domingo, 10 de febrero de 2008

247. SMS N° 51

(Desde Hokksund)

Por fin, después de más de un año, me encontré con Donald. Fue en la estación central de Oslo, ayer, en un mediodía soleado y fresco. Recorrimos la capital unas horas y a la noche nos juntamos con otros dos argentinos, Federico (también bahiense) y Alejandro (porteño), muy piolas. Tomamos unos tragos y fuimos a seguirla a una fiesta en el departamento de una vikinga enorme. [Corchetes piadosos.] Hoy vinimos a la casa de Donald, en este pueblo nevado de unos ocho mil habitantes que queda a una hora de Oslo. Pasamos toda la tarde en estado alfa mirando el segundo capítulo de Lost, alguno de The Office y otros de Héroes. Acabo de ver la victoria de River por un canal israelí (?). Y me voy a torrar porque me derrumbo lastimosamente: mañana The Cure sanará todo.

viernes, 8 de febrero de 2008

246. Ser o no Cerdeña (3)

(Desde Oxford)



Dicho sea de paso, todavía no sé y no entiendo por qué en castellano es Cerdeña, con ce, si el original es Sardigna o Sardinna y en italiano es Sardegna y el gentilicio es sardo (y no cerdo, que sería más coherente con la incoherencia) y no hay que olvidarse de las sardinas y la sardonia es una planta cuyo jugo aplicado en la cara produce una mueca que da risa y de ahí viene lo de la risa sardónica y me acuerdo de una compañera en la Escuela 4 -buena, alta, silenciosa: mi compañera- que se apellidaba Sardi.

El regalito consistió en diez días en una isla paradisíaca en serio: "paradisíaco" es un adjetivo bastardeado, manoseado, pero a mi cabeza no se le ocurre otro más ajustado. Sólo pensar en ese agua con manchones verdes, turquesas, azules, celestes...

Por algo yo, que nací sin el gen asiático y jamás pude comprender cómo hay gente que se preocupa más por fotografiar un momento que por vivirlo, me volví con 213 fotos en el celular.

Casi todo pueblo dominador en la Historia la quiso y la tuvo: Cerdeña fue fenicia, cartaginesa, romana, bizantina, árabe, aragonesa. Son 24.000 kilómetros cuadrados en el Mediterráneo, o sea como diez Bahía Blanca o como un décimo de la provincia de Buenos Aires.

Me la recorrí bastante: al auto le hice más de 1.500 kilómetros en una semana y pasé por una treintena de ciudades, poblados, playas, golfos e islas. Aunque me quedé en tres sitios: Cagliari, la capital sureña; el archipiélago norteño de La Maddalena y Alghero, el enclave catalán del noroeste.


Después de ese atardecer

y noche cagliaritani, con una pizza notable mitad provola affumicata mitad sarda finita quemadita llenita de mozzarella escuchando a Los Beatles en un bar con paredes del siglo XIII, el domingo temprano caminé por el centro histórico y llegué al puerto, donde me encontré con un sinvergüenza

y con un entrelazado feo y con olor a viejo.

Iba para la cancha del Cagliari, que se llama Stadio Sant'Elia y queda cruzando un río y de un lado tiene el mar

y del otro, la montaña.

Me clavé un gelato di chocolato y pompelmo rosa y me agencié unos pistachos. Ya adentro, charlé un rato con un par de carabinieri (lejos, los policías con más onda del mundo: la pilcha se las diseña Armani...)

y antes del partido entre el local y el Napoli enganché al Bati Larrivey -desde que llegó no le hace un gol ni al golfo- y al Pocho Lavezzi -ya ídolo donde Maradona es dios.

En Cagliari odian a los napolitanos. El equipo no tiene clásico en el Calcio ni tampoco mucha esperanza de salvarse del descenso: hasta ese día llevaban dos victorias en 20 partidos, últimos cómodos.

Encima Napoli, haciendo la conservadora que parece regla en el fútbol italiano, pegó una contra de pedo y se puso 1-0. Ah, la que se venía... Los sardos no están mal pero acostumbráos, como Inodoro: empezaron a putear al presidente del club, a los jugadores, al cielo, a los santos, a la virgen. Hasta que...

El árbitro adicionó cuatro minutos. A los 47 llegó el empate carambolesco. Y a los 49, el delirio. 2-1 épico, descontrolado, venial, inolvidable.

