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jueves, 1 de octubre de 2015

810. Loco, lo colocó


Al intendente bahiense (que no quería ser intendente bahiense, pero asumió en 2011 porque quien fue electo se rajó para ser ministro bonaerense) un concejal lo denunció por "inconsistencias" en sus declaraciones juradas y se nota que le pegó duro.

Lo afectó bastante.

Lo puso nervioso.

Lo sacó de quicio.

Lo vimos nítidamente: su gesto adusto, su mueca de enojo, su boca pastosa mientras vomitaba una reacción ante los micrófonos del periodismo:

 
Lo reproduje 7 veces. Porque no lo podía creer, pero sobre todo porque no lo podía entender.

Lo que dijo el intendente Gustavo Bevilacqua (abogado, escribano, docente; exconcejal en el distrito de Villarino, extitular del Registro Automotor de Bariloche, exkirchnerista y actualmente candidato a diputado nacional massista) es EXACTAMENTE esto:

“No quiero que... que traten de alguna manera de quitar o de sacar una política que tiene que ver con la transparencia y que tiene que ver con todos los bahienses, eso es... es algo que debemos cuidar y todo, todo el mundo tiene que estar en Gobierno Abierto y por eso mis declaraciones juradas están en... en Gobierno Abierto. Respecto a la denuncia, obviamente es una denuncia malintencionada, eeeh..., el departamento que dice es mi mismo departamento de 75 metros en el que vivo y del año 90, y mis bienes son todos adquiridos en la década del 90 (…) Siempre he sido una persona que aguantó, y me han dicho barbaridades, y también le pido a la prensa que muchas veces, que tampoco soy de llamar a la prensa, y a cualquiera que dice, dice cualquier cosa, esteee... y la verdad que ya llega un punto que me parece queeee de la misma manera, este... sí le voy a accionar judicialmente, contra él y contra todos los que de alguna manera injuriosa, y mucho más por temas políticos, a ver, estamos en medio de una campaña, una campaña política, y pensar que hacer estas cosas, esteee... es gratis, no, o sea, uno... no tengo ningún problema, como dije y dejé aclarado principalmente, de... de que mis cosas las tengo y no es... son departamento en el que vivo, y que todo el mundo sabe dónde vivo, y de las cosas que tengo, pero lo que sí me molesta es la mala intención y porque uno no reacciona o porque nunca contesté o porque nunca, estee... reaccioné y traté de ser, de aguantar, estee... que no crea que no a partir de ahora no, a cada uno que diga lo que tenga que decir, este, yo voy a accionar judicialmente porque creo que se llegó a un punto donde no se puede mezclar las cosas y faltar el respeto como se falta tan rápidamente (...) Y la verdad que no tengo nada que ocultar porque en mi vida no tuve nada que ocultar, y por eso, estee, cuando decidí estar donde estoy es porque siempre lo planteé y por eso están las declaraciones juradas publicadas, y tengo doble juego de... de... de declaraciones juradas presentada, hace 15 años que presento declaraciones juradas en el ámbito nacional, esteee, pero, a ver: no pasa por empezar a discutir esto que me parece una barbaridad porque son cosas que ni siquieraaaa, este, tienen... absolutamente nada de realidad.”

martes, 9 de julio de 2013

807. Anatomía de un fanatismo

[A fines de 2012 me convocaron para participar de una producción especial sobre "fútbol y sociedad" para un proyecto nuevo y novedoso llamado Informe Escaleno. Me convencieron rápido: había amigos y colegas prestigiosos en el equipo de laburo, el tema me encantaba y me iban a pagar. Me pidieron que contara cómo es ser fanático de un equipo que me queda a 700 kilómetros. Me salió un texto que en principio titulé "River en mi interior"; se publicó el domingo y arranca así:]


No importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.

Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.

Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia.
Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.

-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?

-De River.

-¿Y acá en Bahía?

-De Liniers. Soy “Chivo”.

-¿Y es más hincha de River o de Liniers?

-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.

-Qué barbaridad.

-¿El tatuaje o ser de River?

-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.

-¿Por?

-¡Porque es de acá!

-¿Y?

-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.

