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lunes, 5 de julio de 2010

689. Oxford calling to the underworld


L
lega mensaje algo reconfortante desde Oxford:

¡Qué mierda, viejo! Después de ver Argentina-Alemania sentí la obligación de someterme a una sesión de diez horas de escabio: vino y y después cerveza y después más cerveza. Fue la única manera de ahogar la pena. Ahora tengo que hinchar por España (contra mi mejor juicio) para que le dé una buena paliza a Alemania. La puta madre. A esta altura creo que voy a ponerme mi vieja camiseta de Irlanda y me cargo yo solito a todo el puto equipo alemán.


Lo envió Christopher Irons, escritor (mitad irlandés, mitad inglés) y amigo de la casa.


En cambio Katie, 100% inglesa con todo lo que eso significa, apenas terminó el partido del sábado me mandó el siguiente SMS:

Lamento tu derrota. Mis pensamientos están con vos en este momento triste. El sueño de la copa del mundo descansa en paz.


Supongo que habrá sido una reacción que ella venía tramando con su fina y asquerosa ironía desde que Inglaterra quedó eliminada. Porque ese día yo le dije:

No lo disfruto para nada. Ustedes merecieron algo mejor. ¡Estuvieron taaaaan cerca! Sólo perdieron 4-1... Debe apestar ser inglés hoy.


De todas maneras, le dije que quería creer en la sinceridad de sus condolencias. Porque la caída había sido muy dura y yo estaba sensible: que tuviera compasión, le dije. Pero tendría que haberla mandado a la putísima madre que la parió.

jueves, 11 de marzo de 2010

639. Aquel homenaje en Oxford a la carne patria y Afganistán a la parrilla: aguante el Sargento Asado


T
odavía tengo la imagen grabada: nochecita de Oxford en la terraza del Instituto Reuters; mi amigo Juan -alias John Kelly, columnista del Washington Post- lucía un saco Armani con demasiados colores mientras morfaba a lo cavernícola un cacho de vaca argentina y decía hmmmmmmmmmm, mucho gusto.

Fue la despedida, allá por mayo de 2008. Y para agasajar a tanta gente linda que conocí (los Kelly, Katie, my friend Yao, Chris, etcétera) se me ocurrió hacer un asado, la única comida que me sale y la que más me gusta.

Pensaba que el principal problema sería conseguir buena carne. Nico y Henry me pasaron el dato salvador: en el mercado Smithfield de Londres vendían cortes criollos.

En ese lugar se comercia desde hace como mil años y ahí, por ejemplo, fue donde liquidaron al revolucionario escocés William Wallace, AKA Corazón Valiente.

Son cuatro hectáreas con edificios repletos de puestos que ofrecen cadáveres de patos, vacas, chanchos, pollos, cabras, corderos, gansos, venados, pavos... La danza de la carne muerta, una delicia con aportes autóctonos de distintas partes del mundo.

¡Cómo no iban a tener un buen pedazo de ternera patria!

[Foto: James Davey.]

-Tengo uruguaya.

-No es lo mismo, Peter. ¿Vos sos galés?

-No, soy inglés.

-Y no es lo mismo ser galés que ser inglés, ¿no, Peter?

-Ciertamente no.

-Entonces, Peter, ni me hables de carne uruguaya: no seas galés.

En los puestos donde solían vender carne argentina ya no había... ¡¡por el conflicto del gobierno con el campo!! Será posible, la puta madre.

Mirá que recorrí, eh.

Y costó, aunque al final encontré alguito: un bife angosto nacional envasado al vacío y obviamente sin hueso. Alrededor de cuatro kilos en oferta a 80 libras, o sea... unos 500 pesos. Y, costó. Será posible, la puta madre.

Pero bueno. Había que hacer el esfuerzo.


Pará, pará -dije, espantado-. ¿Ustedes en Inglaterra le llaman parrilla a eso?

Era poco más que un trozo de lata redondeada con unos alambres. Eso sí: verde y con rueditas.

"OK, me la banco." Y manos a la obra sagrada.

Había unas bolsas de carbón con pastillitas de alcohol para encender.

Piiiiiff...

Piiiiiiff...

Las pastillitas no funcionaban.

"OK, me la banco."

