(Desde Buenos Aires)
-¿Pero qué hacés, puta de mierda? ¡Te toqué el timbre como 100 veces! Ajá. Sí... ¿Y a mí qué carajo me importa? Bueno. No, no, no me rompás las pelotas. Te dije que no, ¿qué sos: pelotuda o te entrenás? ¿Estás con tu marido, putita? Jajajajajaja. Dale. En 40 minutos más o menos paso de nuevo. Ahora estoy con un pasajero. No, no escucha nada. ¿Y si escucha qué? ¿Me vas a decir que no sos una puta de mierda? Jajajajajajaja. Chau, puta de mierda. Chau. ¿Adónde vamos, flaco?
-A Palermo. Guatemala y Borges.
-¡Qué puta de mierda!
-Veo, sí. ¿Qué onda?
-Nada, una minita. Puta-puta, ¿eh?
-Me quedó bastante claro...
-Labura desde los 15 años, la puta de mierda. En Newport, ¿ubicás?
-Sí, en Recoleta.
-¡Ah! Putañero viejo, vos.
-No, viví tres años a dos cuadras y... nada, dejá, no importa.
-Y, por ahí te cruzaste con esta puta de mierda. Es feísima. Ni tetas tiene, no sabés. Pero labura que da calambre.
-Raro: en Newport hay gatos elevados...
-¡Yo sabía que eras un putañero viejo!
-Conozco algunas cositas, nomás.
-Jajajajajaja, qué putañero sos.
-¡Andá a la puta que te parió! ¿Qué pasa, hacía siete días que no puteabas?
-Todo bien, che... Disculpá. Te estaba cargando. Cuando tenía 15 añitos esta puta de mierda le cuidaba el pibe a otra puta de mierda. Pero ella no sabía que la otra era una puta de mierda. La veía irse producida tooooodas las noches y le junaba la cantidad de zapatos, de carteras, de pilchas. Y un día le preguntó, ¿viste? Y la otra puta de mierda le dijo que yiraba. Y la nenita se encegueció con tener y tener y tener. Y empezó a yirar también. A los 15. Qué puta de mierda.
-¿Y qué te jode?
-No, a mí nada. Es re piola. Yo le digo puta de mierda porque soy cariñoso, me re cabe la minita. Aunque es feísima, no sabés. Tengo la mejor, la llevo de acá para allá, todo. A veces la paso a buscar, se sienta atrás en la mitad y yo le toco la conchita mientras manejo, jajajajajaja. Puta de mierda...
-¿Y sos cliente?
-¿Yo? Nooooooooooo. A ver: no le garpo, ¿entendés? De vez en cuando, de onda, si da, la cojo un poco. Un rapidito en la lleca y chau. Pero es feísima, pobre. Ahora: no sabés lo que labura, la puta de mierda. ¡Se llena de guita! Como poco, te cobra 300 manguitos. Más el telo, ¿no? Y es feísima.
-¡¡Pará, Brad Pitt!!
-Jajajajajaja, tenés razón. Pero es de onda. Y ojo, eh: así panzón como me ves, no sabés lo que levanto.
-Bué...
-En serio. Acá en el taxi se come bien.
-La panza lo dice todo...
-Bueno, boludo, qué querés que le haga. Todo el día arriba del puto auto...
-¿Y estás casado?
-Sí. Dos nenas tengo.
-¿Y cómo la manejás?
-Como puedo. Bah, no la manejo mucho. Mi jermu me echó como tres veces de casa, pero después se arrepiente. Es una boluda bárbara.
-¿Y por qué no te vas y listo?
-Ni da... Por las nenas. Y porque mi jermu me lava y plancha y cocina. Y por ahí, de vez en cuando me coge.
-Loco, perdón, pero a vos no te importa nada. Sos un desagradable.
-Jajajajajaja, no la limés, che, ¿no te digo que me quedo por las nenas? ¿Cómo no me va a importar nada?
-OK. Che, dejame acá nomás. En la esquina.
-¡Pero faltan como 20 cuadras!
-No importa. Está lindo. Voy caminando, fumándome un pucho.
-¡Si acá podés fumar!
-Tengo ganas de caminar en silencio.
-No te pongas mal, loco, la estoy bardeando por joder...
-Todo bien. Vos frená.
-OK. 16 manguitos. ¿Me pagás con un billete de 100, si tenés?
-Me fijo. ¿Por?
-Porque hace un par de horas pasé por casa y necesito una excusa para volver sin que mi jermu sospeche. Si pagás con 100 me quedo sin cambio y voy a buscar, ¿entendés?
-No, mirá, tengo justo. Chau, que te mejores.