-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.

-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?

o importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.
Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
- See more at: http://www.informeescaleno.com.ar/index.php?s=articulos&id=60#sthash.NurmA84y.dpuf
o importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.
Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
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o importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.
Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
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o importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.
Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
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Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
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Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
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o importaba cuánta gomina se echara ni cuán tirante se peinara: nada alcanzaba para disimular su cabello ondulado. En la cabeza le quedaban como olas. Me hacía acordar a mi abuelo, que me enseñó a jugar a las cartas mientras me contaba una y otra vez cómo era el furibundo shot de Bernabé Ferreyra y la magia espeluznante del “Charro” Moreno.
Había una diferencia de accesibilidad: mi abuelo era mi abuelo, estaba siempre dispuesto a timbear y hablar de River, mientras que don Roberto era don Roberto, el jefe de Deportes del diario La Nueva Provincia de Bahía Blanca, y yo era un pibito de diecisiete años que tenía el pelo largo, cursaba el secundario y recién empezaba a garabatear en el periodismo.
Don Roberto Cortina Bazán había dejado la jefatura hacía poco, después de tres décadas. Pero su figura prolija seguía imponiendo en la redacción solemnidad, admiración y distancia: sobre todo, distancia. Por eso me sorprendió que aquella tarde de 1992 me dirigiera por primera vez esa voz cargada de noches de tango, que era su amante. Porque Don Roberto estaba casado con el fútbol, pero lo engañaba en los tugurios de Bahía y de la zona cantando bajo el seudónimo Roberto Del Barrio.
-Pibe, ¿usted de qué club es hincha?
-De River.
-¿Y acá en Bahía?
-De Liniers. Soy “Chivo”.
-¿Y es más hincha de River o de Liniers?
-¡De River! Me hice un tatuaje y todo.
-Qué barbaridad.
-¿El tatuaje o ser de River?
-Las dos cosas. Oiga, pibe, usted debería hinchar más por su club de acá.
-¿Por?
-¡Porque es de acá!
-¿Y?
-¡Cómo “¿Y?”! ¿Cómo se va a identificar más con un club de Buenos Aires, pibe...? –Don Roberto era silenciosamente fanático de Olimpo. Luego de su muerte (en 1994, a los 60 años), las cabinas de prensa del estadio Roberto Carminatti recibieron su nombre.
-Qué sé yo... no es algo que se piense: se siente.
-¡Pero piense, pibe…! ¡Piense!
Y me dejó pensando: ¿por qué era tan de River que a los diecisiete llevaba dos años recorriendo seguido los 700 kilómetros hasta Buenos Aires? ¿Cómo era que pese al miedo a las agujas me había hecho un tatuaje?
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lunes, 1 de abril de 2013

806. Un informe de la hostia



"Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Quien coma de este pan vivirá para siempre. El pan que les doy es mi carne, y lo doy para la vida del mundo."

Juan 6, 51




   No pesa casi nada: apenas un cuarto de gramo.

   Si ponés en Google "un cuarto de gramo", para ver qué otras cosas son así de livianas, saltan más de 300.000 resultados que te empujan al mundo de la droga.

   Pero, hostia, es el cuerpo de Él para los cristianos.

   Un cachito redondo y fino de pan ácimo que, debidamente consagrado, se convierte en la Sagrada Forma y se deposita en la boca del creyente en situación de comunión; es decir, quien supo expiar sus pecados mediante la confesión y la penitencia:

   -El cuerpo de Cristo -dice el cura, hostia en mano.

   -Amén. 


[Así arranca "Un informe de la hostia", publicado ayer, domingo de Pascua, en LNP. Sigue acá. La foto es de Pablo Presti.]

miércoles, 13 de marzo de 2013

805. Habemus cambium


El ambiente andaba movidito. Un poco sorprendido, algo nervioso: como cuando el sábado a la mañana temprano te tocan el timbre los testigos de Jehová y vos estabas durmiendo.

El gran Mario García, un experto en repensar medios desde hace más de tres décadas, vino a tocarnos el timbre en La Nueva Provincia y nos estaba despertando y entonces mi celular ardió y me paré y le dije: "Mario, el Papa es argentino", y me fui de la reunión para editar la ENORME noticia en lanueva.com.