Maderitas. Busquemos maderitas. O ramitas.

Y las maderitas y las ramitas -oh sorpresa: this is fucking England- estaban húmedas y así no había fuego que arrancara.

Y todos opinaban y salía un humo espeso y el chino me daba indicaciones férreas y eso no se le hace a un asador argentino y yo quería patear la parrilla y sobre todo al chino.

Pero salió. ¡Y cómo! Si no me creen, pregúntenle a John. O a su saco Armani.


"Estoy haciendo una columna sobre un soldado norteamericano en Afganistán que hizo de todo para hacer... un asado", me contó John el otro día. "Una vez visitó Argentina y ahora es su comida favorita."

Lo apodó Sargento Asado porque "no siempre el Ejército tiene sentido del humor para estos asuntos".

Y relató que el Sargento Asado encaró el desafío en plena zona de guerra, y que consiguió que una empresa de Michigan le mandara partes de parrillas, y que mientras la carne se cocinaba a pocos metros caían unas bombas. "Pero estamos acostumbrados -dijo el Sargento Asado-, no fue gran cosa." Qué crack.
[Foto: Washington Post/cortesía de Ben Eisendrath,
el presidente de la compañía Grillworks Inc. fundada
por su padre, un ex periodista de la revista Time.]

sábado, 20 de junio de 2009

522. Libro cruzado


Z
oë caminaba por la calle Bevington de Oxford y se metió en una cabina de teléfonos para de hecho hablar por teléfono y no para sacarse una foto o hacer pis o prenderse un pucho.

Porque la verdad es que casi nadie en Inglaterra usa las famosas cabinas rojas, ya. No tiene sentido: es más barato y más cómodo hablar por el celular, y todo el mundo tiene celular. Las famosas cabinas rojas son una especie en extinción, digámoslo. Cuando visité Cambridge en marzo de 2008 saqué esta foto:

La vi como un símbolo: las famosas cabinas rojas como ataúdes en hilera.

Pero estábamos con Zoë dentro del ataúd. Zoë va a llamar por teléfono pero algo la frena.

Es un libro.

"Ups, alguien se lo olvidó. Qué pena", piensa Zoë, mientras toma el libro y mira alrededor, a ver si el dueño todavía anda por ahí. No hay nadie, pero.

"Ups."

Recién ahora Zoë lee de qué libro se trata: es The Penguin Complete Novels of George Orwell. En la tapa, blanda, un hombre de sombrero prende una farola del alumbrado público. 11,99 libras. 925 páginas.

Zoë toma el libro con las dos manos: la izquierda sobre la tapa, la derecha sobre la contratapa. Sándwich de Orwell. Si no estuviera el libro en el medio se diría que Zoë está en posición de rezo. Zoë apoya el dedo gordo de la mano derecha en la tapa, haciendo un poco de presión, y después lo hace correr y pasa las páginas hasta el final. Hace ruido a viento y a Zoë le llega el olor a tinta.

Ahora abre el libro como se debe, Zoë.

En la primera página está la biografía de Orwell. Se llamaba Eric Arthur Blair, Orwell. Y nació en la India. Fue policía, Orwell. Y pobre. Luchó con los republicanos españoles, Orwell. Y en la Segunda Guerra Mundial.

Pero hay algo raro ahí. El papel es finito y se ve algo escrito a mano del otro lado.

Zoë da vuelta la página y lee:
Hola, querido lector:

Sólo unas líneas rápidas para decirte que registré este libro en bookcrossing.com, así puedo seguir su destino, dónde va, quién lo lee y qué piensa de él. Por favor visitá bookcrossing.com/719-5857062 y dejá un comentario; después pasale el libro a otra persona, quien lo va a agradecer. Todos podemos seguir la ruta de este libro y las vidas que toca para siempre.

Gracias.


No había firma.

"Ajá. Interesante."


Zoë ya había leído Orwell.

-¿Vos lo leíste? -me preguntó una noche en la que Katie cocinaba una de sus ricas pastas y tomábamos un aceptable Cabernet Sauvignon mendocino de 2,99 libras.

-Sí, algo –le dije—. Leí 1984. También Rebelión en la granja y... ¿cómo se llamaba? Eh... Los días en Birmania, ese. En castellano.

