lunes, 1 de abril de 2013

806. Un informe de la hostia



"Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Quien coma de este pan vivirá para siempre. El pan que les doy es mi carne, y lo doy para la vida del mundo."

Juan 6, 51



   No pesa casi nada: apenas un cuarto de gramo.

   Si ponés en Google "un cuarto de gramo", para ver qué otras cosas son así de livianas, saltan más de 300.000 resultados que te empujan al mundo de la droga.

   Pero, hostia, es el cuerpo de Él para los cristianos.

   Un cachito redondo y fino de pan ácimo que, debidamente consagrado, se convierte en la Sagrada Forma y se deposita en la boca del creyente en situación de comunión; es decir, quien supo expiar sus pecados mediante la confesión y la penitencia:

   -El cuerpo de Cristo -dice el cura, hostia en mano.

   -Amén. 


[Así arranca "Un informe de la hostia", publicado ayer, domingo de Pascua, en LNP. Sigue acá. La foto es de Pablo Presti.]

miércoles, 13 de marzo de 2013

805. Habemus cambium


El ambiente andaba movidito. Un poco sorprendido, algo nervioso: como cuando el sábado a la mañana temprano te tocan el timbre los testigos de Jehová y vos estabas durmiendo.

El gran Mario García, un experto en repensar medios desde hace más de tres décadas, vino a tocarnos el timbre en La Nueva Provincia y nos estaba despertando y entonces mi celular ardió y me paré y le dije: "Mario, el Papa es argentino", y me fui de la reunión para editar la ENORME noticia en lanueva.com.

Cuando más o menos la euforia se diluyó, puse en Twitter que había tenido "una razón de fuerza mayor periodística" para interrumpir a Mario.

Él me contestó que fue "un gran momento que no hemos de olvidar pronto", y yo le dije que "ni el peor guionista de Hollywood se habría animado a pensar lo que pasó hoy".

Porque, en serio: el tipo estaba sacudiéndonos una modorra atávica, retando a quienes en pleno 2013 todavía pretenden cobijarse con el papel mientras desdeñan lo digital, y justo un teléfono celular (que para los dañinos dinosaurios es un instrumento del demonio -con perdón de Francisco I-) avisaba que el nuevo CEO de dios era un argentino...

Soy agnóstico, pero igual voy a interpretar todo esto que sucedió el 13 de marzo de 2013 como una señal divina.

Porque además en la matutina de la Quiniela nacional salió a la cabeza el 8.235, número de socio de San Lorenzo que tiene el flamante papa Jorge Bergoglio.

Porque en el sorteo nocturno quedó primero el 40, que según los sueños es "El cura".

Y porque esta noche la lotería de la provincia de Buenos Aires cantó el 88, que es "El Papa".

INCREÍBLE. Entreguémonos al cambio, por el amor de Jesús...


(Extra: Mario hizo una narración sobre este día inolvidable en su blog.) 

viernes, 21 de diciembre de 2012

804. Dude, Where's My Pants?


Llegué a Washington unos días antes de que arrancara el programa del Departamento de Estado y el International Center For Journalists mediante el cual me invitaron a cubrir las elecciones presidenciales.

Especialmente mandé temprano para ver al gran John Kelly, columnista del Post y un amigo que me dio aquella experiencia inolvidable que hice en la Universidad de Oxford durante 2007 y 2008.

Y también para agenciarme un buen traje a buen precio.

John me acompañó a recorrer algunos shoppings y malls del DC y alrededores durante... CASI 9 HORAS. Pero finalmente lo conseguí. Sólo había que arreglar un toque el largo del pantalón.

En el mismo local (el Burlington Coat Factory del City Place) había un sastre: era un negro de unos 60 años, grandote, pelado, nacido en Trinidad y Tobago, que se reía demasiado. Según dijo, había estudiado en Parsons, una universidad privada neoyorquina que está entre las más prestigiosas escuelas de arte y diseño del mundo. Me resultó raro que el tipo hubiera terminado laburando en un shopping cualquiera, pero bué, al menos se suponía que mi traje estaba en buenas manos.

Porque además me tiró un precio bastante Parsons para hacer el arreglito pedorro ese: 36 dólares. Ah, y me dijo que iba a estar recién en CUATRO días.

La cuestión es que me fui tranquilo a New York para visitar al crack de Hernán Iglesias Illa, periodista y escritor. Total, al volver iba a tener mi buen traje listo justo para el comienzo del programa.

