sábado, 7 de junio de 2008

325. Brindis

(Desde Buenos Aires)

Habló así Magdalena Ruiz Guiñazú: "Los dineros públicos son administrados a piacere por el poder de turno. Los beneficiados son sus amigos. Y esos dineros son nuestros".

Fue en la reunión por el Día del Periodista, en la sede del Foro de Periodismo Argentino (Fopea). La escuchábamos unos 30 miembros.

"Son tiempos difíciles -agregó-. Así y todo, esta sigue siendo la mejor profesión del mundo. Salud."

Y brindamos.

Después brindé con el Buda, que se vino a ver a su novia y por una vez se copó para ir a la cancha de River; después brindé con Diego, y en su ausencia repetí cuando a las 6 de la mañana me mandó un mensajito que decía "Golazo"; después brindé con Perantuono como mil veces en una fiesta que organizó para sus compañeros de Crítica de la Argentina y otros integrantes de la desbordada fauna profesional: una fiesta que me encantaría contar y no tengo cómo.

Feliz día.




[Actualización de las 15:12. Le di al botón Publicar, sonó el teléfono en lo de Pablo y atendí: era Jorge Lanata, que buscaba a Luciana. Un minuto después me enteré de que se murió Bernardo Neustadt. OK, en la situación en la que estoy no entiendo nada de nada, pero hay casualidades raras, ¿no? En fin.]

viernes, 6 de junio de 2008

324. Kiuman sopla velas

[Después de pivotear, paveando
en un callejoncito de Graz, en Austria.]



¡Feliz cumple,
Donald querido
(y treintón)!

jueves, 5 de junio de 2008

323. FLUstrados


A
cabo de dejar este comentario en uno de los varios espacios lacrimosos que inundan hoy la blogósfera:

Sí, che, la verdad es que hicieron un gran partido y merecieron ganar claramente.

Pero se quedaron sin nada.

ERA HORA DE QUE SUFRIERAN UNA INJUSTICIA después de que fuera casi siempre al revés, después de haber ligado demasiado durante la última década.

Así que, bosteros, a comeeeeeeeeeeerlaaa.

miércoles, 4 de junio de 2008

322. impresentable.com


Entiendo que no es políticamente correcto criticar al que te invita a su casa, pero ser hipócrita me parece muchísimo peor. De última, qué sé yo, no aceptes la invitación y listo.

Mi compañero Guillermo Rueda me invitó a dar una charla, ayer, en la cátedra sobre periodismo que tiene en segundo año de la carrera en el Instituto Superior de Ciencias de la Comunicación Social. Y una de las primeras frases que tiré fue:

-A esta altura del siglo XXI, que una escuela de periodismo no tenga una materia dedicada a explorar el periodismo digital es completamente im-pre-sen-ta-ble.

Tampoco en el Instituto Regional del Sur (la otra institución local donde podés cursar periodismo) se enseña esa especialidad.

En Bahía no navegamos: naufragamos. Y elfuturollegóhacerato.org, edúcotecomopuedo.edu, asíestamos.com.


La idea de Guille era que, anclado en la reciente experiencia en la Universidad de Oxford y mi laburo como editor de lanueva.com, ofreciera un panorama del futuro de la profesión: un futuro que es presente, aunque todavía resulta penosamente invisible para muchos en la industria.

Veinticuatro chicos y chicas de 19/20 años formaban la audiencia. Empecé lanzándoles unos cuantos cuántos.

1) ¿Cuántos tuvieron o tienen alguna experiencia profesional?
Respuesta: cinco (el 21%).

2) ¿Cuántos leen al menos un libro por mes?
Respuesta: diez (42%).
Observación: no tengo por qué desconfiar, ¿o sí? No, si van a ser periodistas.

3) ¿Cuántos hicieron, hacen o harán otra carrera?
Respuestas: hicieron, cero; hace, uno; harán, 15.

4) ¿Cuántos quieren trabajar en gráfica?
Respuesta: 17 (71%).

