viernes, 21 de diciembre de 2012

804. Dude, Where's My Pants?


Llegué a Washington unos días antes de que arrancara el programa del Departamento de Estado y el International Center For Journalists mediante el cual me invitaron a cubrir las elecciones presidenciales.

Especialmente mandé temprano para ver al gran John Kelly, columnista del Post y un amigo que me dio aquella experiencia inolvidable que hice en la Universidad de Oxford durante 2007 y 2008.

Y también para agenciarme un buen traje a buen precio.

John me acompañó a recorrer algunos shoppings y malls del DC y alrededores durante... CASI 9 HORAS. Pero finalmente lo conseguí. Sólo había que arreglar un toque el largo del pantalón.

En el mismo local (el Burlington Coat Factory del City Place) había un sastre: era un negro de unos 60 años, grandote, pelado, nacido en Trinidad y Tobago, que se reía demasiado. Según dijo, había estudiado en Parsons, una universidad privada neoyorquina que está entre las más prestigiosas escuelas de arte y diseño del mundo. Me resultó raro que el tipo hubiera terminado laburando en un shopping cualquiera, pero bué, al menos se suponía que mi traje estaba en buenas manos.

Porque además me tiró un precio bastante Parsons para hacer el arreglito pedorro ese: 36 dólares. Ah, y me dijo que iba a estar recién en CUATRO días.

La cuestión es que me fui tranquilo a New York para visitar al crack de Hernán Iglesias Illa, periodista y escritor. Total, al volver iba a tener mi buen traje listo justo para el comienzo del programa.

Al volver no estaba listo:

-Dice el sastre que perdió tu pantalón -me dijo John, que suele ser un tipo MUY gracioso.

-Dale, no me jodas...

-Es en serio.

-Daleeeeeee.

-¡En serio!

Y era en serio, nomás. El fucking sastre trinitense supuestamente educado en la fucking Parsons había perdido mi pantalón. En un país serio estas cosas no pasan.

Lo fuimos a ver, con el enojo y la urgencia del caso. Ahí mismo me hizo probar otro, me lo midió, me lo arregló y me lo llevé.

Al día siguiente me dispuse a compadrear mi buen traje. Todo iba perfecto hasta que en un momento me agaché y sentí el crisssshhhhhh de rigor cuando algo se rompe.

No volví a usar el pantalón hasta que Barack Obama visitó Las Vegas. Un poco por bronca y mucho porque no tenía guita ni tiempo para mandarlo de nuevo a arreglar.

Y así fue cómo el 1º de noviembre de 2012 tuve enfrente al presidente de los Estados Unidos luciendo un agujero en el pantalón de mi buen traje a la altura del culo.

Si no se notó fue porque tomé la precaución protocolar de usar un calzoncillo al tono. Nadie me dijo nada, así que considero que se trató de una operación exitosa.


Con su desopilante estilo, John se ocupó de contar en el Washington Post la primera parte de esta historia: es decir, lo que costó conseguir mi buen traje. De hecho, es él quien calcula que pateamos 9 horitas. Y también dice, el muy atorrante:

"Le tengo la campera a Abel mientras va al probador. Cuando sale, aliso los hombros del saco. Lo veo girar frente al espejo triple. Tiro de la presilla del pantalón para ver cómo le queda de cintura. Somos una pareja bonita haciendo las compras".







(Nota: esta es la segunda vez que salgo en el Post. En 2010 John hizo una columna sobre cómo entré en EE.UU. de la mano de Miss Argentina.)


BONUS TRACK (?): "Dude, Where's My Pants" es un juego pavo y entretenido. Básicamente, tenés que esconderte para que la gente no te vea en calzones... En fin: podés jugar acá, por ejemplo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

803. El 38 está cargado

No le puse balas, pero sí Old Hooky y Old Speckled Hen (que me traje de Londres hace UN AÑO) y una vieja séibol para contrarrestar esta vejez.

Y arranqué el detestable cumpleaños con un asado y pasando la noche por primera vez en la vieja casa que compré hace cuatro años y tanto me costó refaccionar, y me tomé el día en el laburo y escabié y morfé rico y miré deportes en HD recién instaladito y me clavé un siestón y demasiada gente me compartió buena onda.

