jueves, 6 de diciembre de 2007

192. Balance bimestral, parte 1

(Desde Oxford)

Ya pasaron, volaaaaaaaaaaaaando, dos meses desde que me instalé acá y por lo tanto me parece pertinente (?) esbozar un panorama de dónde estoy. Sale con fritas.


-Vivo en una residencia para estudiantes extranjeros llamada North Oxford Overseas Centre (aka NOOC), en el 107 de Banbury Road, código postal OX2 6JX, Oxford, United Kingdom. (Va dirección completa por si alguien quiere mandar, no sé, un choripán o una carta-bomba.)


-Está bien el lugar. Es un caserón victoriano típico. Cosmopolita a la fuerza, prolijo, extrañamente apacible. Como espacios de uso comunitario hay una sala de estar con TV, DVD y libros, una cocina grande, un lavadero con máquinas a monedas ($ 8 el lavado, $ 5 el secado), un patio y estacionamiento para bicis y autos.

-Mi pieza es la N y queda en el primer piso. Tiene medidas carcelarias (maso, 4x1,80) y un lavabo, un ropero, una cama, una cajonera, un escritorio, un sillón, una silla, una estantería y menos onda que la pena de muerte. Encima, tengo que escuchar a los cuervos y al yanqui pelotudo que vive al lado.

-El NOOC está regenteado por una fundación cristiana que busca, sic, "glorificar a Dios y demostrar Su Amor de manera práctica". Una de las maneras prácticas que encontraron es dejarte de prepo una Biblia sobre la mesa, junto a un paquete de bienvenida con algo de morfi y una invitación para que te sumes a sus actividades a-pa-sio-nan-tes: cadenas de oraciones, análisis del discurso parabólico de Jesús... Pucha, todavía no pude ir a ninguna. Juré hacerlo cuando el peso argentino valga igual que la libra: ese día, alabado sea. Pero mientras tanto, soy un tipo de palabra. La palabra es NO. Y no diría que me miran como hereje, pero me miran como hereje. Espero que no sea porque me devoré el morfi de bienvenida sin culpa.

-Al llegar te asignan un estante en el freezer y otro en la heladera, más dos pequeñas alacenas. También te dan una taza, un vaso, platos, cubiertos y una serie de cosas que supongo sirven para cocinar y por supuesto juntan polvo porque, ya saben, yo ni idea. Desconozco qué haría sin el microondas. O sí: moriría al toque por una explosión de gas o lentamente de inanición. Los cuervos harían fila. ¿Y vos de qué te reís, yanqui pelotudo?

-En la residencia hay gente que de hecho se llama Jiweon (un coreano con pinta de Playmobil que cursa un MBA), Siddharth (un indio de pelo largo y bigote marca Apu Nahasepeemapetilon que hace un posgrado en ingeniería de sistemas y sólo susurra) o Kal (una somalí-holandesa islámica y bioquímica). Gente que de hecho no sabe nada de la Argentina, excepto tango/Maradona/Che. Gente que de hecho madruga y se pone a estudiar su burbuja.

-Eso sí, todos tienen que ser capos-capos. Si tuviera que definir a Oxford en una línea, sería esta: es una ciudad atrapante, elegante, babelística e intelectual, donde te cruzás con tipos que por ahí mañana te ganan un Nobel sin querer queriendo. (Por elementales razones demográficas, se perfilarían mejor los chinos y los indios: debe de haber dos de ellos por cada uno del resto del mundo. Fácil.)

-Un húngaro me persigue. Se llama Mario, tiene 20 años y estudia teología. Te lo digo por enésima vez, hermano: 1) no me vas a convencer de que crea en Dios, no insistas más y 2) no me vas a convencer de que me gusten los pibes, no insistas más. Todo bien con vos y tus contradicciones y tus batallas íntimas pero cortala, hinchapelotas. Hacete humo, dale, va, va...

-Hablando de eso: estoy fumando menos. Allá me clavaba unos 15 puchos por día y acá promedio cinco o seis. Por empezar, cuido las reservas de Parliament como quien cuida su culo de un húngaro persistente. Primero, porque son los cigarrillos que me gustan y los británicos no los producen, y segundo, porque un atado de Marlboro (¡puaj!) cuesta 5,60 libras: o sea, unos 35 pesos; o sea, un poco más de lo que cuesta un cartón en la Argentina; o sea, te asustan.