5) ¿Cuántos quieren trabajar en radio?
Respuesta: 17 (71%).

6) ¿Cuántos quieren trabajar en TV?
Respuesta: cuatro (17%)
Observación: esto me sorprendió por bajo.

7) ¿Cuántos quieren trabajar en un puntocom?
Respuesta: 13 (54%)
Observación: esto me sorprendió por alto.

8) ¿Cuántos leen al menos un diario cotidianamente?
Respuesta: 22 (92%).
Observación: OK.

9) ¿Cuántos tienen fotolog?
Respuesta: seis (25%).

10) ¿Cuántos tienen blog?
Respuesta: cero.
Observación: esto me liquidó.

Cero. De 24 estudiantes de segundo año de periodismo, ninguno tiene blog.

Esto también es impresentable.

Pero la responsabilidad principal no es de los chicos. No. Si nadie, nunca, en un año y medio de cursada, les dijo que un blog es una herramienta simple y gratis para expresarse, para mejorar la escritura, para interactuar con una audiencia, para presentarse al mundo, y un etcétera así de grande, ¿qué querés?


"Pero qué querés -me dijo una chica, luego de aquello sobre la urgencia de enseñar periodismo digital-, si en el instituto casi no hay computadoras. Y las que hay, tienen Windows 97..."

Le contesté que eso era una excusa: aun sin la tecnología adecuada, igual se puede armar una cátedra para entender de qué se trata el fenómeno, para analizar cómo la revolución digital nos está cambiando la profesión decisivamente, para pensar de qué manera enfrentamos el desafío, y nos adaptamos y evolucionamos.

Guille me dijo que la charla anduvo bien: "No es fácil lograr la atención de los chicos durante tanto tiempo. Y yo los vi muy concentrados, escuchando".

Ojalá haya sido así. No es que desconfíe de Guille: lo conozco desde hace 17 años y no da el perfil de aquel que siente la necesidad de quedar bien con el invitado porque sí.

Digo "ojalá" porque si en verdad escucharon concentrados, quizá les haya llegado por lo menos un par de mensajes que quise transmitirles entre una que otra puteadita: 1) ojo, algo grosso está pasando y no deben quedarse fuera y 2) aunque sea abran un blog y exprésense, carajo. (Y avísenme así los sigo: no sean impresentables.)

lunes, 2 de junio de 2008

321. Expresamente


Mientras estuve en Europa usé bastante las tarjetas de crédito. Las usé demasiado: volvieron rojas, y ahora debo malabarear para devolverles el color original.

Tengo dos, una Visa y una American Express. Las iba alternando, con la pavota intención de que los resúmenes no me llegaran tan gordos... aunque rellenito + rellenito = obesito.

Cada mes, desde el sitio en Internet del banco donde tengo la cuenta-sueldo, tomaba como referencia el dólar a $ 3,20, multiplicaba y transfería la plata para pagar los consumos.

Con Visa, cero problema. Pero American Express desconoció prolijamente mis depósitos.

Me explico: yo había gastado, digamos, 500 dólares. Entonces mandaba 1.600 pesos (500 por 3,20). Y el resumen siguiente decía: "Saldo total $: -1.600. Saldo total US$: 510".

Es decir: no sólo evitaban tomar los pesos para cubrir el consumo en dólares, sino que además me cobraban intereses por financiación, por punitorios, por impuestos de sellos (?) y por tasa especial para salvar a los koalas.

Hijos de mil putas de plástico.

Cuando vi que la situación se repetía, empecé a enviarles correos electrónicos. Y ni pelota. Como si los estuviera spameando.

Un día, luego de que les escribiera frases del orden de "Cuando querían convencerme de que sacara su tarjeta me llamaban a razón de 3.439 veces por día y ahora nada" o "Estimados señores: por favor, sepan disculpar mi insistencia pero a esta altura me desbordan los genitales y si no recibo una respuesta en breve juzgaré razonable considerarlos una caterva de vástagos de una enorme meretriz (porque manga de hijos de una gran puta queda mal)", un día, entonces, finalmente contestaron: que los llamara por teléfono, cobro revertido.