Así que no todo está tan mal, vamos, viejo.

martes, 27 de noviembre de 2012

802. Una barbaridad de #OrgulloBahiense

[Publicado originalmente

No pude convencer al amigo bahiense José Bogado ("Cabezón" al fin) ni siquiera diciéndole que se podía conseguir entrada y que ver a Emanuel Ginóbili en la NBA era como un gran regalo para su cumpleaños.

Es que era, además, una barbaridad de viaje: de Washington al aeropuerto de Baltimore, de ahí un avión a Philadelphia y otro a Los Angeles, ir al partido Lakers-Spurs y esa misma madrugada pegar el regreso, Los Angeles-Philadelphia-Baltimore-Washington.


Era cruzarse Estados Unidos ida y vuelta en un día y medio; era pasar más tiempo en el aire que en la ciudad californiana. Era gastar unos cuantos dólares. ¡Y era martes 13!
 

Pero eso fue exactamente lo que hice.

Por eso casi me desmayo cuando al llegar a Los Angeles el periodista bahiense Javier Domínguez me avisó vía Twitter que "Manu" estaba en duda por un recurrente dolor de espalda.


No podía tener tanta...


Fui al hostel en el centro angelino, me pegué una ducha y arranqué rumbo al estadio Staples Center. Llegué dos horas antes del partido y mandé derecho al parqué, donde ya algunos jugadores tiraban al aro o calentaban.


Entonces lo vi a "Manu", cerca de la mitad de la cancha, estirando. Vi su cara de dolor, también.


-Puede ser el día más triste de mi vida si no jugás -le dije.


"Manu" sonrió, se incorporó y se acercó a saludar:
 

-Todavía no sé si voy a poder...
 

La media hora siguiente se ocupó con una secuencia repetida hasta la desesperación: "Manu" estiraba, "Manu" ponía cara de dolor, me dolía más a mí que a él.
 

Hasta que me dijo:
 

-Yo estoy. Ahora depende del técnico.
 

Lo escuchó el periodista Mike Monroe, histórico seguidor de San Antonio:
 

-Si tengo que apostar, no va a jugar -me dijo-. El entrenador Gregg Popovich es muy cauteloso: no le gusta arriesgar.
 

Tal vez se dio cuenta de mi tristeza cuando le dije sutilmente "Me hago el harakiri" y por eso Monroe, de 65 años, me contó que quiere retirarse junto con "Manu":
 

-Es el jugador más competitivo de la historia del básquetbol.
 

-¡Epa! ¿Más que Michael Jordan!
 

-Yo creo que sí. O al menos tan competitivo como Jordan.
 

-Enorme elogio. Igual, Mike querido, lo que necesito es que "Manu" compita HOY.
 

Todo muy lindo el show: la presentación de los Lakers en las pantallas gigantes ("16 campeonatos de la NBA: la tradición continúa"), la nenita Athena de 11 años cantando el himno, 20 mil personas alentando, ¡LAS PORRISTAS!, Kobe Bryant, Dwight Howard, Pau Gasol, el palco de prensa, la cerveza y los pochoclos. Todo muy lindo el show, pero empezó el partido y el "20" de los Spurs hacía banco.
 

Encima arrancó 10-2 arriba San Antonio. El DT Popovich no necesitaba a "Manu". Aunque los Lakers (una banda de talento bastante lejos de las expectativas, por ahora) despertaron y cachetearon con un parcial de 16-2.
 

Entonces vi el gesto de Popovich, vi a "Manu" prepararse para entrar y finalmente vi al "20" en la cancha. Estaba hecho: vi a Ginóbili en el torneo bahiense, en la Liga Nacional, en Europa, en la selección y ahora en la NBA.
 

No tuvo un buen partido: hizo 1-8 en tiros de campo (0-4 en triples), un rebote, 3 asistencias y 2 pérdidas en 18m44s. Y a mí qué. Dio -se notaba- muchas ventajas físicas, e igual los Spurs ganaron 84-82.
 

Con mi credencial (gestionada gracias al gran Álvaro Martín de ESPN) tenía acceso a vestuarios así que encaré inmediatamente. Pero faltaba para que abrieran las puertas.
 