Los pibes que tenía a mi alrededor me abrazaban, me decían que yo era la suerte, qué odio Napoli, se colgaban de las barandas, saltaban sobre las sillas, les daban gracias a los jugadores, al cielo, a los santos, a la virgen: a todos, menos al presidente.


Me insistieron tanto en que yo era la suerte (me pagaron tantas cervezas) que por las dudas fui al bingo.

En el bingo había un cuarto de cuarta para fumadores. En el cuarto, unos veinte fumadores y entre ellos, una mujer de 40 y pico con su hijo de siete.

-Lo traigo para que aprenda los números -me dijo, sin sacar la vista del cartón aunque todavía no empezaba la vuelta.

-¿Y si el chico te sale jugador?

-Y... ¡¡saldrá a la mamma!!

Me miró como si yo fuera napolitano. Me senté lejos de ella y empecé a cartonear.

Y nada.

De nada.

Pero nada, ¿eh?

Siempre me quedaban dos o tres números.

Ni siquiera una línea, que en Italia se dice cinquina (pronúnciese "chincuina").

La sala cerraba a las ocho y se iba vaciando. Anunciaron la anteúltima jugada. Tres cartones por tres euros. Ma' sí.

El 70. Cantá el 70, la puta que te parió. 70, 70, 70.

-Settanta: sette, zero.

-¡¡Chincuina, CARAJO!!

La pegué. Cartón N° 2.308: 13, 26, 42, 58 y 70. Línea correcta, ¿alguna línea más?, la jugada queda cerrada con una línea correcta. Tomá. Me trajeron la banderita y todo. Total premio: 2,28 euros. Andá a cagar.

El 25. Dale, qué te cuesta, decí 25. No, 23 no, hija de puta. 25. ¿Qué parte de "25" no entendés, eh? Dale, perra. Ventichincue.

-Venticinque.

-¡¡Bingo!! ¡¡Bingo, LA PUTA QUE TE PARIÓ!! ¡¡BINGO!!

No sé por qué, mi grito hizo cagar de risa a la gente. (Menos la mamá fumadora-jugadora.) Cartón N° 2.306: 7, 8, 18, 19, 20, 25, 29, 34, 45, 57, 65, 69, 76, 79, 84. La jugada queda cerrada con un bingo correcto. Sí, el mío, pagame. 18 euros con 20 centavos. Porca miseria.

Pero quién me quita la bingueada.

miércoles, 6 de febrero de 2008

245. Oslo digo en serio

(Desde Oxford)

El sonidito del SMS entrante a las 9 y pico de la mañana interrumpió mi repaso de En busca del tiempo perdido. O quizá estaba durmiendo.

Andá sacando pasajes,
ya conseguí las entradas!!
Y si todo va bien tenemos fiesta
en Oslo el sábado a la noche!!
Kiuman.


Kiuman es mi amigo Donald, vecino escandinavo y a esta altura claramente vikinguizado. No lo veo desde hace más de un año, porque esta vez cuando él volvió a Bahía para las fiestas yo andaba acá rodeado de asiáticos navideños y luego haciendo la Escocia con My friend Yao.

Habíamos hablado de juntarnos apenas volviera: allá en Noruega o en otro punto europeo, daba lo mismo. Un par de semanas atrás le dije que justo en Oslo el 11 de febrero tocaba The Cure, la única banda vigente que me saca y todavía no pude ver en vivo. "Fijate -le dije-: si pegás entradas, mando como loco."


Alabadas sean las aerolíneas de bajo costo.

Londres (Stansted)-Oslo (Torp), vuelo 34, sábado 9 de febrero, 6:30.

Y encima todo fue bien y hay fiesta.

Pórtense bien, rubias de costumbres elásticas.

martes, 5 de febrero de 2008

244. Ser o no Cerdeña (2)

(Desde Oxford)


Arrivederci, Cerdeña.


Molto piacere. Grazie mille.

sábado, 2 de febrero de 2008

243. SMS N° 50

(Desde Alghero)

Perdón por tanto silencio: podría echarle la culpa a la belleza, pero paso. Resulta que en esta isla es difícil conseguir un sitio de Internet porque todo el mundo tiene (hasta en el celular). Y cuando encontrás uno, la hora cuesta... cinco euros, mínimo. Capisci? Tutto bene. Bacio.