mil dólares y ahora lo veo morfando en un fancy restaurant. Me provoca asco.

4) Al Sicario Sin Alma no le importa a quién liquidó o si fue justo: deglute los sorrentinos y ríe con un cacho de orégano en el colmillo.

5) Por las noches al Sicario Sin Alma nunca le vuelven sus fiambres: dormiría de corrido si no fuera por esa puta próstata.

6) El Sicario Sin Alma no admite su impotencia; paga cash a chicas que le dan un mimo violento y traga píldoras azules pero igual no satisface.  

7) El Sicario Sin Alma ya tiene la parcelita en un cementerio VIP y firmó un preacuerdo para que quienes hoy lo soportan vayan a su entierro. 

8) El Sicario Sin Alma cree que no hay otra vida y le angustia no tener cómo sobornar a los gusanos que engordarán clavándose su cuerpo fétido.

9) En el fondo, el único consuelo del Sicario Sin Alma es la certeza de que en cierta forma no está solo: hay demasiados Sicarios Sin Alma.  

10) La reputísima madre que te parió, Sicario Sin Alma. Te mando un fuerte abrazo. 



 

viernes, 30 de marzo de 2012

780. Momenticos cubanitos

(Desde Buenos Aires)


Por primera vez en mi vida desde que existe Internet estuve dos semanas desconectado.

Fue revolucionario: nunca tuve acceso en mi teléfono mientras estuve en Cuba. Y apenas se me cruzó la idea de pagar 15 dólares por una hora dije "Juira, ni en pedo", y a cambio elegí echarme en una reposera a tomar piña colada, fumarme un habano y leer Houellebecq. Chupala, esnobismo.

Total, lo único verdaderamente relevante era saber cómo salía River y el hotel tenía GolTV y un frigobar lleno de cervezas Bucanero.

Ese fue uno de los varios toques de felicidad que me regaló la isla en mis vacaciones.

No voy a reseñarlos a continuación por compasión tanto hacia ustedes como hacia mí, que ahora escribo desde esta porteña atorranta y desalmada, y extraño.

Me remitiré apenas a compartir una poca pretenciosa selección de apuntes. Van:


1.
Alguna vez me gustaría escribir una oda a la vida all inclusive, inclusive la panza y la paja que te genera.

Cayo Santa María

2.
Me cansé de oír susurros de disconformidad con el régimen. Pero más me sacudió la amabilidad interesada, muy estudiada, por momentos bastante mopla, de los cubanos que laburan con los turistas. Todo por una propina.

Estos tipos y tipas son, en un sentido, los privilegiados del sistema: en una noche pueden levantar la misma guita que un compatriota recibe al mes del Estado por cualquier otro trabajo. Pero también estos tipos y tipas ven pasar por delante de sus narices un consumo desmedido e inalcanzable. Me pareció una tensión de mierda.

Carlos, el mozo del 5 estrellas en Cayo Santa María, me cuenta demasiado pronto, antes incluso de servir la primera copa de vino, que cobra el equivalente a unos 15 dólares por mes.

-350 pesitos cubanos. Lo divides por 24 y ahí tienes, ¿tú crees? Y soy ingeniero mecánico y tengo 50 años y tres hijos y cómo tú crees que hago para comprarles zapatos... La cuota que nos da el gobierno de frijoles, arroz, aceite, azúcar y demás apenas alcanza para una semana, tú sabes.

Sé que recién llego: la cruda realidad es que me interesa menos el lamento de Carlos que el vino que todavía no me sirve pero, pobre, ¿no?, me digo, qué tristeza, y ya entendí, chico, tomá un dólar y llename la copa de una vez y dejame morfar en paz, la puta que te parió.

-Qué tristeza, Carlos -Le doy un dólar, meneo la cabeza.- ¿Es bueno este vino?

-No mucho pero espérame, amigo.

Se va. Y al toque vuelve y me entrega una botella de un tinto español menos berreta.

-A veces, para sobrevivir, no nos queda otra que robarnos algunas cosas y venderlas afuera. Así funciona. Estoy cansado de pelear tanto para sobrevivir, tú sabes.

-Qué tristeza, Carlos -Le doy otro dólar, meneo la cabeza.- Gracias por todo. ¿Después la seguimos?

-Claro, disfruta la comida, amigo, claro, claro...