En eso pasó el francés Tony Parker: me dijo que quiere venir a Bahía. Y por ahí salió Popovich, habló con la prensa y luego mano a mano le pregunté por "Manu":
 

-Estaba al 60%, pero quería probar y jugó. Ya lo conocés: es un duro.
 

"¡Aaaaaahhhhhhh!", escuché, ya dentro del vestuario, mientras unos se cambiaban y otros se duchaban. "Manu" no aparecía por ningún lado.
 

"¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH!"
 

Los alaridos venían de un cuartito. Alguien estaba sufriendo ahí dentro.
 

DeJuan Blair abrió la puerta, se asomó, puso cara de sorpresa, cerró.
 

-¿Es "Manu" el que grita?
 

-Ni idea -me contestó, simpatiquísimo.
 

A los pocos minutos salió "Manu" del cuartito.
 

-¡¿Eras vos?!
 

-Je, sí. Me estaban sacando los puntos del ojo -dijo. Eran tres, abajo del izquierdo-. ¿Charlamos?
 

Nos sentamos cerca de su taquilla. Y se acercaron varios colegas: todos querían entrevistarlo.
 

-Primero él -les avisó "Manu", señalándome.
 

Casi exploto de #OrgulloBahiense.
 

Charlamos un rato. Algo del partido y su lesión ("Me faltó fuerza y balance", "Estoy impaciente por recuperarme"). Y bastante de otras cosas, como su futuro y la familia. Pero esto sin grabador, en off . Lo cual no implica "modo amistad on".
 

Conozco a "Manu" desde hace 20 años: desde que era demasiado flaquito y debutaba en la Primera de su Bahiense del Norte; incluso le hice la primera nota. Pero no soy amigo. Nos saludamos con beso y abrazo y sonrisa; hay cierta buena onda, cierto respeto. Y también cierta distancia, que "Manu" siempre pone como quien tira un gancho, y yo nunca supe cómo acortar ni forcé. Buena onda, respeto. Es "Manu".

 Y para mí ese martes 13 de noviembre de 2012, en Los Angeles contra los Lakers, "Manu" jugó para mí.

jueves, 8 de noviembre de 2012

801. Serie "Querido diario": Día 15: REPOTUS

(Desde Las Vegas)
Estados Unidos vota 2012

Hay un colectivo turístico que conecta el Strip de Las Vegas (donde están los famosos hoteles-casinos) y el centro. Lo bautizaron "The Deuce" porque tiene dos pisos, une las dos principales áreas de juego y cuando arrancó, en 2005, el viaje salía dos dólares.

Iba en ese micro que ahora cuesta el doble rumbo al Mandalay Bay, el búnker demócrata de Nevada, cuando publiqué en Twitter: "Estoy cruzando el Strip de Las Vegas. La gente está enloquecida con las elecciones".

Fue irónico, claro: por la ventanilla se veía apenas otro día normal para esta ciudad anormal, siempre preparadita para complacerte.

Justo a la altura del Venetian, que operó como cuartel general republicano gracias al préstamo simpático de su dueño Sheldon Adelson, el 12º hombre más rico del país, una pantalla gigante opacada por el exceso lumínico de alrededor mostraba la cara sonriente del presidente y una frase: "Obama gana".

Aunque acá en el oeste estadounidense las mesas recién habían cerrado, del otro lado del país llegaban números teñidos de azul demócrata en estados clave como Ohio, Wisconsin, Iowa, Michigan, Pennsylvania, y Barack Obama se transformaba en el REPOTUS: Re-Elected President Of The United States.

"Cuatro años más."

El búnker del Mandalay Bay estallaba, asépticamente gringo, cada vez que alguna cadena de TV salía en vivo para compartir el festejo de Nevada, donde los latinos portaban pancartas que decían "Nosotros decidimos".

Con razón: 7 de cada 10 hispanos volvieron a acompañar al presidente y resultaron otra vez relevantes para el triunfo (y esta vez aún más porque crecieron en el electorado), junto con las mujeres, los negros y los jóvenes. El republicano Mitt Romney tuvo la base con la que ya no se obtiene el poder en este país igualmente partido en dos: los blancos y los adultos mayores.