Claro, porque, ¿qué cliente no adora perder tiempo hablando con un operador de voz latosa y verso aprendido que, pobre, cobra dos mangos, se banca puteadas en serbio y ni siquiera puede resolver el sudoku? Ah, a mí me encanta, no sabés.

Y bueno, llamé. No exagero: llamé como 35 veces. O me daba ocupado, o sonaba y sonaba y nadie atendía, o saltaba una máquina que decía: "Gracias por comunicarse con American Express. Su llamada es muy importante para nosotros: por eso, para su comodidad, el horario de atención es de cuatro y siete de la madrugada a cuatro y nueve".

Yo además pretendía, oh iluso, zanjar otra cuestión: antes de irme había pedido que para renovar la tarjeta usaran los puntos del programa llamado Membership Rewards, también conocido como Si Vas Y Te Comprás Un Puto Boeing 747 Podés Llevarte Sin Cargo Un Collar Para El Perro Siempre Y Cuando Sea Un Caniche Violeta Que Cante El Himno De Sri Lanka.

Obviamente, por el nuevo plástico me debitaron dos cuotas de 174 pesos cada una.

Seguí maileándolos sin éxito. Una frase del último correo, que envié dos días antes de volver, decía: "Espero que me respondan todo, y como se debe, a partir del lunes". A las pocas horas me llegó esto del Departamento Interactivo de Atención (sic):

"Estimado Socio Gold:

Agradecemos su comunicación a través de esta vía. Por la presente, y en relación a su nota, deseamos informarle que a la fecha el saldo de su cuenta se encuentra en cero."

Sí, después de cobrarme intereses por financiación y punitorios durante siete meses, la reputísima madre que los parió a vos y a los koalas.


Acabo de llamar para que me devuelvan lo que me afanaron, antes de mandarles la tarjeta por Oca Pack 24 así mañana tempranito se la meten bien en el ojete.

Sólo voy a reproducir un par de tramos de un diálogo que chorreó surrealismo:


1.

-Lo que sucede, señor, es que usted debería haber llamado para convertir esos pesos en dólares.
-Primero: llamé decenas de veces, y nunca me atendieron. Y segundo: ¿por qué carajo voy a depositar 1.600 pesos si sólo tengo consumos en dólares? ¿Porque le tengo cariño a American Express y quiero colaborar con sus bicicleteadas?
-Lo que sucede, señor, es que el sistema no hace las conversiones automáticamente.
-Lo que sucede, señorita, es que tiene razón mi vecino Arturo: estamos como la mierda por culpa del sistema. ¡¡Entonces cambien el sistema!! ¡¡Hagamos la revolución!!


2.

-Quizá, señor, no se le tomaron los puntos para la renovación porque no le alcanzaban.
-¿Cómo "quizá"?
-Espere que le averiguo, señor.
-OK.
-[Unos minutos después:] ¿Señor?
-Sí, aleluya, hija mía.
-...
-¿Y?
-Gracias por aguardar en línea. Efectivamente, no le alcanzaban los puntos.
-¿Y cuántos puntos se necesitan?
-Ay, no sé.
-Ah, está bien, bancame que llamo por la otra línea al Burger King, ahí deben saber.
-Espere que le averiguo, señor.
-Amén.


Yo sé que los pibes que atienden no tienen la culpa de las garcadas que cometen las empresas a las que representan, y de hecho así se los digo, claramente, y hasta les pido disculpas. Pero si no bizarreo en esas charlas carezco de tolerancia: no puedo, me pueden, me sacan años de vida, diría que me producen caída de cabello (si tuviera).

El resultado de una hora de comunicación delirante fue que los tipos me van a acreditar sólo los punitorios, que si no me equivoco ascienden a la astronómica suma de... 69 centavos de dólar.

Estimados: mañana abran el paquetito de Oca, relájense y gocen. Hijos de una trola barata garpada con los puntos del Programa Membership Rewards.