Claro que me siento un hijo de puta: un hijo de puta que arranca sus muy ansiadas y necesarias vacaciones luego de viajar 15 horas entre taxi, bondis y avión, y ahora tiene mucho hambre y poca capacidad para la empatía.

3.
La moneda oficial es el peso cubano pero el castrismo creó otra para el turismo: el convertible, denominado CUC.

Un CUC equivale a un dólar, pero si cambiás 100 dólares te dan 87 CUC: hay 13% de castigo por ser guita gringa. Y no te aceptan tarjetas de crédito emitidas por bancos yanquis.

En la grilla de canales tuvieron que transar una CNN, un ESPN, un HBO. Y te los equilibran con TeleSur, tres versiones del CCTV chino, uno ruso y la arrugada estación oficial que fatiga propaganda y ejercicios de funciones trigonométricas: posta, eh.

4.
El reemplazo cubano de la Coca imperialista se llama Tu Kola y tiene un gusto a remedio espantoso. Te mando un fuerte y revolucionario abrazo.

Varadero

5.
Por teléfono, Ediel me ofrece dos inmersiones por 65 CUC. Y yo compro, cómo no.

Me pasan a buscar a las 8 en un bondi Yutong chino, cero kilómetro. Las zonas turísticas están repletas de bondis Yutong. Y en la marina de Las Brujas esperan amarrados catamaranes y otros barcos muy impecables, modernos y equipados: he buceado en distintas partes del mundo y honestamente, no pensé que los cubanos tendrían tanta infraestructura.

Le comento mi observación a Kim, un ingeniero en computación de origen vietnamita que vive en Toronto desde hace 35 años y viene seguido a la isla.

-En los 60 el primer ministro Pierre Trudeau hizo un acuerdo con Fidel Castro: alentaría los viajes de canadienses a Cuba si acá ponían buena calidad de servicios. Por eso venimos tanto; nos cuesta barato (unos mil dólares por una semana, todo incluido), tenemos lo necesario y ¡¡es un paraíso!!

Da ternura ver cómo los cubanos cuidan la infraestructura.

Creo que Ediel viene a verificar la validez de mi carné de buzo pero no:

-Tranquilo, chico, confío en ti. Por eso te pido que no digas nada.

-¿Que no diga nada sobre qué?

-Tú sabes, aquí nosotros vamos a hundirnos en el mar y te vamos a tirar fotos y videos y luego te editamos un DVD con música bonita y tú sabes, shhhhhh, si el gobierno se entera, estamos jodidos...

-No problem. ¿Cuánto vale?

-20 CUC, shhhhhh.

-Dale.

Al final Ediel se va con los principiantes y bajo con Adrián. Primero, 17 metros cerca de Cayo Francés con la compañía dientuda feroz de una barracuda del tamaño de Manu Ginóbili. Posta, eh: hay fotito. En la segunda descendemos 11 metros, recorriendo la barrera coralina por túneles y cuevas.

Si fuera más ordinario, diría que se trató de dos orgasmos submarinos de la puta madre.

-¿Entiendes -me dice Adrián- por qué yo no soy de los que se quieren ir del país? Ni me interesa el régimen, tú sabes, pero cómo no ser feliz aquí.

6.
Así como el nombre de aquel es Ediel y el de este Darién, aquella se llama Yoanisleidi y la de más allá, Onelys.

También tenés un Ociel y un Yusisley y una Danayasi y una Rubiseida.

-Pegame y llamame como se te canten las pelotas.

La Habana

7.
Ay, comandante, si estuviera tu querida presencia y vieras a semejante cantidad de boludos consumiendo tu jeta en la remera, tu Partagás, tu boina con la estrellita roja, ay, seguro les meterías juicio revolucionario sumarísimo y los cagarías fusilando vos mismo, Che, como hiciste tantas veces.

8.
El bondi que va a Varadero se vara a mitad de camino porque casi todos tenemos que hacer pis.

El chofer nos lleva a una casa presidida por un cartel: "Baño, $ 1".

Hacemos la fila en un patio desde cuyo fondo nos mira un viejo tembloroso apoyado en un bastón; parece concentrado en un punto específico del horizonte, o tal vez sea ciego. Una mujer más nerviosa que el 98,6% de los cubanos se dedica a limpiar las dos letrinas disponibles y a cobrar el servicio: cada usuario paga un CUC.

-En realidad la tarifa es un peso cubano, ¿no? -le digo casi en el oído: no quiero joderle el negocio. Es domingo. Me mira con cara de shhhhhhh.

