viernes, 31 de agosto de 2007

126. NIKirchner es tan bizco

Salió hoy, en La Nación.

De yapa: el asesino serial border de Cicco descuartizó a Nik en Hipercrítico.

125. Para los anales del imperio (2)

Por Pablo Perantuono

P
ara el mundo, Argentina era una postal de gomas humeantes, un dato impreciso, el cuerpo dado vuelta y cayéndose al vacío. Y mientras nosotros comíamos hamburguesas a tres dólares en una Indianápolis más desangelada que una iglesia vacía, el equipo de básquet enfrentaba a la encarnación deportiva del poder occidental, el imperio que se dignaba, a desgano, a meterse en una cancha con los restos del mundo.

El Dream Team perdió por paliza con el equipo de Manu. Otra vez quedó demostrado ahí que la fe y la comunión son una fuerza deslumbrante. Doce hermanos pudieron más que doce estrellas distantes.

Cuando terminó el partido, el padre de toda esa obra, Rubén Magnano, miraba con ojos de hazaña todo lo que sucedía alrededor. Estaba demudado. Tanto, que perdió el ómnibus que llevaba al plantel hacia el hotel.

Allí lo encontramos: acababa de sacudir al planeta, pero allí, solo y aturdido, era un hombre anónimo perdido en el corazón del sistema. "Esto no es un triunfo deportivo solamente. Es el triunfo de una idea. Estos tipos nos hicieron muy mal a nosotros." Significaba, claro está, una revancha casi social para un representante de una generación -los tipos que atravesaron políticamente los 70- que alguna vez anidó una esperanza de cambio.

Allí estaba el Tío Sam derrotado, con las rodillas dobladas por el cachetazo feroz de una pandilla desclasada.

jueves, 30 de agosto de 2007

124. Para los anales del imperio (1)


L
o recuerdo como si fuera hoy, mirá.

En medio de la depre rotunda había recurrido a mi hinchapelotez en grado extremo para convencer a Perantuono de que me acompañara al Mundial de básquetbol de Indianápolis 2002. "Dale, boludo, la Argentina da para campeón. Va a ser algo épico", le decía, entre el Cabernet y las empanadas de El Sanjuanino, mientras el país inventaba los círculos más bajos del infierno. Nos habíamos conocido a comienzos de 2001, en la primera maestría de Clarín, y un año después estábamos culo con culo aguantando la desesperanza más dolorosa y miserable.

Se lo decía en serio, no era chamuyo: yo estaba 100% seguro de que la selección nacional le pisaba los talones a la gloria. Y él, íntimo de las causas perdidas (lo digo por mí), finalmente dijo OK, vamos.

A los ponchazos, como se arman los mejores viajes, aterrizamos en esa ciudad re-blanca de los Estados Unidos profundos. No teníamos un mango. Pegamos un hotel de motoqueros en las afueras y cada día, bajo un sol asesino, caminábamos como 30 cuadras hasta los dos estadios en los que se jugaban los partidos. Hacíamos una sola parada: el supermercado, donde comprábamos unas galletas para darle contundencia al café gratis de la sala de prensa y así desayunar-almorzar-merendar. Y de cena, alguna hamburguesa raquítica. No queríamos (no podíamos) reventar la tarjeta de crédito: en la Argentina se decía que el dólar volaría hasta los 12 pesos.

Me acuerdo de ese 4 de septiembre y es como recordar, no sé, un gran polvo, una gran historia de Borges: un gran momento. [Hace cinco años tuve que tomar distancia, esperar un mes, para poder publicar algo en el diario.]

Estados Unidos, el creador del básquetbol, el number one eterno, llevaba un invicto de 58 partidos desde que empezaron a jugar los NBA. Diez años sin que nadie le tocara el culo y rompiendo a los demás.

Y esa banda de amigotes liderada por la voracidad ganadora de Manu Ginóbili lo hizo.

Apenas terminó el juego, a mí me salió una de chauvinismo barrial y otra de postal cinematográfica.

La primera fue buscar al pelotudo arrogante de Sam Smith, un periodista del Chicago Tribune que me había delirado feo antes de empezar (¿Se habla español en tu país?, ¿Cómo hicieron los hinchas para venir, si la economía anda tan mal?). Y decirle:

-¿Por qué no trajeron a Michael Jordan, la puta que te parió?

La segunda fue levantarle un poco la notebook al del New York Times para que se zafara la bandera argentina que yo había colgado del palco de prensa (la bandera argentina con la que velaron a mi abuelo), envolverme en ella y bajar hasta el parqué despacito, mirando el tablero y el festejo de los jugadores como si fuera un poco mío, como el muchachito de la peli.

A la salida nos cruzamos con el técnico Rubén Magnano, que iba para el hotel solo y pateando, quizá para descargar esa adrenalina más social que deportiva: su sentido del triunfo nos conmovió.

Tanto, que poco después en el centro de una Indianápolis demasiado sepulcral agitábamos los trapos:

¡¡Siiiiga, siga, siga el baileeeee
al compás del tamboriiiiil,
que eeesta noche nos cogimoooos,
a los putos del Dream Team!!



[Mañana, el recuerdo de ese día
según Pablo Perantuono.]



miércoles, 29 de agosto de 2007

123. Ma'qué Internet: navegá en serio


H
ace un año le tiré la idea a Andrés. Le dije: Dale, vamos a aprender a navegar y en el verano nos rajamos por ahí en un velero. Y como el tipo (paco al fin) va para adelante cual cachiporrazo cuando algo le cabe, nos anotamos para hacer el curso de timonel de yate a vela en el Club Náutico Bahía Blanca.

Con frío y calor. Con lluvia y sol. Con viento y viento (Bahía al fin). Con sueño y resaca. Con lo que fuera, durante cuatro meses cada fin de semana estuvimos en el puerto aprendiendo a ver las ráfagas, a adujar los cabos, a filar y cazar las escotas, a prestarle atención a la marea, a querer la ría, a disfrutar una cerveza en tardes como esta:



En diciembre terminamos el curso, rendimos, aprobamos, conseguimos la habilitación de Prefectura, lo sumamos al Tano, nos subimos al auto, fuimos al Brasil, vivimos una semana en un velero que alquilamos en Angra dos Reis y terminamos así:

[Desde la izquierda: el Tano y su sunga alarmante, Andrés, yo y el Tauá de 35 pies. Al fondo, una de las 360 islas de Angra.]

El próximo viernes 7 de septiembre empieza otro curso de timonel. Las clases teóricas se dan los viernes a las 20:30 en la sede central del Náutico (España 217, teléfono 454-6364) y las prácticas se hacen sábados y domingos en las instalaciones del puerto, de 9 a 13 o de 14 a 18. Al timón están dos grossos instructores: Claudio Amante de Rizos Manganaro y Gustavo Capitán Barro Bournaud.

Parece un aviso clasificado, pero es una invitación a vivir algo distinto.

Buenos vientos.

martes, 28 de agosto de 2007

122. Buda treintón

28 de agosto, 1977-2007.
Tomátelo con calma, Buda querido.