-Y después está el temita de la prohibición. Ni siquiera se puede pitar en la estación del tren, al aire libre. Se fueron al carajo. Bueno, no tanto como los yanquis pelotudos que con la sutileza de hipopótamo que los caracteriza, por ejemplo, en la terminal de micros de Louisville (Kentucky) te ponen el sector de fumadores afuera, sobre la avenida Muhammad Ali, justito enfrente del edificio de la Sociedad Norteamericana del Cáncer... O como los brasileños, que pegan en el reverso de cada paquete una foto de una mina moribunda, entubada, deformada. Acá el cartel dice, bien grandote, "FUMAR MATA". Y yo contestaría: OK, sí, pero también vivir mata, la puta que te parió, mientras vos no te fumes mi cigarrillo dejame en paz con mis placeres viciosos, igual nadie te garantiza que vas a llegar a los 90 si no fumás, te puede pisar un auto o partir un rayo o te puede agarrar desprevenido un húngaro persistente, y de última, ¿para qué quiero vivir 90 años sin vivir lo que tengo ganas de vivir y muriendo cada día? Pero, uh, ahora yo me fui al carajo.

-Como dije, mi pieza carcelaria está en un primer piso de la residencia cristiana denominada NOOC. Que es una casa de Dios donde, claro, fumar es pecado. Pero por las dudas de que Él con Su Generosidad Todopoderosa haga la vista gorda, los techos están repletos de sensores de alta tecnología: si una mosca pasa cerca y se tira un pedo, salta una alarma inhumana. Lo digo porque probé. (No, no cacé moscas y les di porotos para que se desgracien a discreción. Pero qué grosso sería: The Farter Fly. Aunque una pedorrada así no me daría el Nobel, haría fortunas.) Bueno, la cuestión es que suena y sonaste. Y muchas veces no da bajar y chupar frío por un puchito.

-Por eso diseñé una pirateada (también, para estar a tono con la cultura local). Al anochecer apagaba la luz, abría un poco la ventanita y pitaba a oscuras, tapando la brasa. Siempre tenía a mano una moneda de dos peniques: si alguien aparecía, apagaba el cigarrillo rápida y silenciosamente.

-Funcionó hasta el lunes, cuando me pasaron una nota por abajo de la puerta. Estaba dirigida a "todos los residentes" y la firmaba la administradora del NOOC. Decía que, "según algunas informaciones" (parece que está en todos lados, nomás) se había detectado humo en el edificio. Y recordaba amablemente las reglas y las sanciones, onda Ojo con el infierno, no jodas.

-Charlé del asunto con dos o tres compañeros, pero ninguno había recibido la nota. ¡Ajá! Me agarraron. Estoy tratando de descubrir cómo. Alguien vigilanteó mal. Y no creo que Él les haya mandado un Correo Celestial: un dios buche no garparía 2.000 años. Seguro que fue uno de sus fieles. No, Mario el húngaro persistente no: su hinchapelotez engorda con la esperanza, y no podría sepultarla bajo una acción tan alcahueta. Mi sospecha tiene nombre y apellido: Yanqui Pelotudo. Desde el martes el chabón me saluda como con culpa, me desvía la vista. Fucking button, pedazo de ortiba imperial: no sabés la que te espera. Vas a ver. Ahora te mando las moscas pedorras.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

191. Como si viviera acá a la vuelta (2)


"El gobierno cree que la información es poder, y que (como muchas otras formas de poder) no hay que compartirlo con aquellos en los que el régimen no confía. Y muy decididamente no confía en la prensa. [...]

[El gobierno] refinó el arte de la manipulación, desanimó el disenso y limitó el control tradicional del Congreso y de los tribunales."

Hablando sobre los Estados Unidos, el editor ejecutivo del diario The New York Times, Bill Keller, en un tramo de su discurso en memoria del periodista Hugo Young, Londres, 29 de noviembre de 2007.


[Enlace: Como si viviera acá a la vuelta (1).]

martes, 4 de diciembre de 2007

190. "Etcétera" hace agua por todos lados

(Desde Oxford)

El sistema de estadísticas del blog me dice que tengo un/a lector/a que está ahí: acercándose a, o alejándose de, la costa oeste del África. Quizá yendo a Nigeria, acaso volviendo de Ghana, tal vez sólo naufragando.

No me importa si es verdad o no.

Yo te imagino a bordo de un velero, en la cubierta, al solcito, con la compu y una cerveza, sin nada mejor que hacer que leer esto. Así que esto que leés ahora es mi agradecimiento, mi homenaje. Brindo por vos, por lo maravilloso que es estar TAN al pedo. Salud. Y buenos vientos.