-¿Querés leerlo en inglés? Tomá. Es tuyo. Pero tenés la responsabilidad de seguirlo, eh.


Ya está, Zoë. Lo hice.

Entré en bookcrossing.com y conté que lo tengo acá en la Argentina.

En bookcrossing.com hay unos cinco millones y medio de libros registrados y casi 800.000 usuarios de más de 130 países.

Me pareció una especie de milagro cultural: una iniciativa bellísima, incluso esperanzadora.

Y las historias (como esta) que debe haber detrás...

miércoles, 11 de junio de 2008

328. Mi amigo Juan


"
Creo que mi nueva frase favorita es esa: Payaso hijo de mil putas. Google la traduce como Clown son of a thousand whores. Me gusta cómo suena."

Eso me acaba de decir mi amigo Juan, alias John Kelly, a print journalist from The Washington Post, un gran tipo, MUY divertido pero más talentoso, una pluma del carajo con quien tuve el placer de compartir mis meses en Oxford.

John terminó su paper final y está a punto de abandonar el ensueño inglés para regresar a la capital norteamericana, a laburar de nuevo en el Post.

Hasta que eso suceda, seguirá escribiendo en su imperdible blog Voxford, donde, entre muchísimos textos altamente recomendables, hay uno reciente sobre la visita que hizo -sospecho que mi insistencia tuvo algo que ver- junto con Su Adorable Esposa, Ruth, a Hook Norton Brewery Company Limited, la cervecera que creó ese elixir glorioso llamado Old Hooky.


Juan, querido, espero que nos volvamos a cruzar pronto: allá o acá, da lo mismo. Prometo regalarte un póster a todo color del payaso hijo de mil putas.

sábado, 10 de mayo de 2008

309. El Otro Yo / Volver

(Desde Londres)

[Escribo esto un rato antes
de tomar el tren a Heathrow,
desde el departamento de Nico y Sophie.
Chicos: el departamento es hermoso,
pero sin ustedes el pobre pasa frío...
aunque esté repleto de juguetes de Lucas.
Gracias por todo. Los voy a extrañar.]

Demetrio le dice a Helena:

-¿Acaso te incito? ¿Acaso te adulo? Más bien, ¿no te digo con toda franqueza que ni te quiero ni podré quererte?

-Y yo te quiero más por decir eso -responde Helena-. Soy tu perrita: Demetrio, cuanto más me pegues, yo seré más zalamera. Tratame como tal: dame golpes, patadas; desatendeme, abandoname, pero, indigna como soy, dejame que te siga. ¿Qué peor lugar tendría yo en tu afecto (aun siendo para mí un puesto de honor) que ser tratada como vos tratás a un perro?

Miramos con Andrés esa escena de la obra Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, interpretada por la Royal Shakespeare Company, en el teatro Courtyard de Stratford-upon-Avon, con un vaso de exquisita ale en la mano: así fue la última noche de la exuberante experiencia europea.


Me preguntaba hace un par de días si era otro después de esta experiencia. "¿Soy otro?", me preguntaba, en serio. Juro que no sonaba taaaan estúpido.

No: soy el mismo.

No soy el mismo.

No sé.

Sí sé que vine a buscar unas respuestas y alguna encontré y sin embargo me llevo toneladas de nuevas preguntas. Siempre me pasa.

Acá tengo un certificado de la Universidad de Oxford muy lindo (el escudo es muy lindo: me encanta el libro abierto donde se ruega divina iluminación); me gustaría creer que soy mejor periodista del que era, algo que no debería ser demasiado complicado.


El Otro Yo me avisa que sucumbí ante el cliché, que quiero parecer inteligente y me paso de pelotudo, que en realidad después de casi ocho meses echo de menos a mi gente y necesito volver y que a la vez podría quedarme sin tanta historia; El Otro Yo me dice que no me engañe porque no da.

Y El Otro Yo tiene razón. En todo.

viernes, 4 de abril de 2008

287. Lustro

(Desde Londres)


Hace cinco años...
... me entregaban el título de la Maestría en Periodismo.

Y hoy terminé ¡por fin! el paper final para el Reuters Institute de la Universidad de Oxford. Se lo acabo de mandar a mi tutor.