-Claro, chico. Jamás hubiera esperado esto -En un día normal debería recaudar unos 25 pesos y se está llevando alrededor de 600 en un ratito-. Esto es una bendición.

Literalmente, con perdón: lluvia dorada.

9.
El baño de este bungalow está extrañamente dividido en dos: por un lado, la bañera y la bacha y por el otro, separado con una puerta transparente, el inodoro... al aire libre, con un techito de vidrio y sin bidé.

Literalmente, con perdón: cagás mirando las estrellas.

También hay un cantero con plantas y muy cerca de mi ojota derecha descubro un alacrán. Lo mato y de pronto aparecen para devorarse el cadáver decenas de hormigas coloradas del tamaño de Manu Ginóbili. Posta, eh: aunque no hay fotito.

-No son animales peligrosos... -me dice una recepcionista del hotel que puede llamarse Yoanisleidi o Rubiseida-. ¡Estamos en un país tropical, qué tú quieres!

-No morirme en este paraíso, nomás. Aunque ahora que lo pienso no estaría tan mal.

10.
Porque leí con los pies sepultados en la arena harina, tomé y morfé para envidia del 98,6% de los cubanos, buceé en los corales con una barracuda, toqué delfines, navegué en catamarán sin motor, anduve en kayak y en motito y en cocotaxi y en bondi chino Yutong y en bici de agua y en patas por mil recovecos de La Habana y playas gloriosas, fumé habanos riquísimos, clavé mojitos en La Bodeguita del Medio, daiquiris en el Floridita, piñas coladas en el Hotel Nacional, cervezas en la Plaza Vieja, vinos españoles berretas por todos lados, y descansé y disfruté amorosamente: no estaría tan mal porque tuve tantísimos toques de felicidad, gracias a vos.

Cayo Blanco

martes, 13 de diciembre de 2011

777. Treinta y siete

(Desde Marrakech)


Este lugar es un quilombo maravilloso. Con decirte que me bajé del avión y empecé a caminar los 5 kilómetros que me separaban del hotel, para conocer un poco, y en menos de media hora me ofrecieron merca, andar en camello e incluso una pibita de 13 años: con decirte esto, digo, no alcanza.


Agrego: ves gente que pasea monos, te manguean hasta las plantas, por altoparlantes suenan los rezos musulmanes, la mayoría de las minas anda más tapada que las pelotudas de las publicidades de Activia, las calles casi no tienen nombre visible y si lo tienen está en árabe, con mi oxidado francés del secundario apenas me comunico y así, de pronto, me descubrí en un tugurio de alfombras mugrientas, rodeado de tres túnicas barbudas que me gritaban cosas irreproducibles y a las que recién logré calmar con un billete de 10 dirhams.


Igual, no alcanza.


Hoy al mediodía aparecí por la plaza Jemaa El Fna, un espacio público desbordado e histérico desde donde parten los famosos zocos, esos puestitos de venta que forman un mercado de pulgas que te ronchea de olores, colores, sabores; una meca del regateo que te ofrece desde una lámpara marroquí hasta una chomba Lacoste made in La Salada pasando por merca, andar en camello e incluso una pibita de 13 años.


Pues quería pasar mi cumpleaños 37 solo y en un lugar que fuera un quilombo maravilloso y acá estoy.

jueves, 29 de septiembre de 2011

773. Minicrónica tuitera (1): "River en Montevideo 1995"

1) En 1995 viajé a Uruguay para ver a River contra Peñarol en el Centenario de Montevideo, por la Libertadores. Fui solo. Tenía 20 años.

2) El tipo de Migraciones no me dejaba salir del país. El ferry se iba. "¿No hay manera de arreglarlo?", le dije. Y hubo: $ 20 de cometa.

3) Éramos una banda, y cantamos todo el viaje hasta Colonia. Tres horitas para cruzar el río. Después nos tomamos un bondi a Montevideo.

4) Conocí a un par de pibes, que antes del partido me sacaron una foto al lado de mi trapo colgado del Centenario: "Abel, Bahía Blanca".

5) El estadio estaba repleto y había más o menos 0,63 termo por cada uruguayo. Terminó 1-1. El gol de River lo hizo el enorme Francescoli.

6) A la salida, Los Borrachos del Tablón se afanaron unas cuantas banderas de Peñarol. La barrabrava "manya" se enteró y nos fue a buscar.

