miércoles, 30 de enero de 2008

242. SMS N° 49

(Desde La Maddalena)

[Isla La Maddalena, Cerdeña, Italia.
La belleza te puede dejar sin palabras.]

sábado, 26 de enero de 2008

241. Ser o no Cerdeña (1)

(Desde Cagliari)

El avión despegó a las 6:15. Dormí un poco en el bondi de Oxford a Londres, otro poco en el bondi a Stansted, otro poco en el aeropuerto, otro poco en el aire. Cuando llegué a Alghero (en el noroeste de Cerdeña) no entendía nada, pero igual me subí al Seicento de alquiler, blanco, querible y más inestable que Darfur.

Normalmente, el viaje a Cagliari (la capital sarda, que está en el sur) demanda unas tres horas. Eso, si tomás la autopista 131 que parte la isla a la mitad. También podés optar por las rutas costeras: tardás más, sí, aunque te regalan paisajes de acantilados y aguas celestes, verdes o turquesas.


Me costó uno y medio encontrar el "cama y desayuno" (bed and breakfast) que había reservado por Internet: queda en una colina del centro histórico capitalino, sobre un callejón que para mí va cambiando de lugar conforme te le vas acercando.

El espresso que me convidó Roberto, el anfitrión, me despertó menos que el relato parcial de sus correrías. Resumo: el tipo anda despidiéndose de los 40, habla cuatro idiomas, cuando laburaba en un hotel de Cagliari hace 17 años se hizo amigote del inmENZO Francescoli, cuando era joven y más impulsivo y dormía con el pijama rojo del comunismo se mandó a Nicaragua porque creyó que era su deber colaborar con el órgano de propaganda del Frente Sandinista de Liberación Nacional y combatir a Anastasio Somoza.

-Ah, los buenos viejos tiempos -dice, en perfecto español peninsular-. No abandono los principios ideológicos, pero uno evoluciona.

Dice que ahora le exige al Estado que garantice a todos educación y salud, "si no para qué está el Estado", dice, mientras deja a un costado la biografía del ajedrecista Bobby Fischer: "Murió hace diez días y aunque haya sido un nazi hijo de puta lo admiré muchísimo. Y todavía estoy elaborando el luto. Así se dice, ¿no?".


Yendo para el lado del puerto, bajando la colina, se aparece de golpe el Bastione Saint Remy.

Si te les animás a los 141 escalones (los conté; me agoté) se descubre una panorámica ciudadana de unos 300 grados:







Justo frente a la fuente del puerto,

pasa una procesión de 50 cristianos que le cantan alabanzas a la Virgen María y en sentido contrario se viene otra del grupo que reclama la independencia de Cerdeña. Cuando te sentás en un bar a clavarte un chegusán en serio y una birra, observás que

las minas se recontraproducen,

los tipos se dan vuelta para radiografiarles el culo y piropean,

todos te miran a los ojos y gritan y gesticulan,

los mozos tratan de cagarte con los precios,

y pensás qué parecidos somos a los tanos, y casi, casi, te sentís como en casa.

240. SMS N° 48

(Desde Oxford)


Y llegó el momento de disfrutar de un regalito, de un recreo paradisíaco: en unas horas vuelo de Londres a Alghero, un pueblo italiano con toques catalanes que queda al noroeste de Cerdeña. Va con auto y todo la cosa, así que pienso recorrerme la isla de arriba abajo. Abriendo bien los ojos para que la belleza impiadosa los lastime generosamente.

viernes, 25 de enero de 2008

239. Escocia: infinitivos definitivos (1)

(Desde Oxford)


Como el programa de Reuters en la Universidad de Oxford arrancó otra vez tan pronto My friend Yao y yo volvimos de Escocia, se me fue quedando atrás el relato de esos días tlemendos. Va sin conjugaciones. Parte 1:


Londres, 1 de enero de 2008

* Sentir ganas de matar al chino...

... porque le repito y le repito que está en la parada de bondis equivocada para ir al aeropuerto Stansted y no entiende y encima porfía.

... porque hasta que lo encuentro, perdemos dos micros: el de las 19 y uno de las 19:30. El próximo es a las 20 y no nos dan los tiempos: el vuelo es a las 21:50 y 40 minutos antes cierran el check-in.

... porque paro un taxi y me dice que cuesta 140 libras.

... porque la otra compañía de colectivos tiene una salida a las 19:50 y llegaríamos sólo cinco minutos tarde.


* Jugar la última carta y decirle al chofer que apriete el acelerador un poco, por favor, sea buenito.

-No hay nada que pueda hacer: depende del tráfico -dice.

-Es feriado, mister. Si pierdo el vuelo no voy a poder festejar Año Nuevo con mi hermanita.

-Ajá.


* Llenarle la cabeza en el viaje, darle una pastilla de menta, tener ganas de sacarle el volante. Hago fuerza, con mi pie aprieto un acelerador invisible, relojeo la hora. Llamo a Nico y a Sophie, para ver si se puede hacer algo online o por teléfono: NO. My friend Yao ya no sabe cómo disculparse. Me da pena, pero todavía lo quiero matar.


* Llegar al aeropuerto a las 21:07, tres minutos antes de que bajen la persiana.

-Gracias. Usted es un buen hombre -le digo al chofer del bondi, mientras salgo corriendo y arrastro a My friend Yao en español-: ¡¡¡Dale, chino y la puta que te parió!!!


* Encontrar la ventanilla del check-in a velocidad supersónica y ver que hay una chica a punto de irse. Le grito ¡Pará! como loco, un policía me mira-se sorprende-me empieza a perseguir, entrego mi pasaporte con la lengua afuera y son las 21:09.

-Perdón, oficial. Feliz Año Nuevo.


* Pasar el puesto de seguridad y abrazar a My friend Yao. "Sí, amigo, we made it!!!", y él con su sonrisa china y pese a su comunismo:

-Gracias a Dios. Ahora, por esto, voy a ir a la iglesia a agradecerle todas las semanas hasta que vuelva a mi país.


Así empezó todo.

jueves, 24 de enero de 2008

238. SMS N° 47

(Desde Oxford)

Acabo de hablar con La Tipa, que hoy cumple 81. Me dijo que andaba bien de salud, pero que se estaba achicharrando del calor y que tenía problemas de agua y que por eso no había cocinado -eligió comprar asado en la rotisería-, y me preguntó cómo andaba. Le dije que tomara mucho líquido, que yo acá me estaba cagando bastante de frío, que extrañaba su arte culinario y que no se preocupara, que estaba comiendo bien. Después, vaya uno a saber por qué, me preguntó si el chino gigante y pedorro seguía en la habitación de al lado y le dije que no, que luego de las fiestas volvió el yanqui pelotudo y buchón. Se rió mucho: al final ella me hizo un regalo a mí.