Al volver no estaba listo:

-Dice el sastre que perdió tu pantalón -me dijo John, que suele ser un tipo MUY gracioso.

-Dale, no me jodas...

-Es en serio.

-Daleeeeeee.

-¡En serio!

Y era en serio, nomás. El fucking sastre trinitense supuestamente educado en la fucking Parsons había perdido mi pantalón. En un país serio estas cosas no pasan.

Lo fuimos a ver, con el enojo y la urgencia del caso. Ahí mismo me hizo probar otro, me lo midió, me lo arregló y me lo llevé.

Al día siguiente me dispuse a compadrear mi buen traje. Todo iba perfecto hasta que en un momento me agaché y sentí el crisssshhhhhh de rigor cuando algo se rompe.

No volví a usar el pantalón hasta que Barack Obama visitó Las Vegas. Un poco por bronca y mucho porque no tenía guita ni tiempo para mandarlo de nuevo a arreglar.

Y así fue cómo el 1º de noviembre de 2012 tuve enfrente al presidente de los Estados Unidos luciendo un agujero en el pantalón de mi buen traje a la altura del culo.

Si no se notó fue porque tomé la precaución protocolar de usar un calzoncillo al tono. Nadie me dijo nada, así que considero que se trató de una operación exitosa.


Con su desopilante estilo, John se ocupó de contar en el Washington Post la primera parte de esta historia: es decir, lo que costó conseguir mi buen traje. De hecho, es él quien calcula que pateamos 9 horitas. Y también dice, el muy atorrante:

"Le tengo la campera a Abel mientras va al probador. Cuando sale, aliso los hombros del saco. Lo veo girar frente al espejo triple. Tiro de la presilla del pantalón para ver cómo le queda de cintura. Somos una pareja bonita haciendo las compras".







(Nota: esta es la segunda vez que salgo en el Post. En 2010 John hizo una columna sobre cómo entré en EE.UU. de la mano de Miss Argentina.)


BONUS TRACK (?): "Dude, Where's My Pants" es un juego pavo y entretenido. Básicamente, tenés que esconderte para que la gente no te vea en calzones... En fin: podés jugar acá, por ejemplo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

803. El 38 está cargado

No le puse balas, pero sí Old Hooky y Old Speckled Hen (que me traje de Londres hace UN AÑO) y una vieja séibol para contrarrestar esta vejez.

Y arranqué el detestable cumpleaños con un asado y pasando la noche por primera vez en la vieja casa que compré hace cuatro años y tanto me costó refaccionar, y me tomé el día en el laburo y escabié y morfé rico y miré deportes en HD recién instaladito y me clavé un siestón y demasiada gente me compartió buena onda.

Así que no todo está tan mal, vamos, viejo.

martes, 27 de noviembre de 2012

802. Una barbaridad de #OrgulloBahiense

[Publicado originalmente

No pude convencer al amigo bahiense José Bogado ("Cabezón" al fin) ni siquiera diciéndole que se podía conseguir entrada y que ver a Emanuel Ginóbili en la NBA era como un gran regalo para su cumpleaños.

Es que era, además, una barbaridad de viaje: de Washington al aeropuerto de Baltimore, de ahí un avión a Philadelphia y otro a Los Angeles, ir al partido Lakers-Spurs y esa misma madrugada pegar el regreso, Los Angeles-Philadelphia-Baltimore-Washington.


Era cruzarse Estados Unidos ida y vuelta en un día y medio; era pasar más tiempo en el aire que en la ciudad californiana. Era gastar unos cuantos dólares. ¡Y era martes 13!
 

Pero eso fue exactamente lo que hice.

Por eso casi me desmayo cuando al llegar a Los Angeles el periodista bahiense Javier Domínguez me avisó vía Twitter que "Manu" estaba en duda por un recurrente dolor de espalda.


No podía tener tanta...


Fui al hostel en el centro angelino, me pegué una ducha y arranqué rumbo al estadio Staples Center. Llegué dos horas antes del partido y mandé derecho al parqué, donde ya algunos jugadores tiraban al aro o calentaban.


Entonces lo vi a "Manu", cerca de la mitad de la cancha, estirando. Vi su cara de dolor, también.


-Puede ser el día más triste de mi vida si no jugás -le dije.


"Manu" sonrió, se incorporó y se acercó a saludar:
 

-Todavía no sé si voy a poder...
 

La media hora siguiente se ocupó con una secuencia repetida hasta la desesperación: "Manu" estiraba, "Manu" ponía cara de dolor, me dolía más a mí que a él.
 