(No tienen tanto que ver un aleteo y el otro, pero liquido los dos pájaros de un posteo.)


El trabajo se titula como la presentación que hice hace 20 días: Fight For Your Life (Newspapers and Digital Storytelling). O "Peleá por tu vida: los diarios y la narrativa digital".

Tiene una introducción, tres partes, un apéndice, los reconocimientos y la bibliografía. Total: unas 9.000 palabras.

La primera parte ofrece un panorama sobre la narrativa digital recortada a los especiales multimedia, e incluye documentos, artículos, ensayos y voces de varios expertos.

La segunda enfoca los cambios que Internet ha producido, produce y producirá en la profesión, en términos de nuevas habilidades, y exigencias.

La tercera se concentra en la disección de dos casos, ambos sobre el 25° aniversario de la guerra de Malvinas: uno del Guardian inglés y el otro de Clarín.

El apéndice cuenta la historia de "La Señora Futuro": una periodista que hace 15 años empezó a comprender qué significaba la era digital para los diarios, un año más tarde predijo escenarios que ahora están acá para quedarse y en 2003 se hartó y largó todo para laburar con organizaciones filantrópicas.


Sólo me queda esperar la devolución, pulirlo un poco y yatá.

Ah, qué tranquilo me voy a rajar mañana a Belfast...

martes, 1 de abril de 2008

284. Aguante Moyano

(Desde Oxford)


Resulta que salgo a dar una vuelta para que el aire fresco colabore con la sinapsis así mis dos neuronas achicharradas se transforman en cuatro o cinco verborrágicas que me ayuden a escupir palabras decentes.

Prendo un pucho, camino. Está lleno de nubes como casi siempre, pero me encanta colgar mirándolas correr.

Y es una injusticia celestial levantar la vista y encontrar esta mancha:

[St. Edward's School, Woodstock Road.
Exclusiva para chicos de 13 a 18 años.]

Ahora, vos decime, ¿no? ¿Hay alguna necesidad de que un colegio de Oxford tenga TAN feo gusto para elegir sus colores? ¿Será para compensar un poco?

Probablemente la respuesta resida en el hecho de que estas islas son el reino unido del revés: así como acá se maneja por la izquierda con el volante a la derecha, del mismo modo las escuelas son bosteras y los camiones, gloriosamente gallinas...

domingo, 30 de marzo de 2008

283. La cerveza me transformó en un barrabrava acuático

(Desde Oxford)


Puta, es mi último fin de semana en Oxford. El que viene me voy a Belfast, y después tengo que volver acá para defender el paper final pero será algún día de lunes a viernes.

Al menos lo hice rendir: para bajar la quemazón de cabeza decidí inyectarle alta dosis de inconciencia y visité la maltería donde hacen la más rica cerveza, la que me conquistó, la Old Hooky (o "Viejos novillos").

La empresa se llama Hook Norton Brewery Company Limited. La fundó en 1849 un tal John Harris y es una de las pocas que sigue en manos familiares: actualmente la dirige el tataranieto, un tipo alto y con espeluznante voz de pito. Además, es la única del Reino Unido que todavía produce con una máquina a vapor y su edificio con la torre victoriana representa una joyita arquitectónica.

Queda en el condado de Oxfordshire, a sólo 50 kilómetros al norte de Oxford. Sin embargo, para llegar tuve que tomarme un bondi de una hora a Chipping Norton y ahí esperar bajo la lluvia otro de 20 minutos.

[Dato E! Entertainment: en Chipping Norton nació el actor Wentworth Miller, AKA Michael Scofield en la serie Prison Break.]


Lo bueno de Hook Norton es que se trata de un pueblito típico inglés de unos 2.000 habitantes sin demasiada contaminación moderna, con una iglesia anglicana preciosa (la St. Peter's: adentro, una viejita que regaba las plantas me preguntó si yo era el que se casaba el próximo martes...)


y un pub de campo donde te suministran habitación, cervezas regionales, los diarios, hogar a leña y un plato de jamón, huevo revuelto y papas fritas SU-PRE-MO.


Lo genial de Hook Norton -está claro, ¿no?- es la cervecera. Y el museo que tiene, sí. Y el negocio, sí. (Me agencié 12 botellitas y un par de remeras.) Y la barra donde te sirven muestras gratis de las distintas variedades, sí, ¡sí!