Cuando más o menos la euforia se diluyó, puse en Twitter que había tenido "una razón de fuerza mayor periodística" para interrumpir a Mario.

Él me contestó que fue "un gran momento que no hemos de olvidar pronto", y yo le dije que "ni el peor guionista de Hollywood se habría animado a pensar lo que pasó hoy".

Porque, en serio: el tipo estaba sacudiéndonos una modorra atávica, retando a quienes en pleno 2013 todavía pretenden cobijarse con el papel mientras desdeñan lo digital, y justo un teléfono celular (que para los dañinos dinosaurios es un instrumento del demonio -con perdón de Francisco I-) avisaba que el nuevo CEO de dios era un argentino...

Soy agnóstico, pero igual voy a interpretar todo esto que sucedió el 13 de marzo de 2013 como una señal divina.

Porque además en la matutina de la Quiniela nacional salió a la cabeza el 8.235, número de socio de San Lorenzo que tiene el flamante papa Jorge Bergoglio.

Porque en el sorteo nocturno quedó primero el 40, que según los sueños es "El cura".

Y porque esta noche la lotería de la provincia de Buenos Aires cantó el 88, que es "El Papa".

INCREÍBLE. Entreguémonos al cambio, por el amor de Jesús...


(Extra: Mario hizo una narración sobre este día inolvidable en su blog.) 

martes, 27 de noviembre de 2012

802. Una barbaridad de #OrgulloBahiense

[Publicado originalmente

No pude convencer al amigo bahiense José Bogado ("Cabezón" al fin) ni siquiera diciéndole que se podía conseguir entrada y que ver a Emanuel Ginóbili en la NBA era como un gran regalo para su cumpleaños.

Es que era, además, una barbaridad de viaje: de Washington al aeropuerto de Baltimore, de ahí un avión a Philadelphia y otro a Los Angeles, ir al partido Lakers-Spurs y esa misma madrugada pegar el regreso, Los Angeles-Philadelphia-Baltimore-Washington.


Era cruzarse Estados Unidos ida y vuelta en un día y medio; era pasar más tiempo en el aire que en la ciudad californiana. Era gastar unos cuantos dólares. ¡Y era martes 13!
 

Pero eso fue exactamente lo que hice.

Por eso casi me desmayo cuando al llegar a Los Angeles el periodista bahiense Javier Domínguez me avisó vía Twitter que "Manu" estaba en duda por un recurrente dolor de espalda.


No podía tener tanta...


Fui al hostel en el centro angelino, me pegué una ducha y arranqué rumbo al estadio Staples Center. Llegué dos horas antes del partido y mandé derecho al parqué, donde ya algunos jugadores tiraban al aro o calentaban.


Entonces lo vi a "Manu", cerca de la mitad de la cancha, estirando. Vi su cara de dolor, también.


-Puede ser el día más triste de mi vida si no jugás -le dije.


"Manu" sonrió, se incorporó y se acercó a saludar:
 

-Todavía no sé si voy a poder...
 

La media hora siguiente se ocupó con una secuencia repetida hasta la desesperación: "Manu" estiraba, "Manu" ponía cara de dolor, me dolía más a mí que a él.
 

Hasta que me dijo:
 

-Yo estoy. Ahora depende del técnico.
 

Lo escuchó el periodista Mike Monroe, histórico seguidor de San Antonio:
 

-Si tengo que apostar, no va a jugar -me dijo-. El entrenador Gregg Popovich es muy cauteloso: no le gusta arriesgar.
 

Tal vez se dio cuenta de mi tristeza cuando le dije sutilmente "Me hago el harakiri" y por eso Monroe, de 65 años, me contó que quiere retirarse junto con "Manu":
 

-Es el jugador más competitivo de la historia del básquetbol.
 

-¡Epa! ¿Más que Michael Jordan!
 

-Yo creo que sí. O al menos tan competitivo como Jordan.
 

-Enorme elogio. Igual, Mike querido, lo que necesito es que "Manu" compita HOY.
 