"¡Es todo nuestro!", me gritaba, alguito exagerado, un líder de la comunidad a nivel local. A la mañana me había anticipado lo que ocurrió: los latinos fueron masivamente a las urnas e incluso en Nevada, donde son al menos un cuarto de la población, empujaron para conseguir un récord de asistencia. El estado de las apuestas se agenció su primer millón y así superó la marca de 970.019 votos de hace cuatro años.

Secándose el sudor con la manga derecha del saco de un traje negro a rayas que lucía caro ("¡Pero no, lo saqué por 150 dólares...!") y luego de tomarse fotos con dos rubias de busto alguito exagerado, el senador estatal Ruben Kihuen, nacido en México hace 32 años y estrella ascendente en el cielo demócrata, me repitió, exultante, algo que oí bastante en estos días:

—Dentro de poco vamos a tener un presidente latino, ya verás.

Bueno, ojalá lo pueda ver, en vivo y en directo, como me tocó ver esto: la Historia sucediendo. Fue una experiencia inolvidable y conmovedora, profesional y personalmente.

Ahora, desde Las Vegas, digo, con más pena que alivio por el cierre de un trabajo por momentos bastante áspero, game over.

Y digo, sobre todo, GRACIAS:

-Al gobierno estadounidense (mediante el Departamento de Estado y la embajada en Buenos Aires, con el bahiense Oliver Galak) y al Centro Internacional para Periodistas (ICFJ), por elegirme y bancarme para venir a cubrir las elecciones.

-A mis compañeros del papel y sobre todo de lanueva.com, porque con paciencia y dedicación mejoraron mi trabajo. También a los muchachos de LU2 por no llamarme tantas veces a la madrugada, teniendo en cuenta las 5 horas de diferencia pero más mis evidentes limitaciones para salir bien al aire.

-A la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que al autorizarme míseros 480 dólares para este viaje me ayudó a aprender una lección de supervivencia.

-A los colegas del diario Las Vegas Review-Journal, donde me dieron buena onda y condiciones óptimas para hacer el laburo.

-Y finalmente (para no desentonar) a lo REPOTUS Barack Obama les digo gracias a ustedes: por leer, ver y escuchar lo que tenía para contar, y por tantos mensajes críticos y elogiosos.

Hasta la próxima.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

800. Serie "Querido diario": Día 14: Movilizados

(Desde Las Vegas)
Estados Unidos vota 2012

Son apenas las 8:30, pero suena I Feel Good de James Brown y el salón de la sede 525 del gremio de los plomeros en el bulevar Lamb de Las Vegas está lleno de entusiastas remeras violetas. Parece una convención de vacas Milka, sólo que las leyendas impresas dicen "Vote Obama, vote por el 99%" y cosas por el estilo, más la sigla SEIU.

Se trata del Service Employees International Union, o sea el Sindicato Internacional de los Empleados de Servicios. Es el gremio que más crece en este país. Ya tiene 2,1 millones de afiliados entre los Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico: porteros, enfermeros, choferes, trabajadores estatales, de limpieza y mantenimiento, entre otros. El 23% es latino.

Y el líder es Eliseo Medina, un mexicano de 66 años que arrancó su militancia a los 19, en 1965, cuando se entregó a las vides de Delano (California), donde se producían tres de cada cuatro uvas que aparecían en las mesas del mundo.

Cuando Eliseo irrumpe por una puerta del costado, los Milkas se paran y lo ovacionan. Canoso, de lentes, sonrisa instantánea, agarra el micrófono y grita, en inglés: 

—¡Vamos a hacer historia! ¡Vamos a mandar a Romney a su casa!

Y dice lo que a todos acá conmueve, moviliza, fortalece, ilusiona: que si uno trabaja duro, ya le tocará su porción del sueño americano. Cierra el puño y levanta el brazo:

—¡Vamos a darles! —grita Eliseo, y gritan todos los Milkas conmovidos, movilizados, fortalecidos, ilusionados: van caminar las calles y golpear las puertas de Las Vegas para que la gente vaya a votar por el presidente Barack Obama, porque sólo él puede garantizar que a cada uno le toque su porción del sueño americano.


Estados Unidos vota 2012

El gremio SEIU, según Eliseo, sacó a la calle unos 100.000 Milkas y gastó, "fácil", unos 60 millones de dólares para apoyar a Obama contra el republicano Mitt Romney.