Me mareé de tantas vueltas que dio el micro para regresar a Chipping Norton y tuve que parar a descansar. Entonces me fui a un pub.

Daban Manchester United-Aston Villa, pero justo me acordé de que ayer se producía uno de los acontecimientos deportivos más importantes de cada año en Inglaterra desde 1829: la carrera de botes entre las universidades de Oxford y Cambridge (The Boat Race). O sea, una de las formas del River-Boca académico. Hasta ayer, el historial estaba 79 a 73 a favor de The Other Place.

Dicen que unas 250.000 personas siguen el desarrollo desde las márgenes del Támesis y alrededor de nueve millones desde la tele.

El recorrido es río arriba por casi siete kilómetros. Ocho remeros musculosos y un timonel peso pluma por cada lado (todos estudiantes) se preparan meses y meses para mojarles la oreja a Los Otros en esos 20 minutos, más o menos, donde se juega el orgullo infinito.

Qué sé yo, me pareció interesante ahora que estoy acá. Y me prendí al grito de Come on, Oxford! como un gil; como una cheerleader... Pero ganamos, fácil: te la dimos, Cambridge, puto, y encima después te afanamos los trapos y corriste porque sos cagón.

viernes, 28 de marzo de 2008

282. Estar de la cabeza

(Desde Oxford)


Estoy...

Estoy encerrado.

Y entre las 10.000 palabras del paper final (las muy cómodas se resisten a abandonar la calidez inerte de mi cerebro: tengo apenas -a duras penas- un 20% y me queda una semana para la entrega) y lo que pasa en el país, ese déjà vu desagradable, un espectáculo ridículo que huele pálculo, estoy...


... que me agarro la cabeza, mirá.



[El coso de la foto es una de las piezas que se exhiben
en la "sala de los tesoros" -sic- del Ashmolean de Oxford,
el primer museo universitario del mundo:
abrió sus puertas en 1683.]


martes, 25 de marzo de 2008

279. De raíces comunistas

(Desde Oxford)

El Jardín Botánico de la Universidad de Oxford, establecido en 1621, es el tercero más antiguo del mundo y tiene más de 8.000 especies.

-Aaaaaahhh, mirá vos, y a mí qué, ¿no?

-Bueno, la verdad es que a mí nada, porque:

1) suelen tallar (¡cuac!) nefastos colores. Y yo sólo uso negro y gris y muy ocasionalmente, blanco. Apenas banco un par de justificadas salvedades: el celeste de la bandera argentina y el rojo en la banda de River.

2) regalar flores me parece un acto deleznable, de pésimo gusto. Es como regalar muerte. ¿Cuánto dura una flor cortada? ¿Y hay espectáculo más patéticamente a contramano de la presunta intención original que la extinción paulatina de su alabada belleza, hasta que termina en el tacho de la basura? Además, detesto hasta el paroxismo las pavadas que satisfacen cursilerías.

3) no me gustan las plantas. Excepto una: el cactus. Incluso tuve un par que yo mismo planté en un inodoro transformado en maceta. Pero se fueron achicharrando conforme pasaba el tiempo y no recibían ni una gota de sol ni un rayo de agua. Con lo cual los cactus me decepcionaron un poco: demostraron que taaaaaaaaaaaaaaaanto aguante no tenían.

-OK, pero claro, viste cómo es: estás en un lugar milenario y el botánico tiene 400 años y con la tarjeta de la universidad pasás gratis y entonces decís "Ma'sí, veamos, aunque sea para decir que fui", ¿no?

-Sí.


Fui. Habré estado, ¿cuánto: 15, 20 minutos? Lo suficiente para echarle un vistazo al criadero de cactus y para fumarme un Parliament respirando aire purísimo al lado del río Cherwell.

Me estaba yendo cuando lo vi.

Ahí, solito, como en penitencia: un árbol colorado, iluminado por la cólera. De hecho, a la distancia para mí era... fosforescente. Y juro que había fumado un Parliament, no alguna otra hierba de un jardín colgante (¡cuac, cuac!).

Me le acerqué.