189. Qué sabían esos egipcios...

(Desde Oxford)

Así luce la redacción de Reuters, en Londres:


Está en el cuarto piso de un edificio propio, gigante, aséptico, blancuzco, ubicado en Canary Wharf (literalmente, "muelle canario"), una zona de intensa actividad portuaria que quedó destruida por la Segunda Guerra Mundial y que en los 80 empezó a transformarse en lo que ahora es: un moderno centro financiero donde se levantan los tres edificios más altos del Reino Unido.


[La torre mayor se llama One Canada Square, mide 235 metros, tiene 50 pisos y se construyó en cuatro años (1987-1991) con el diseño del arquitecto argentino César Pelli. Las dos que la escoltan arañan los 200 metros y pertenecen al HSBC (la de la izquierda) y al Citigroup.]


No es casualidad que Reuters tenga su cuartel central en pleno corazón financiero londinense. Según nos explicaron en la visita que hicimos, la histórica agencia de noticias tuvo que cambiar su perfil para sobrevivir y le salió so far so good: hoy es un referente informativo en el mundo de las finanzas y la economía, del que recibe alrededor del 90% de sus ingresos y donde compite cabeza a cabeza con Bloomberg.

Como diría My friend Yao: "Interesting!!! In Chinaaaaaaaa..." Pero más interesante, para mí, fue ver en la Sala de Entrenamiento de Reuters que ella se mantiene vivita y coleando aunque haya superado los 100 años. Ella: la Reina de la Noticia, Lady Inverted Pyramid.


[Por si no se alcanza a leer, arriba dice "Estructura de la noticia" y están las famosas "W" con las que torturé durante meses a los chicos de la carrera de Locución en el Juan XXIII: quién, qué, cuándo, dónde, por qué, cómo, para qué, y entonces qué, dice quién.

1) La línea inicial de la pirámide es el título: "Decir y vender".
2) Luego viene la cabeza o lead: el resumen de la noticia en 25-30 palabras.
3) El segundo elemento debe incluir el contexto.
4) En el tercer escalón, la "cita de oro": el textual más significativo que haya.
5) Y después, el resto del vestido: detalles, más contexto, otras citas...

Abajo, a la izquierda, el dibujo ese no es un calamar transparente por el miedo: intenta representar una tijera. Porque "los editores cortan desde el final". O sea, la explicación práctica total para el concepto teórico esencial de la pirámide invertida: ir de lo más importante a lo menos importante.]

domingo, 2 de diciembre de 2007

188. Y una noche me puse la gorra

(Desde Oxford)

Estaba probando mi bici inútilmente cool hace 20 días en la vereda del supermercado. Una vueltita, dos. Pedaleando como un energúmeno. Tres, cuatro, y nada: la batería seguía muerta. Y yo casi.

Agitadísimo y todo me prendí un pucho, de caliente nomás. Y al levantar la vista tenía enfrente a La Señora Policía.

-¡Qué linda bicicleta! -me dijo, mientras registraba el bólido plateado.

-¿Te gusta? Te la vendo. No anda la batería. Creo que me estafaron. Pensé que esas cosas no sucedían en Inglaterra.

-Qué pena -me dijo, dulce, La Señora Policía-. Pero si volvés a andar en la vereda te voy a tener que multar.

-Eh, ya tengo suficiente con que no me funcione esta porquería... Además, no sabía que estaba prohibido. Sea buena y comprenda, doña.

-Comprendo. La próxima vez, te multo. ¿Comprendés vos?

-Comprendo. ¿Me la comprás?

-Si anduviera la batería...

-Si anduviera la batería no te la vendería.


Estaba ayer lleno de comida griega y de vino cretense y de noche bien fría, pero la vi venir caminando por la South Parade Avenue, en Summertown. Y vi que me vio sin ver en mi cara nada más que algo vagamente conocido o conocidamente vago o quizá potencialmente sospechoso.

-¿Me comprás la bici? -dije, y entonces sí La Señora Policía reaccionó.

-¡Ah, encantada de verte! ¿Cómo andás?

-A pie, ya ves: la batería sigue sin funcionar.

La Señora Policía estaba con una compañera y parecía aburrida, así que le charlé un ratito. Me contó que antes laburaba en un hospital y que se cambió de uniforme porque en la fuerza pagan más. Que no ve tanta acción: que por ahí algún borrachín, que por allá algún auto mal estacionado, que por acá algún latinoamericano vago pedaleando en la vereda. Que no porta armas y que no las necesita para defenderse. Que encantada de verme y que ni a palos me compra la bici. Qué pena.

Después se la pedí y me la dio al toque, y también se rió La Señora Policía.