Todo muy lindo el show: la presentación de los Lakers en las pantallas gigantes ("16 campeonatos de la NBA: la tradición continúa"), la nenita Athena de 11 años cantando el himno, 20 mil personas alentando, ¡LAS PORRISTAS!, Kobe Bryant, Dwight Howard, Pau Gasol, el palco de prensa, la cerveza y los pochoclos. Todo muy lindo el show, pero empezó el partido y el "20" de los Spurs hacía banco.
 

Encima arrancó 10-2 arriba San Antonio. El DT Popovich no necesitaba a "Manu". Aunque los Lakers (una banda de talento bastante lejos de las expectativas, por ahora) despertaron y cachetearon con un parcial de 16-2.
 

Entonces vi el gesto de Popovich, vi a "Manu" prepararse para entrar y finalmente vi al "20" en la cancha. Estaba hecho: vi a Ginóbili en el torneo bahiense, en la Liga Nacional, en Europa, en la selección y ahora en la NBA.
 

No tuvo un buen partido: hizo 1-8 en tiros de campo (0-4 en triples), un rebote, 3 asistencias y 2 pérdidas en 18m44s. Y a mí qué. Dio -se notaba- muchas ventajas físicas, e igual los Spurs ganaron 84-82.
 

Con mi credencial (gestionada gracias al gran Álvaro Martín de ESPN) tenía acceso a vestuarios así que encaré inmediatamente. Pero faltaba para que abrieran las puertas.
 

En eso pasó el francés Tony Parker: me dijo que quiere venir a Bahía. Y por ahí salió Popovich, habló con la prensa y luego mano a mano le pregunté por "Manu":
 

-Estaba al 60%, pero quería probar y jugó. Ya lo conocés: es un duro.
 

"¡Aaaaaahhhhhhh!", escuché, ya dentro del vestuario, mientras unos se cambiaban y otros se duchaban. "Manu" no aparecía por ningún lado.
 

"¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH!"
 

Los alaridos venían de un cuartito. Alguien estaba sufriendo ahí dentro.
 

DeJuan Blair abrió la puerta, se asomó, puso cara de sorpresa, cerró.
 

-¿Es "Manu" el que grita?
 

-Ni idea -me contestó, simpatiquísimo.
 

A los pocos minutos salió "Manu" del cuartito.
 

-¡¿Eras vos?!
 

-Je, sí. Me estaban sacando los puntos del ojo -dijo. Eran tres, abajo del izquierdo-. ¿Charlamos?
 

Nos sentamos cerca de su taquilla. Y se acercaron varios colegas: todos querían entrevistarlo.
 

-Primero él -les avisó "Manu", señalándome.
 

Casi exploto de #OrgulloBahiense.
 

Charlamos un rato. Algo del partido y su lesión ("Me faltó fuerza y balance", "Estoy impaciente por recuperarme"). Y bastante de otras cosas, como su futuro y la familia. Pero esto sin grabador, en off . Lo cual no implica "modo amistad on".
 

Conozco a "Manu" desde hace 20 años: desde que era demasiado flaquito y debutaba en la Primera de su Bahiense del Norte; incluso le hice la primera nota. Pero no soy amigo. Nos saludamos con beso y abrazo y sonrisa; hay cierta buena onda, cierto respeto. Y también cierta distancia, que "Manu" siempre pone como quien tira un gancho, y yo nunca supe cómo acortar ni forcé. Buena onda, respeto. Es "Manu".

 Y para mí ese martes 13 de noviembre de 2012, en Los Angeles contra los Lakers, "Manu" jugó para mí.

miércoles, 22 de agosto de 2012

784. Minicrónica tuitera (4): "Batman te mata"

[Me había olvidado de colgar esta historia. 
Ocurrió el sábado 11 de agosto, 
en el cine Visión 3 de Bahía Blanca.]


1) Un flaco, alto, morocho y barbudo no paró de gritar pavadas durante "Batman" y salió de la sala unas 7 veces. Pensé que nos cagaba a tiros. 

2) Primero la gente se rió, después le hizo "Shhh", después empezó a tener cierto miedo. Cuando "Batman" terminó hubo casi una estampida. 