El cartelito decía "Procedencia: China". Entonces entendí todo.

domingo, 23 de marzo de 2008

278. Contate otra

(Desde Oxford)


Como parte de mi laburo final relacionado con narrativa digital -dicho sea de paso: ya tengo escrito el 2%..., faaaaaaa...- me puse en contacto con el experto norteamericano Brian Storm.

Brian dirige la agencia MediaStorm, que se dedica a elaborar la clase de especiales multimedia sobre los que me interesa hacer foco: historias largas, profundamente producidas, combinando de todo (textos, animaciones, fotos, videos y audios).

En la reciente Conferencia Nieman sobre Periodismo Narrativo en la Universidad de Harvard, que este año por primera vez incluyó paneles sobre digital storytelling, Brian resultó el orador estrella. "Estuvo bueno", me dijo hoy, escueta, modestamente tal vez: según Jane Stevens, otra especialista que asistió a la presentación, "fue fantástica".

En el sitio de MediaStorm hay varios ejemplos de lo que sin dudas representa una nueva forma de contar las cosas. Pero para tener la muestra, echale un vistazo a lo que acaba de realizar en colaboración con Reuters por el quinto aniversario de la guerra de Irak.

sábado, 22 de marzo de 2008

277. Caelum oxoniensis

(Desde Oxford)


Aunque a nivel del piso no haya nada de viento, las nubes suelen atravesar el cielo del Reino Unido a una velocidad que a mí, como dirían los españoles, me flipa. Nunca vi algo así.

Fijate en la secuencia de fotos: son diez y las saqué anteanoche, en apenas diez segundos.











viernes, 21 de marzo de 2008

276. Vos, fumá

(Desde Oxford)


Sin mi querido Nescafé Clásico me quedé hace un par de semanas, pero (menos mal) conseguí un Gold Blend Rich Aroma muuuuuuy rico.

Sin mi entrañable Cabernet Sauvignon argentino me quedé a los 10 días de haber llegado, aunque todo bien porque acá se encuentran (caros) y porque probar la producción del resto del mundo tiene ese sí-sé-qué: tiene encanto.

Ahora, esto que me pasa ahora, esto de estar a punto de quedarme sin mis adorables Parliament, justo cuando estoy escribiendo el paper final de 10.000 palabras para la Universidad de Oxford, esto, ahora, es igual a desesperación.

Y no es joda.

Todavía faltan 22 días para que llegue Andresito con refuerzos. Exactamente, me quedan cuatro paquetes y medio. O sea, 90 cigarrillos. Desde que me sumergí en las restricciones europeas reduje la cantidad diaria bastante, de unos 15 que fumaba allá a unos 10 acá (y a veces míseros cinco o seis). Sin embargo, si las cuentas no me fallan, 90 dividido 22 da cuatro. ¡¡¿¿Cuatro??!! Inconcebible, devastador. ¿Cómo hago para sobrevivir?

Hace 20 años que consumo Parliament. Muy de vez en cuando me pito un Parisiennes por ahí, un Gitanes por allá. Pero sin los Parliament no puedo, no.

Estar en esta situación me pone extremadamente nervioso. Me voy a fumar un pucho.

O medio.

O quizá apenas un par de pitadas.

Estoy quemado. ¿Tenés fuego?

miércoles, 19 de marzo de 2008

275. Soooooomos los piratas...

(Desde Oxford)
Me invitó mi amigo Juan, AKA "John Kelly, a print journalist from The Washington Post", y yo, chocho, porque, como ya conté, me une a Los Beatles una relación prenatal.

Estos imitadores se llaman The Bootleg Beatles (bootleg quiere decir "pirata": qué feliz coincidencia) y se autopromocionan como la primera banda tributo.

Tocaron esta noche, dos horas en el New Theatre. Fue un repaso cronológico y muy cuidadoso desde la puesta en escena, aunque algo jeropa en lo musical: como si les faltara power, cortos de revoluciones. Tal vez se deba a que justo hoy cerraron una gira por el Reino Unido con más de 40 fechas en dos meses...

Por lo demás, vi muchas canas emocionadas cantándose todo y un Paul McCartney bastante aterrador con su sonrisa atascada (igualito al muñeco de El juego del miedo).

