sábado, 29 de diciembre de 2007

219. Ya me merecía un buen bife

(Desde Oxford)

En la tierra de tanto lord, tanta lady, tanto sir, tanta madam; en la tierra donde mirar a los ojos a una mina es rude y decirle que la ropa le queda bien también es rude pero después te pide please que seas rude; en la tierra de la gente polite que te dice I'm sorry aunque no tenga la culpa; en esta tierra me cagaron.

Sí. Me ca-ga-ron. Me acostaron, me la pusieron, me estafaron.

Estaba contentísimo con la bici eléctrica que había comprado. Además de exageradamente cool, me iba a transportar sin pedalear: algo clave para un vago irrecuperable como yo.

Pero no anda ni para atrás. Literalmente. Según parece, la batería dejó de existir. Y sin eso ni da.
Traté, un día. Quise ir al campo de deportes de la Universidad de Oxford que, caminando, está a unos 45 minutos de la residencia donde vivo. Y la máquina se quedó sin power a las tres cuadras. Entonces metí pedal a morir, hasta que casi me muero. Hacía 20 años que no andaba en bici. No llegué ni al centro. Esto es, aguanté menos de un cuarto de hora. Lamentable, patético: incluso tuve que volverme a gamba.

Probé cargando la batería dos días seguidos. Y nada. Same shit. Entonces le pedí a la señorita K, que me había ayudado a comprarla por teléfono a un particular, otra manito: que llamara para reclamar.

-I'm sorry, wrong number.

Eso contestaron del otro lado todas las veces. Hijos de puta. Por supuesto, ni siquiera respondieron los correos electrónicos. Hijos de una comparsa de lords pedófilos y ladies atorrantas.

Después de mearse de la risa y decir I'm sorry, mi compañero Richard Danbury, productor periodístico de la BBC y abogado, me hizo una carta de intimación con la esperanza (medio boluda) de que los tipos se hagan cargo y me devuelvan las 125 libras que pagué, una fortuna para mí.

Todavía no la envié porque me agarraron las fiestas, pero ya lo voy a hacer. Tal vez les toque la moral culposa. Por las dudas de que eso no suceda, desde lo más profundo de mi corazón les deseo que se contagien ébola y que justo tengan el teléfono cortado y que no puedan usar el celular porque se quedó sin batería.


Oxford es cycletown (TODOS tienen bici: ya Álex me lo había avisado...) y yo no podía seguir negándome, así que busqué por eBay y encontré: gracias a Nico, que tiene cuenta, pegué esta:


Plegable, 16 kilos, seis cambios, gris, flamante: 45 libras. Redondito. Se la compré a un portugués y la tuve que ir a buscar a Londres. Pero anda. Tengo que pedalear mucho, pero anda.


Y todo para contar que hace una semana me monté con una decisión de la que carecí en momentos relevantes de mi vida, y enfilé al campo de deportes para nadar un rato. Antes de llegar al centro paré: no daba más y quería fumarme un pucho.

Como sea, parando-pedaleando-parando-parando-pedaleando-parando, épicamente, llegué. Y el cartel decía:

Pool closed.

Ahora, decime vos dónde carajo está la justicia.

Para no desaprovechar semejante viaje pedí una pelota de básquetbol. Tiré unos tiros sin llegar al aro y de golpe cayeron unos pibitos para entrenar cricket -como si de hecho fuera un deporte- y eso fue todo.


La frustración (el cansancio) me duró hasta ayer. Verifiqué por Internet que la pileta estuviera abierta y arranqué. Esta vez llegué al centro. Como excusa para descansar me detuve a ver cómo la gente polite se peleaba para aprovechar las liquidaciones de fin de año.

Liquidado y todo, nadé como una hora.

Es un piletón, la verdad. El único problema es que acá nadan como manejan: por la izquierda. Y sin mi luneta y mi esnórquel me rompí los dedos contra los andariveles.

Igual, como era el día deportivo, después pedí balón y fui a probar unos triples. Hice tres series de 100 tiros antes de colapsar: en la primera clavé 49%, en la segunda 51% y en la tercera 52%. La muñeca se mantiene.



A la noche nos juntamos a morfar con My friend Yao como previa de una salida a discotequear, y le conté mi hazaña sudorosa.

-Oh, good! I like. Go tomorrow?

¿Y qué: le iba a decir que no?:

-OK, vamos -le dije-. Pero después de almorzar. Y vos cocinás.

-OK. Boludo -dijo. (Sigue aprendiendo castellano. Hasta ahora dice de corrido "Soy chino", "Aguante River Plate", "Gracias", "Mi amigo", "Sí, sí", "Boludo", "Asado" y "La puta que lo parió".)

Llovía como la puta que lo parió, pero nos aferramos al paraguas y caminamos la noche oxoniense hasta que entramos en una discoteca que antes se llamaba Park End y ahora no me acuerdo, con seis barras y tres pistas de baile.

Y ahora, el momento tarjetero de la semana:

* Entrada al boliche = cinco libras.

* Guardarropas = 1,50 libras (paraguas incluido).

* Vodka con Red Bull, vaso chiquito, mucho hielo = cuatro libras.