3) Creo que el tipo estaba MUY drogado. O pifiado del marote. Fue gracioso, moplo y luego, perturbador. Me desilusionó que no pelara una Uzi. 

4) Si hubiera agujereado a la boluda que ATENDIÓ el celular o a los oligofrénicos que hacían ruidito al morfar, yo lo habría aplaudido de pie. 

5) Todo esto tan bizarro e inquietante me ayudó a decidir algo: no vuelvo al cine o terminaré con una peluca naranja tras provocar una masacre. 


 



lunes, 20 de febrero de 2012

779. Una zona que me encanta


En 2007 me fui a pasar una temporada en Inglaterra y le dejé el depto que alquilaba a un amigo que recién se había separado.
 
Fue para darle una mano, obvio. Pero también sirvió para obligarme a ver si por fin podía comprar casa cuando volviera.
 
Y cuando volví ahí estaba ella, esperándome.
 
Ella: la casa que siempre quise tener.
 
Ella: antigua y desmesurada; sus techos intachables, su vitral señorial, su escalera de mármol cegador, sus pisos de sonoro pinotea.
 
Y sobre todo su ubicación: avenida Cerri, frente a una estación de trenes que me enamoró desde que el abuelo me la hizo conocer cuando yo apenas si caminaba.
 
Para mí es una zona encantada. Lo digo en serio, eh.
 
Es, aún, razonablemente serena aunque está muy cerca del centro. Conserva cierta sombra centenaria, orgullosa. Y cierta bohemia oxidada. Y cierta nostalgia de cuando bombeaba a la ciudad con el ferrocarril marcando el paso.
 
También es cierto que desde hace décadas se ha acostumbrado al pulso bajito.
 
Pero a mí qué me importa.
 
En breve (cuando después de tres años de angustiante espera concluyan las refacciones en mi casa) podré tomarme un buen cabernet sauvignon parado encima de la mesita que usó Gardel en el histórico bar Miravalles, mirando hacia la estación desde un ventanal enorme, el tren saludándome con un bocinazo.


martes, 22 de noviembre de 2011

776. Minicrónica tuitera (2): "Zurlo: cascarrabias, divertido, audaz"


1) Osvaldo Zurlo tenía 85 años y un mojón vital inolvidable: el 2 de abril de 1982 cubrió como fotógrafo la recuperación de Malvinas.


2) No fue el único periodista que viajó con la tropa. También, su compañero de LNP Salvador Fernández y José Camarotti, de La Razón.




4) Zurlo: cascarrabias, divertido, audaz. Para llegar al diario con sus imágenes exclusivas de las islas, se hizo pasar por oficial militar.


5) Era el más viejo de los tres reporteros que formaron parte de la "Operación Rosario". Fue el último en morirse






jueves, 27 de octubre de 2011

775. El gigante sensible que llora con "El rey león"




Vos lo ves en la cancha, muy musculoso e intimidatorio con sus 2 metros y 6 centímetros...


... y decí la verdad: jamás vas a pensar que Jerome Meyinsse, el estadounidense que juega en Bahía Estudiantes, es capaz de llorar una y otra vez con El rey león.

Y sin embargo...

-Cuando me enteré de que en mi país la película salía en 3D sólo por dos semanas mientras yo estaba en la Argentina, se me llenaron los ojos de lágrimas -dice el basquetbolista de 22 años, que promedia 20,6 puntos y 7,9 rebotes en 9 partidos-. Pensé seriamente en viajar a los Estados Unidos para verla.

No es broma, eh: asegura que se conoce de memoria cada línea de la película. Jerome se calmó únicamente cuando le confirmaron que se estrenaría también en nuestro país, aunque doblada.

-Entonces supe para qué había empezado a estudiar español: para ver y entender El rey león.

El 12 de octubre Jerome fue al cine acá en Bahía. Llegó 20 minutos antes de que comenzara la película, pidió una entrada, pagó 25 pesos, se puso los lentes 3D y se sentó en una butaca. Estaba solo en la sala.