El próximo sábado 10 de mayo los Bootleg Beatles se van a presentar en el Luna Park de Buenos Aires. Una pena que justo ese día me esté tomando el avión de vuelta a la Argentina... No, en serio, da ir a verlos. Pero qué querés que te diga: yo me quedo con nuestros The Beats.




Posdata para mi viejo: te llamé, como hago cada vez que me pasa algo Beatle. No lo puedo evitar. Pero no estabas. ¿Te contó Andrea? En fin, Yeah, yeah, yeah.


[Actualización de viernes: hoy John publicó en su blog Voxford no sólo cómo vivió el concierto del miércoles (coincidimos en lo del scary McCartney), sino además unas simpáticas gárgolas que fotografié para él en Cardiff, el finde pasado. Cheers, mate!]

jueves, 13 de marzo de 2008

271. Final presentation (3)

(Desde Oxford)

[Lo que aparece a la altura del corazón no es un monstruoso copo de caspa, sino un prendedor con la bandera argentina.]



[Lucas, el barrabrava más tierno del mundo. Vino a hacer hinchada con su papá Nicolás y se quedó debidamente dormido durante mi presentación.]

270. SMS N° 55

(Desde Oxford)


Acá son las dos y diez de la mañana. Muchísimas gracias a Nico y a Lucas, que vinieron a hacer el aguante, y a todos los que mandaron correos y comentarios y llamaron por la presentación. Cuando terminó, hubo un brindis en el Instituto: yo, firme con el tinto. Después, continuación grupal para festejar en el glorioso Rose and Crown con la adorable Old Hooky y los pistachos. Más tarde, con Richard y Ken, dos colegas de la BBC, hicimos tapas en un restorán español del centro; más vino. Y luego, un par de copas extras para acompañar la victoria de River en Chile. Confieso que estoy contento.

martes, 11 de marzo de 2008

269. Final presentation (2)

(Desde Oxford)


La presentación de mi trabajo en el Instituto Reuters de la Universidad de Oxford salió mejor de lo que esperaba, la verdad. Esperaba menos: menos gente, menos fluidez en mi inglés, menos aplausos y menos sándwiches al final.

(Encarar las cosas con bajas expectativas casi siempre paga.)

En una worldwide exclusive (?) para la notable audiencia de Etcétera, he aquí las diapositivas sobre las que apoyé la charla:

1. Portada: título (Fight for Your Life: Newspapers and Digital Storytelling); fecha, autor y procedencia (Bahía Blanca, Argentina).

2. Video de Los Simpson. Dura apenas 18 segundos. Nótese la cara de Dan Rather cuando presenta al redactor del Washington Post.

3. Foto de Nelson cuando le dice al periodista con su risa socarrona: "¡Ja, ja! ¡Tu medio se está muriendo!".

4. Infografía y datos sobre cómo cae la circulación de los diarios.

5. Jim Brady, jefe del washingtonpost.com: Hacemos periodismo, no importa la plataforma.

6. Storytelling como parte central de la estrategia digital de los periódicos.

7. Especiales multimedia (multimedia packages): What the fuck?

8. Análisis de dos ejemplos: uno de Clarín y otro del Guardian, ambos sobre el 25° aniversario de la guerra de Malvinas.

9. Números del trabajo en progreso. Cantidad de entrevistas, correos, libros, artículos, ensayos y documentos que integran mi laburo.

10. Bill Keller, editor ejecutivo del New York Times: No estamos muertos todavía.

11. Despedida: "Muchas gracias", en español.

268. Final presentation (1)

(Desde Oxford)


Ya está, ya la tengo. Anoche terminé de armar el libreto y las diapositivas para la presentación final de mi trabajo Fight for Your Life: Newspapers and Digital Storytelling, que será mañana a las 12 en la sede del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford.

Soy el tercero en la grilla, después de dos colegas de la BBC y justo antes del almuerzo.

Mostraré sólo 11 diapositivas, incluyendo la portada y el saludo de cierre: esta vez le di más importancia al libreto.

Igual, lo más importante de todo esto es que sirve como excusa para que me visiten Nico y el pequeño déspota Lucas (el otro día, por teléfono, me dijo "Tío Abel" y casi me meo encima).