7) Íbamos en el micro a Colonia para tomar el ferry y de pronto se cruzaron en la ruta 2 autos. Se bajaron unos tipos y nos cagaron a tiros.

8) Fueron unos minutos de un pánico tremendo. Todos en el piso; sonaban las balas, estallaban los vidrios... Hasta que cayó la policía.

9) Con escolta y muy alterados, llegamos a Colonia y tomamos el ferry de vuelta. En Buenos Aires, la madrugada nos recibió con más balazos.

10) Eran hinchas de Independiente, que jugaba esa noche en Uruguay contra Cerro. No los habían dejado viajar y se desquitaban con nosotros.

11) Prefectura cortó el quilombo, y por fin terminó la pesadilla. Esa misma noche me tomé el bondi a Bahía: aturdido, pero sin un rasguño.

12) Hoy recibí un correo. Asunto: "River en Montevideo 1995". No ubiqué al remitente: "Soy aquel que conociste cuando nos cagaron a tiros".

13) Era "Beto", uno de los pibes que me sacaron la foto aquella vez. Habíamos perdido contacto; me googleó y encontró después de ¡16 años!

14) "Beto" está de paso por Bahía. Y se acordó de mí, andá a saber por qué. En un rato, cuando estemos tomando cerveza, le voy a preguntar.


miércoles, 31 de agosto de 2011

772. Entrarle a ella


Dice mi amigo:

-Este es el salón preferido de La Señora.

Lo dice de una forma tal que resulta imperioso escribir La Señora con mayúsculas iniciales.

-¿La Señora, decís?

-Sí. La Señora. Así le gusta que le digan y así le dicen, acá.

"Acá" es la Casa Rosada.


Siempre me resultó fascinante, ella.

Ojo: me refiero a la Casa Rosada, no a la presidenta.

Cuando la vi por primera vez, con ojos de pibe del Interior, me pareció feíto su color: era de nena, y adentro había un hombre que manejaba el país. Por entonces a nadie se le cruzaba la posibilidad de La Señora.

Hace 10 años -ya de grande, de periodista y de vecino porteño- pensé que mientras cursaba la maestría sería interesante acreditarme por el diario y reportar desde ahí dentro. Arranqué el trámite pero se cortó abruptamente a fines de ese año. También una sensación de futuro se cortó por esa época.

Y así fue como me perdí aquel helicóptero despegando desde el techo. El 19 y 20 de diciembre de 2001, desde la otra punta de la Plaza de Mayo, apenas se adivinaba la Casa Rosada detrás del humo y el miedo.


Pero eso pasó hace una década (que a veces se siente como un siglo) y ahí la tenés a ella, erguidita pese a todo, bastante maquillada y arreglada, muy atractiva. Dan ganas de entrarle.

Ojo: me refiero a la Casa Rosada, no a la presidenta.

Y como tengo un amigo que trabaja ahí, el otro día aproveché y le entré. Estas son algunas de las cositas que vi:

[La vista de la plaza desde el balcón 
de los imberbes y el festejo mundial.]


[El "patio de las palmeras".]


 [El Salón Blanco.]


[Dos granaderos que parecían
alfiles en un tablero deforme.]


 [El cuadro de César Milstein, 
Premio Nobel y #OrgulloBahiense.]



martes, 17 de mayo de 2011

766. Me acupunturé


Siempre desconfié de cosas que no fueran científicas, racionales, comprobables. Como la religión. O el periodismo, ponele.

Pero también soy periodista porque siempre desconfié. Así, en general: soy básicamente un desconfiado. Me desborda la curiosidad y averiguo para tratar de contenerla.

La llamada medicina alternativa es otro ejemplo de esas cosas en las que siempre desconfié.

Un día estaba en Formosa y una colla vendía tés supuestamente curativos, en bolsitas con etiquetas tipo "Contra el dolor de cabeza" o "Contra las hemorroides".

-¿Y para combatir la histeria no tenés nada? -le pregunté. No quise hacerme el vivo: estaba pensando en joder un poco a una novia que tenía entonces.

La colla dijo que sí y me dio una bolsita de lucera que me costó, creo, cinco pesos. Al volver a Bahía se la regalé a mi chica. Y aunque le saqué la etiqueta, ella se hizo el té, lo probó y me mandó a la puta que me parió. Una injusticia.


