¿Vos querés hablar de traición? Hablemos, dale, todo bien. Da para largo, ¿eh? Poneme Disintegration de The Cure y yo le doy. Ni con el cliché tengo problemas. Bah, duele como la mierda hablar de traición pero dale, todo bien. Me la banco.
O sea, a la traición no me la banco. Ni un poco. Nada, ¿eh? Ni olvido ni perdón, como para los milicos genocidas o los terroristas subversivos, ponele. Qué sé yo. Te dije que ni un problema con el cliché. A nivel relaciones humanas no se me ocurre qué puede ser peor que la traición.
Digo: vos querés bien a alguien y le das todo, ¿no? No digo vos-vos, che. Uso la segunda persona porque me sale más cómodo pero si querés hablo en primera. OK. Si quiero a alguien, si lo quiero bien, yo le doy todo. Ojo: no me refiero a cosas materiales (aunque también entran, si es necesario). Me refiero a que si te quiero y vos necesitás un riñón o un huevo, bueno, ahí voy a estar, primero en la fila de los donantes aunque me desmayo cuando me sacan sangre, ¿me entendés?
Tampoco es que entra la humanidad entera en esa categoría. No soy Terencio, no tengo nada que ver con Homo sum: humani nil a me alienum puto. Además, me gustan las nenas. Cuac.
Bueno, me refería al círculo íntimo, a la gente que está más cerca tuyo... Perdón, a la gente que está más cerca mío. Un puñadito. Por eso digo, a falta de mejor definición, "las personas que quiero bien".
Pictures of you, qué temazo. Re da Cure para el bajón, ¿no? Hablar de estos temas es un bajón. Oh hold for the last time, then slip away, quietly...
Te decía: doy todo. Y no espero a cambio lo mismo, que quede claro. Lo que sí espero es que no cruces la línea. Que no traiciones, loco. No me hagas lo que vos sabés perfectamente que yo jamás te haría. Esa es la línea. Si la cruzás, chau. Pero chau en serio. Ni olvido ni perdón: no tengo la grandeza que se requiere para olvidar y perdonar. Soy un talibán, en esto. Porque, decime vos si no, yo creo que si una vez cruzaste la línea, ya está, ya fue, ¿por qué no vas a cruzarla de nuevo? Y qué necesidad tenías de cruzarla, la puta que te parió...
No, no me importa quién sea. Hermano, tío, abuelo, amigo, compañero de laburo, Blancanieves... Da igual. Algunas traiciones son más dolorosas que otras, pero. Ni hablar.
¿Si me pasó muchas veces? Varias, sí. Qué sé yo, más de las que lógicamente podía esperar, teniendo en cuenta ciertas personalidades. Qué sé yo. Demasiadas, te diría. Y sueno como un boludo inflexible, pero como buen boludo estoy convencido de mis convicciones. Mierda, mandé dos palabras seguidas con conv. Convencido, convicciones. Ya que estamos: convexo, conveniente. Con veneno.
Bancame la digresión pelotuda. La necesitaba. También necesito más vino. Cómo me gusta el Cabernet.
Lo que pasa es que prefiero la soledad antes que caretearla, antes que bancar golpes bajísimos y tener alrededor un pequeño ejército de hipócritas entusiastas. No sirvo para eso. Bah, no quiero servir para eso. Elijo no servir para eso. Y no sabés lo bien que duermo.
Te planteo una situación: todos los días -para lavarte los dientes, para afeitarte, para peinarte- te mirás al espejo. Y no podés engañar a ese del reflejo. Espejo-reflejo es una rima que sólo le queda bien a Borges.
Puta que sos morboso, loco. ¿Un ejemplo, querés? Echale alcohol al tajo y después tirá un fosforito, total... Bueno. Te cuento la última. La última traición fue tremenda. De un dolor casi imposible de aguantar y aceptar. Y reparar. Por lo inesperado, sobre todo. Jamás se me hubiera ocurrido. Nunca la vi venir. Una amistad tan profunda... y así, ¡pif!, a la mierda, perdida por abandono. Pif, chau. Así nomás. Yo todavía no lo puedo creer.
¿Me estás cargando? Claro que lo hablé. Cómo no lo voy a hablar. Duramente. Dos veces lo hablé. Haciéndome cargo, incluso, como si. Una vez lo hablé el Día del Amigo, fijate vos qué ironía. La otra como un mes después. Y el tipo, Sí, sí, tenés razón, no sé qué pasó, no sé cómo pasó y luego pif, chau, a la mierda. Desapareció. Nunca más una palabra. Después de TANTO –porque, creeme, fue muchísimo. Ni siquiera fue capaz de decir las cosas en la jeta, de tratar de revertir la situación, de buscar un equilibrio, de acercarse mínimamente en uno de mis momentos más jodidos, de hacerse grande. Nada. Se borró por completo.
No te exagero: fue la decepción más grande de mi vida adulta.
Hace unos días les decía al Tano y a mi vieja, dramatizando un poco, que lo más probable es que termine solo. Es un escenario tremendo, una locura. Pero al menos tiene dos certezas confortables después de tanto dolor y tanta mierda: 1) yo no me voy a traicionar y 2) desde pendejo me acostumbré bastante a mi soledad, no le temo, la quiero bien. Y la soledad no me puede traicionar.
Eso creo.
En eso creo.
¿Muy patético lo que te conté? Daaaleeeeee... ¿Por lo menos te sirve de algo para tu trabajo práctico? ¿Sí? Bueno, me alegro.
¿Si me sirvió a mí? ¡El vino me sirve! Todo bien, loco, pero pará un poquito con tu mambo de psicoanalista. ¿Vos decís que lo necesito? Je, andá a cagar. Bueno, bueno. Te agradezco la onda, ¿eh? Cuando te recibas vemos, boludo. No me jodas ahora.