Ah: por si fuera poco, acabo de recibir una carta desde la Argentina. El remitente misterioso me mandó una zanahoria de madera, "para que no te sientas solo durante la presentación". Medio papafritas, pero qué ternura.

lunes, 10 de marzo de 2008

267. Brit pop alfombrado

(Desde Oxford)


"Claro que me acuerdo -me dijo-. Fuimos a comer un asado y tocamos en la cancha de River Plate."

Tom Hingley, el cantante de Inspiral Carpets, ya no es el pálido y ceceoso par de ojos azules techados por una peluca de los Beatles circa 1964: ahora es un profesor de música sonriente y embarazado de unos cuantos litros de cerveza.

Cuando terminó el show del sábado, en la Carling Academy de Cowley Road, el tipo cambió la camiseta transpiradísima por una camisa floreada y se puso a repartir tarjetas de su banda propia (The Lovers) y a sacarse fotos con la gente, mientras el tecladista Clint Boon se convertía en el DJ de la noche: ge-nial.

"Sin Clint Boon y los Inspiral Carpets no habría Oasis -dijo hace un tiempo el guitarrista, cantante y compositor Noel Gallagher-. Ellos me enseñaron la mayoría de lo que sé."

En diciembre del 91, cuando los Inspiral Carpets pasaron por Buenos Aires, Noel era uno de los plomos. Le decían Cejas de Mono y, según contó Clarín, se negó a comer carne y pidió una ensalada...

Se supone que el nombre Oasis se le ocurrió a su hermano Liam mientras miraba un póster de los Inspiral Carpets donde figuraban los próximos recitales, entre ellos uno en el Swindon Oasis Leisure Centre. Y de hecho, en su momento Noel audicionó para cantar en el grupo... y lo rechazaron.

[Las marquesinas de la Academy de Oxford: taaaaaaan British.]


[En vivo: escenario austero y tapado de décadas.]


[Tom la sudó en serio: hasta bajó a cantar con el público. Una mina de unos 40, ubicada a medio metro de donde estaba yo, le metió la mano debajo de la camiseta, le acarició la panza y después directamente le agarró el otro micrófono.
Para mí que le dolió.]

sábado, 8 de marzo de 2008

266. Diecisiete con cincuenta

(Desde Oxford)


Decidí hacerme un regalito después del miércoles que viene, cuando haga la presentación de mi proyecto sobre narrativa digital. (Dicho sea de paso, ya tengo la estructura; ahora me queda escribir el libreto y diseñar las diapositivas.)

Voy a aprovechar que el viernes todos los fellows vamos a visitar el Parlamento inglés para quedarme en Londres y el domingo arrancar en bondi barato a Gales.

Iba a pasar tres días, pero al buscar hostel corté uno: primero, porque tengo que volver a redactar las 10.000 palabritas del paper final y segundo, por los precios. Cada noche cuesta 17,50 libras.


Hace un rato me enteré de que esta noche tocan en Oxford los Inspiral Carpets. No sé si muchos recordarán la banda: fue una de las pioneras de aquella movida musical conocida como Madchester, que empezó a fines de los 80 y siguió a principios de los 90, junto con The Stone Roses, The Charlatans y Happy Mondays, entre otros.

A ver: para mí, eso es pelo largo y tarjeteo en Chocolate con el Negro Práttico desde la cabina sacudiéndonos All Together Now de The Farm y I'm Free de los Soup Dragons y la batería repiqueteando tuntuntác tutuntuntuntác. Ah, los buenos viejos tiempos...

Acabo de llamar. Cada entrada cuesta 17,50 libras.






[Con permiso, abran paso, chau, hasta luego:
tengo una cita con mi adolescencia.]




Actualización futbolera: el estribillo de la canción, que se llama This is How it Feels, dice

This is how it feels to be lonely.
This is how it feels to be small.
This is how it feels when your world means nothing at all.

(Más o menos: "Así se siente estar solo./ Así se siente ser chico./ Así se siente cuando tu mundo no significa nada de nada".)

Los hinchas del Manchester United cambiaron la letra y cada vez que juegan el clásico contra el Manchester City cantan

Tell me how it feels to be City.
Tell me how it feels to be small.
Tell me how it feels when your team wins nothing at all.

("Decime qué se siente ser del City./ Decime qué se siente ser chico./ Decime qué se siente cuando tu equipo no gana nada de nada.")