536. No soy sólo una voz de FM
sólo una voz de FM,
divina.]
El profesor llegaba con sus pelos lacios y negros peinados hacia atrás a la gomina. Los pasos que daba desde la puerta del aula hasta el escritorio, aunque lentos, provocaban una corriente mínima que peinaba hasta los bancos de atrás con un perfume distinto cada vez pero siempre fuerte, persistente, con aguante.
Dejaba su maletín impecable sobre la silla y se sacaba los lentes, empañaba los cristales con su aliento y los frotaba con indolencia y un pañuelito blanco, bordado, mientras nos miraba a todos, uno por uno, apenas moviendo los ojos, y tan serio.
-Hoy, queridos alumnos, quiero que sean libres como una mariposa -dijo un día y aleteó con los brazos y ese día ya no nos importó nada, ni disimulamos: nos reímos mucho, uno del fondo gritó "¡Qué puto de mierda!", y nos reímos más, era demasiado ridículo todo, el que se sentaba delante de mí se dobló del calambre en el estómago y siguió tentado y dolorido desde el piso.
Ese día el profesor se sacó de nuevo los lentes y se secó las lágrimas con el pañuelito blanco bordado.
Ninguno de nosotros sintió lástima. No sé si éramos crueles, pero. Él era un profesor de dibujo técnico en el segundo año de la ENET Nº2 y nosotros éramos una banda de 40 pibes de 14-15 años, forajidos con las hormonas en ebullición: dos o tres de mis compañeros se tocaban en vivo y en directo con la de Biología, por el amor de dios...
A mí el profesor me decía "Voz de FM".
-¿Cómo está usted, Voz de FM? -me decía.
-Parcialmente nublado y con 80% de probabilidades de lluvia, profe.
Venía hoy para el diario y me crucé con el profe. Está igual. Los lentes, los pelos engominados, el maletín, los pasos lentos.
Me acordé del día en que aleteó y sonreí.
Me miró sin reconocerme: yo no estoy igual.
-Hola, guapo, buen día. ¿Querés que te invite un café? -me dijo.
-No puedo -le dije-. La humedad relativa del ambiente es del 45%. Pero gracias, profe.