-Estaba tan feliz como se puede estar -dice Jerome en su blog titulado "Aventuras en el extranjero", donde normalmente relata episodios de su carrera fuera del país aunque esta vez se dedica a opinar sobre las canciones, las voces de los personajes y la experiencia 3D de El rey león.

Por ejemplo, el tema traducido que más le gustó es Hakuna Matata. Y le pareció "consistente" que Simba sonara "como una nena".

-Lloré otra vez cuando Mufasa murió -cuenta-. En español es tan triste como en inglés.

Ese día, al salir del cine bahiense, Jerome dijo en Twitter: "Todos mis sueños se hicieron realidad en 3D"







(Fotos: Juan Corral-LNP y y2jerome.blogspot.com. Publicado hoy en lanueva.com.)

miércoles, 12 de octubre de 2011

774. Ellos son distintos


El programa irá todos los miércoles de 21:30 a 22:30 por AM 840. Produce periodísticamente otro capo: Eduardo Cocho López.

En lanueva.com filmamos el estreno y a partir de mañana se los podrá ver en acción cada jueves bien temprano.

Escribí esto para presentar el nuevo contenido:


   Cuando se confirmó que el Negro y Walter irían a cubrir el Mundial de fútbol 2010, también se confirmó que tendríamos en lanueva.com una cobertura 100% distinta. Porque ellos son distintos.

   Sus miradas tienen un sello propio, atractivo y convocante desde hace varias décadas: uno desde el papel de La Nueva Provincia y otro desde el micrófono de LU2.

   Nunca habían hecho algo juntos, hasta que se montó "Una mesa Mundial" en lanueva.com desde Sudáfrica. Y fue como jugar el partido periodístico con Messi y Maradona en el mismo equipo. Un afano.

   En esa onda laboral y personal que generaron el Negro y Walter aquella vez hay que buscar el germen de esto que se llama Fútbol cara a cara.

   Que es otro producto 100% distinto: otro afano.




Actualización: en lanueva.com/futbol se pueden ver los programas.

jueves, 29 de septiembre de 2011

773. Minicrónica tuitera (1): "River en Montevideo 1995"

1) En 1995 viajé a Uruguay para ver a River contra Peñarol en el Centenario de Montevideo, por la Libertadores. Fui solo. Tenía 20 años.

2) El tipo de Migraciones no me dejaba salir del país. El ferry se iba. "¿No hay manera de arreglarlo?", le dije. Y hubo: $ 20 de cometa.

3) Éramos una banda, y cantamos todo el viaje hasta Colonia. Tres horitas para cruzar el río. Después nos tomamos un bondi a Montevideo.

4) Conocí a un par de pibes, que antes del partido me sacaron una foto al lado de mi trapo colgado del Centenario: "Abel, Bahía Blanca".

5) El estadio estaba repleto y había más o menos 0,63 termo por cada uruguayo. Terminó 1-1. El gol de River lo hizo el enorme Francescoli.

6) A la salida, Los Borrachos del Tablón se afanaron unas cuantas banderas de Peñarol. La barrabrava "manya" se enteró y nos fue a buscar.

7) Íbamos en el micro a Colonia para tomar el ferry y de pronto se cruzaron en la ruta 2 autos. Se bajaron unos tipos y nos cagaron a tiros.

8) Fueron unos minutos de un pánico tremendo. Todos en el piso; sonaban las balas, estallaban los vidrios... Hasta que cayó la policía.

9) Con escolta y muy alterados, llegamos a Colonia y tomamos el ferry de vuelta. En Buenos Aires, la madrugada nos recibió con más balazos.

10) Eran hinchas de Independiente, que jugaba esa noche en Uruguay contra Cerro. No los habían dejado viajar y se desquitaban con nosotros.

11) Prefectura cortó el quilombo, y por fin terminó la pesadilla. Esa misma noche me tomé el bondi a Bahía: aturdido, pero sin un rasguño.

12) Hoy recibí un correo. Asunto: "River en Montevideo 1995". No ubiqué al remitente: "Soy aquel que conociste cuando nos cagaron a tiros".

13) Era "Beto", uno de los pibes que me sacaron la foto aquella vez. Habíamos perdido contacto; me googleó y encontró después de ¡16 años!