—Vamos, pues, ¡a darles hasta debajo de la lengua! —arenga—. Si no votamos, nos botan. 

La camioneta se frena en un complejo de departamentos en East Harmony. Los voluntarios/os Milkas se ponen a recorrerlo con ganas. Por supuesto, les pagan todo para gastar las suelas de sus zapatillas. No parecen hacerlo por el Big Mac y la Coca con refill, sin embargo.

—Yo no soy ciudadana y por eso no puedo votar, pero ayudo lo mismo porque me interesa la política y se hace la diferencia —me cuenta Grey, una salvadoreña que limpia edificios en Los Ángeles—. Aquí no venimos a convencer a nadie, sino a recordar que hay que hacerse oír.

Mientras tanto, Eliseo Medina atiende llamados del diario The New York Times, de radios de Texas y de California, y vienen a entrevistarlo del popular canal latino Univisión, cuyo periodista Jaime García, un mexicano que lleva 30 años en el país, le pregunta por las acusaciones que hicieron los republicanos al relacionar al gremio SEIU con el uso de indocumentados en roles electorales: "Quieren confundir a nuestra gente; son patadas de ahogados porque saben que no los apoyamos", dice el sindicalista.

Jaime le cree: "Es ridículo, ¿cómo un indocumentado iría a exponer su nombre así? ¡Se dispararía en el pie! Quien no tiene papeles quiere ser un fantasma".


Estados Unidos vota 2012

—Mira —pide Eliseo. Con sus manos de laburante me señala las suelas gastadas de sus zapatos negros—. Cuando llegué a los Estados Unidos no hablaba ni pizca de inglés; tuve que dejar la escuela e ir a trabajar al campo. Hoy mi hija Elena se graduó de abogada en la Universidad de Harvard.

Ya desde hace un tiempo Eliseo no labura con sus manos: vive de su puesto como secretario-tesorero del gremio y maneja una caja anual de unos 300 millones de dólares: "Cuido los centavitos", dice. Le pregunto cuánto cobra y se pone algo incómodo: "Búscalo tú", me sugiere. Pero cómo no: en 2011, querido Eliseo, embolsaste 330.503 dólares. Es decir, 27.541,92 dólares por mes. Por esa guita, querido Eliseo, yo te cultivo uvas vendado y con los codos.

Cuidando los centavitos, con esos recursos propios Eliseo se dio el gusto de fundar "Mi Familia Vota", una entidad dedicada a alentar la participación cívica de la comunidad latina.

—Oye, vine a Las Vegas porque aquí el voto latino decide todo y se necesita dar un mensaje fuerte. Obama gana por el voto latino. Y queremos que lo sepa, así toma el liderazgo y resuelve los problemas nuestra gente.

El principal, según Eliseo, es la cantidad de indocumentados: 7 millones de los 11 que hay en el país son latinos. Sin ir más lejos, su propia sobrina María es una: "Por eso digo: si atacan a los inmigrantes, atacan a nuestras familias".

—Los republicanos no entienden a nuestra gente. Y la usan como chivo expiatorio para movilizar a su base más derechista. Nos subestiman: piensan que si dicen las cosas en inglés no nos vamos a dar cuenta. Pero esos ataques nos unen. Antes había división de acuerdo con el país del que veníamos. Ahora no: estamos juntos en la misma causa. Encima, no saben que estamos acostumbrados al sacrificio: luchamos y no nos acobardamos, porque no nos queda otra. Los republicanos tratan de tapar el sol con un dedo. Y eso es imposible. Este proceso es irreversible.

—¿Qué proceso?

—Un cuarto de los niños que nacen en los Estados Unidos es latino. Cada mes, 50.000 latinos cumplen 18 años y están en condiciones de votar. Para 2014 se sumarán al electorado 1.200.000 jóvenes. Para 2016 habrá 2,5 millones de latinos más. Están obligados a prestarnos atención. Son tiempos excitantes para nuestra comunidad. Podemos cambiar el curso de este país.

—¿Y para cuándo entonces un presidente latino?

—A más tardar en 2050. Ya nació, no tengo dudas. Sólo que no sabemos quién es.