* Ver a My friend Yao bailando música electrónica no tiene precio.


Y viste cómo son las minas en estos lugares, ¿no?: están bailando solas y las agarrás de atrás y se te ponen a frotar el culo al compás de la música. Qué desagradable.

Resulta que la rubia ocho puntos de la disco (metro 75, platinada, tetas hechas, vestidito fucsia cortísimo, botas amazona) le empieza a bailar a My friend Yao. El macho de la rubia, un pelado cuarentón Harley Davidson tarjetas gold, relojeaba desde la barra mientras ella se divertía con lo exótico.

La gente miraba, alguno aplaudía, otro sacaba fotos. Yo vigilaba que el pelado no sacara un 22 y cagara a tiros a la rubia y a My friend Yao.

Cualquier chabón en el lugar de My friend Yao le habría sacudido la jauría a la rubia. En cambio, My friend Yao... ¡¡¡¡se puso a saltar como loco!!!!

Qué hijo de puta, me hizo morir de la risa. Hasta el pelado Harley se rió.


Hoy se mandó unos fideos chinos con vegetales y huevo y fuimos nadar. Media horita. Luego, lecciones de básquetbol: My friend Yao es un patadura considerable, no coordina un solo movimiento. Por lo menos esta tarde aprendió a lanzar saltando y a usar el tablero; también, a decir Bien, boludo cuando le metía un triple.

Como le había prometido cocinar unos bifes (como si supiera; de última, él no sabía, así que...), a la salida pedaleábamos hacia el supermercado cuando nos cruzamos con un pub e hicimos parada técnica.

La segunda parada técnica fue decisión suya: entramos en una proveeduría oriental. Nunca vi tanto morfi sin tener idea de qué era. Entre las pocas cosas que pude identificar, las famosas "galletas de la suerte" o fortune cookies:

Las ubicás, ¿no? Aparecen en mil películas yanquis: típicamente se entregan cuando terminás de comer en los restoranes chinos del mundo occidental. Tienen gusto a vainilla y adentro encontrás números de la suerte o algún mensaje de dudosa filosofía o sabiduría milenaria.

Me compré una, la partí y leí:

Remember that half the people you know are below average.

En criollo, "Recordá que la mitad de la gente que conocés es medio pelotuda".

No, si los chinos saben...


Me costó creerlo cuando me acerqué a la góndola y leí la etiqueta : Fresh Argentinean Beef Ribeye Steak. ¿¿¿¡¡Bife de costilla como los que me hacía La Tipa!!??? Naaahhhhh...

Bueno, casi: estos no tenían hueso. Y eran dos pedacitos risibles: 276 gramos entre ambos. Y a un precio pa'llorar: cuatro libras (25 mangos).

Pero hacía tres meses que no probaba un buen cacho de carne y se lo debía a My friend Yao.

Los hice a lo que saliera, vuelta y vuelta y vuelta y vuelta hasta que adoptaran el estado suela apropiado.


Me senté, crucé los pies y observé la carne con un placer inaugural. (A decir verdad, no tenía mucha pinta pero, ah, ese olorcito...) Le clavé el tenedor y tiré un corte quirúrgico, tipo Cazá esto, chino querido, otra que usar los palitos. El primer trozo llegó a mi boca de manera ceremonial -incluso cerré los ojos y me concentré en la esencia del bife como si estuviera grabando una publicidad.

-¡Hmmmm! ¡¡Hhhhhhmmmmmmmmmm!!

Exageré, lo admito. Mandé exclamación orgásmica y por calidad, el bife en la Argentina habría sido Pséeee, correcto y punto. Pasa que me emocionó saborear de nuevo algo tan familiar, tan entrañable.

My friend Yao me miró con sorpresa, imitó mi ¡¡hmmmmmm!!, dijo que no había probado carne de vaca tan rica y agregó, en castellano, "Gracias, mi amigo".

De nada, boludo: el gusto fue todo mío, creéme.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

larguísimo post pero buenisimo too. Tanto extrañás la carne?

AEZ dijo...

Anónimo: gracias. Y sí, soy MUY carnívoro y las vacas de acá dan pena...

Anónimo dijo...

Estoy por arrancar un libro que se llama Un chino en bicicleta (http://www.hablandodelasunto.com.ar/?p=157)
Cuando lo termine veo si tu realidad supera a la ficcion.

Anónimo dijo...

By the way, sabes como linkear en el comentario (en vez de pegar el link como hice yo)

AEZ dijo...

Diego: ah, me anoto en la competencia. My friend Yao es surreal, así que le tengo fe.

Para linkear y usar bastardilla, negrita, etcétera, tenés que usar los códigos HTML. Como te habrás dado cuenta, a mí me da paja y paso.

Anónimo dijo...

No necesito imaginar cuánto extrañás el verdadero corte argentino, bien hecho a la parrilla o en la plancha de la nona, simplemente me consta. Y hablando de La Tipa, el monstruo culinario te manda un beso enorme. Se la ve tan bien que, probablemente, pedalearía más y mejor que nosotros en ese biciclo-bonsai-supercool que tuviste que comprar.
Desde el pago chico, abrazo gigante y gran 2008.

Spyderpac