14) "Beto" está de paso por Bahía. Y se acordó de mí, andá a saber por qué. En un rato, cuando estemos tomando cerveza, le voy a preguntar.


miércoles, 31 de agosto de 2011

772. Entrarle a ella


Dice mi amigo:

-Este es el salón preferido de La Señora.

Lo dice de una forma tal que resulta imperioso escribir La Señora con mayúsculas iniciales.

-¿La Señora, decís?

-Sí. La Señora. Así le gusta que le digan y así le dicen, acá.

"Acá" es la Casa Rosada.


Siempre me resultó fascinante, ella.

Ojo: me refiero a la Casa Rosada, no a la presidenta.

Cuando la vi por primera vez, con ojos de pibe del Interior, me pareció feíto su color: era de nena, y adentro había un hombre que manejaba el país. Por entonces a nadie se le cruzaba la posibilidad de La Señora.

Hace 10 años -ya de grande, de periodista y de vecino porteño- pensé que mientras cursaba la maestría sería interesante acreditarme por el diario y reportar desde ahí dentro. Arranqué el trámite pero se cortó abruptamente a fines de ese año. También una sensación de futuro se cortó por esa época.

Y así fue como me perdí aquel helicóptero despegando desde el techo. El 19 y 20 de diciembre de 2001, desde la otra punta de la Plaza de Mayo, apenas se adivinaba la Casa Rosada detrás del humo y el miedo.


Pero eso pasó hace una década (que a veces se siente como un siglo) y ahí la tenés a ella, erguidita pese a todo, bastante maquillada y arreglada, muy atractiva. Dan ganas de entrarle.

Ojo: me refiero a la Casa Rosada, no a la presidenta.

Y como tengo un amigo que trabaja ahí, el otro día aproveché y le entré. Estas son algunas de las cositas que vi:

[La vista de la plaza desde el balcón 
de los imberbes y el festejo mundial.]


[El "patio de las palmeras".]


 [El Salón Blanco.]


[Dos granaderos que parecían
alfiles en un tablero deforme.]


 [El cuadro de César Milstein, 
Premio Nobel y #OrgulloBahiense.]



miércoles, 29 de junio de 2011

770. Lorenzo de Bahía


El lunes en lanueva.com estrenamos una videoentrevista al locutor y animador Lorenzo Natali, en la que abordó ciertos temas públicamente por primera vez. Como presentación hice el siguiente texto:


Acá decís "Lorenzo" y el 99% de la gente sabe de quién hablás. El resto probablemente viva en un sorrentino con living y comedor, pero sin electrodomésticos.

Se explica: desde hace 25 años Lorenzo Natali (Ingeniero White, 16 de diciembre de 1956) conduce el programa más escuchado de la radio más escuchada de Bahía Blanca y la zona. Y también ha hecho y hace tele: entonces, además, casi todos le pueden poner cara al nombre.

Lorenzo tenía 29 cuando en 1986 le dieron la mañana de LU2 y arrancó Bienvenidos. Cuando empezó a jugar en Primera.

Esa metáfora le pertenece. Confiesa que de pibe soñaba con ser futbolista y por eso la pelota va y viene al repasar su trayectoria en los medios.

Dice que en LU2 "juegan los mejores". Dice que en su labor se siente "como el viejo centrojás que distribuye el juego". Dice que la fama le dio una buena mano con las mujeres, pero "hay que jugar el partido mano a mano".

Pero en la charla con Lorenzo aparecen incluso más sus giros pomposos, sus acrobacias de lenguaje, sus... Bah, digámoslo sin giros ni acrobacias: el hombre es medio rebuscado para hablar. Es capaz de decir "Estoy en condiciones de dirigirme de manera presurosa en este instante a la calidez de mi hogar" en vez de "Me voy ya para casa".

-Es una condición natural -se ríe-: la tendencia a la sanata. Me sale así. Soy barroco en mi estilo expresivo.

Casado con María Asunción; papá de Emiliana, Amparo y Lorenzo; simpatizante de Boca y de Comercial; más de 35 años en el éter: bienvenidos a Lorenzo.