El otro día en lo de mi kinesióloga (a la que acudo porque mi cuerpo de 36 años queda virtualmente destrozado por el squash) vi un cartelito que decía "Acupuntura".

-¿Puedo ver qué onda? -le dije.

-Dale.

Y de repente este mediodía me encontré acostado en una camilla, boca abajo, semidesnudo y con tres agujas de más de un centímetro clavadas en distintas partes de la pierna derecha.

-Son puntos maestros para combatir el dolor liberando exceso de energía. Porque se nota que sos bien yang: bien activo -dijo mi kinesióloga.

Se me ocurrieron varios chistes malísimos, pero sobre todo sentí que me desangraba.

-Cero sangre, eh -me dijo-. No se toca ningún vaso.

-OK, dejo de mariconear. Escuchame una cosa: ¿por qué, teniendo un diplomón de la Universidad de Buenos Aires que acredita tu condición de licenciada en kinesiología, te volcaste a estas artes oscuras?

-Pará: es un tratamiento alternativo chino, milenario. Cuando lo que aprendí en la facultad no funcionaba, me pregunté qué había más allá de lo convencional. Descubrí la acupuntura por una bailarina del ballet. Y me puse a estudiar.

-¿Y funciona?

-Funciona. En muchos casos.

-¿Y entonces por qué no se usa más?

-Por una barrera cultural. Nos hace falta abrir el campo de visión.










Finalmente me di cuenta de que seguía vivo cuando mi kinesióloga empezó a trabajarme la espalda: en el infierno no puede haber masajes así.

miércoles, 6 de abril de 2011

763. ¡Eu, tánatos!


Hoy me enteré de una historia durísima y triste que me hizo pensar en algo que pienso desde hace bastante.

Resulta que en 2005 un tipo chocó con el auto en la ruta, cuando volvía a Bahía luego de trabajar en el sur. Fue el único sobreviviente. Al menos técnicamente: quedó en estado vegetativo, irrecuperable. Desde entonces sólo pestañea. Tuvieron que hacerle una traqueotomía para facilitarle la respiración. Se alimenta por una sonda. No siente nada.

Ahora tiene 40 años y lleva cinco en un geriátrico, atendido las 24 horas por un equipo médico de unos 12 profesionales entre doctores, enfermeros, kinesiólogos, terapistas.

Semejante despliegue cuesta unas 50 lucas por mes. Como el tipo laburaba en una multinacional, la ART paga religiosamente para "evitar problemas" con un cliente poderoso. El de la guita sería un dato menor, creo, si no fuera porque miles de personas que sí tienen esperanzas científicas reales de recuperación no pueden acceder a coberturas adecuadas.
 
Su padre -me cuentan- va a verlo todos los días, y dice que espera algo que no existe: un milagro. En cambio, su mujer ya no aparece tan seguido. Me dicen que es muy bonita. Se habían casado un par de meses antes del accidente.

-¿Y a nadie le parece al pedo tanto esfuerzo, tanto sufrimiento? -le pregunté a quien me hizo el relato.

-A casi todos. Pero es laburo.

-¿Y la familia qué dice?

-Son hipercatólicos. La mujer es hija de militar... Qué sé yo: les parece bien sostenerlo con vida. Y como ninguno paga el tratamiento...

-Pero eso es muerte en vida... Un espanto.


Como dije al principio, esta historia durísima y triste me hizo pensar en algo que pienso desde hace bastante: por eso, al tuitear sobre el caso hoy, incluí la etiqueta #EutanasiaYa.

De algo sirvieron aquellas clases de griego: eu + tánatos = "muerte buena". Pero en la Argentina no es legal la eutanasia. Así estés irreversiblemente hecho mierda, suficientemente consciente y dolorosamente desesperado, no podés: no tenés derecho a morir con dignidad. Estás obligado a sufrir y hacer sufrir hasta que la naturaleza defina por vos. Estás obligado a una muerte mala.

Bueno, casi: yo ya arreglé con mis amigos. Tengo un fondo ad hoc en dólares. Si algo jodido me pasa y termino como vegetal irrecuperable, ellos saben qué tienen que hacer para eventualmente gambetear la muerte mala, la ley, la moralina, la bioética, la Iglesia Católica y la puta madre que los parió.

miércoles, 23 de marzo de 2011

761. Brasileada y venezuelada


Llevo menos de 24 horas en la ciudad después de unas vacaciones maravillosas entre Brasil y Venezuela, pero ya me abandonó parte de las energías que acumulé.