Hasta que me dijo:
 

-Yo estoy. Ahora depende del técnico.
 

Lo escuchó el periodista Mike Monroe, histórico seguidor de San Antonio:
 

-Si tengo que apostar, no va a jugar -me dijo-. El entrenador Gregg Popovich es muy cauteloso: no le gusta arriesgar.
 

Tal vez se dio cuenta de mi tristeza cuando le dije sutilmente "Me hago el harakiri" y por eso Monroe, de 65 años, me contó que quiere retirarse junto con "Manu":
 

-Es el jugador más competitivo de la historia del básquetbol.
 

-¡Epa! ¿Más que Michael Jordan!
 

-Yo creo que sí. O al menos tan competitivo como Jordan.
 

-Enorme elogio. Igual, Mike querido, lo que necesito es que "Manu" compita HOY.
 

Todo muy lindo el show: la presentación de los Lakers en las pantallas gigantes ("16 campeonatos de la NBA: la tradición continúa"), la nenita Athena de 11 años cantando el himno, 20 mil personas alentando, ¡LAS PORRISTAS!, Kobe Bryant, Dwight Howard, Pau Gasol, el palco de prensa, la cerveza y los pochoclos. Todo muy lindo el show, pero empezó el partido y el "20" de los Spurs hacía banco.
 

Encima arrancó 10-2 arriba San Antonio. El DT Popovich no necesitaba a "Manu". Aunque los Lakers (una banda de talento bastante lejos de las expectativas, por ahora) despertaron y cachetearon con un parcial de 16-2.
 

Entonces vi el gesto de Popovich, vi a "Manu" prepararse para entrar y finalmente vi al "20" en la cancha. Estaba hecho: vi a Ginóbili en el torneo bahiense, en la Liga Nacional, en Europa, en la selección y ahora en la NBA.
 

No tuvo un buen partido: hizo 1-8 en tiros de campo (0-4 en triples), un rebote, 3 asistencias y 2 pérdidas en 18m44s. Y a mí qué. Dio -se notaba- muchas ventajas físicas, e igual los Spurs ganaron 84-82.
 

Con mi credencial (gestionada gracias al gran Álvaro Martín de ESPN) tenía acceso a vestuarios así que encaré inmediatamente. Pero faltaba para que abrieran las puertas.
 

En eso pasó el francés Tony Parker: me dijo que quiere venir a Bahía. Y por ahí salió Popovich, habló con la prensa y luego mano a mano le pregunté por "Manu":
 

-Estaba al 60%, pero quería probar y jugó. Ya lo conocés: es un duro.
 

"¡Aaaaaahhhhhhh!", escuché, ya dentro del vestuario, mientras unos se cambiaban y otros se duchaban. "Manu" no aparecía por ningún lado.
 

"¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH!"
 

Los alaridos venían de un cuartito. Alguien estaba sufriendo ahí dentro.
 

DeJuan Blair abrió la puerta, se asomó, puso cara de sorpresa, cerró.
 

-¿Es "Manu" el que grita?
 

-Ni idea -me contestó, simpatiquísimo.
 

A los pocos minutos salió "Manu" del cuartito.
 

-¡¿Eras vos?!
 

-Je, sí. Me estaban sacando los puntos del ojo -dijo. Eran tres, abajo del izquierdo-. ¿Charlamos?
 

Nos sentamos cerca de su taquilla. Y se acercaron varios colegas: todos querían entrevistarlo.
 

-Primero él -les avisó "Manu", señalándome.
 

Casi exploto de #OrgulloBahiense.
 

Charlamos un rato. Algo del partido y su lesión ("Me faltó fuerza y balance", "Estoy impaciente por recuperarme"). Y bastante de otras cosas, como su futuro y la familia. Pero esto sin grabador, en off . Lo cual no implica "modo amistad on".
 

Conozco a "Manu" desde hace 20 años: desde que era demasiado flaquito y debutaba en la Primera de su Bahiense del Norte; incluso le hice la primera nota. Pero no soy amigo. Nos saludamos con beso y abrazo y sonrisa; hay cierta buena onda, cierto respeto. Y también cierta distancia, que "Manu" siempre pone como quien tira un gancho, y yo nunca supe cómo acortar ni forcé. Buena onda, respeto. Es "Manu".

 Y para mí ese martes 13 de noviembre de 2012, en Los Angeles contra los Lakers, "Manu" jugó para mí.