Todo bien, eh: siempre que vuelvo a laburar me pasa.

En fin. Van algunos apuntes de cada experiencia y prometo fotos en la próxima:


1)
El crucero por el nordeste brasileño es lujo asequible para la clase media.

La tarifa que pagás (en mi caso, 630 dólares por una semana) incluye los servicios básicos y el morfi. Para todo lo demás existe una peligrosa tarjetita que recibís antes de abordar, con la que vas consumiendo sin registro y entonces el último día te dan la factura y también te dan ganas de lanzarte a los tiburones.

Igual, ningún precio es exorbitante. Tres dólares una cerveza, dos una gaseosa, veintipico un buen vino, 11 la sesión de spa.

En el barco MSC Música hay un teatro para unas 1.000 personas, piscinas, hidromasaje, sauna, negocios duty free, casino, música en vivo, clases de baile, gimnasio, club de cigarros, baño turco, tenis en el puente 16, juegos para chicos, internet a cinco dólares los diez minutos, GSM propio on waves, discoteca, bares por todos lados. Y comida: la comida es omnipresente, abundante, tentadora.

Los camarotes son espaciosos, limpios y cómodos. Tienen caja fuerte, regulador de temperatura, frigobar, plasma con un puñado de canales convencionales (la RAI, TVE, Universal, O Globo) y TV interactiva que te permite desde reservar una excursión hasta comprar películas.

Ay, cómo empalaga la alegría brasileña. Mamita... Toooooodo el puto día gritando, bailando, cantando. Es inhumano.

Resulta bastante impresionante cuando el edificio flotante llega a un puerto. Sentís que los lugareños se desviven por el turista y sentís cuánto nos falta de eso acá.

Salvador: historia, cultura y playa. Maceió: escuna, cerveza y playa. Ilheus: cerveza, cerveza y playa.

Veo al menos tres negritos de alquiler. Lo sé porque averiguo y me cuentan. Los muchachos tienen menos de 30 años y ni siquiera lo hacen por plata, sino para disfrutar de servicios inéditos en sus vidas a cambio de acompañar a señoras mayores de 60: se dejan acariciar más o menos, les danzan, les reclaman caipirinhas, incluso se las curten. Yo los vi sonreír sólo entre ellos.


2)
En el aeropuerto internacional de Caracas da la bienvenida el colorido márketing revolucionario. "Vivir en socialismo", dicen los carteles. Por ejemplo, ese que muestra a tres obreros alzando el puño izquierdo, aparentemente felices y en una fábrica recuperada por el bolivariano régimen de Hugo Chávez. El fondo es, por supuesto, rojo.

Ni se te ocurra recurrir a una casa de cambio oficial. El estricto control del gobierno autoriza la compra de sólo 3.000 dólares por año, te piden hasta el ADN y encima te entregan 4,3 bolívares por dólar y te cobran el 7,5% de comisión. Por eso florecen los ubicuos e insoportables arbolitos, que dan hasta 9 bolívares por dólar.

"A la orden", te dicen los venezolanos permanentemente. Y te tratan de usted. Por momentos lucen más sumisos que educados; más incompetentes que desdeñosos.

En Isla de Margarita observo casas multicolores, paredones repletos de consignas y rostros revolucionarios (poco Guevara, mucho Bolívar, demasiado Chávez), chozas de cartón y chapas, basura desparramada: es, pienso, un Caribe clase B con playas bellísimas de agua transparente rodeadas de montañas verdosas pero con arena marroncita, algunas algas, vasitos de plástico y botellas rotas.

Ah, la vida all inclusive. Dame más. Plis.

Por fin me llega la temporada de esnórquel. Las islas Cubagua -donde hasta meto fangoterapia, imaginate-, Los Frailes y Coche me prestan sus paraísos por un rato. Mi reconocimiento a ellas.

"Vivir en socialismo" también incluye genuino orgullo y palpable hartazgo; cortes de agua y de luz, cloacas ausentes; cercas electrificadas, militares en las calles. Y seguridad privada donde hay turistas.

No sé si me jodió más la abundancia de argentinos extremadamente grasas o la insoportable bosta musical latina. Pero cada vez que un argentino grasa come sandía y tira la cáscara al mar, un japonesito nace con tres ojos. Y cada vez que un latino insoportable usa el verbo menear en una canción, Jim Morrison resucita y vuelve a morirse: del asco.