martes, 12 de junio de 2007

47. Actualizando: buena y mala


* La buena

El viernes contaba en la entrada "De sangrado" lo que me produjo ir a hacerme análisis. Pues bien: hoy pasé a buscar los resultados. Y me dieron el sobre abierto, así que, para empezar, todo en orden.

Del contenido mucho no juno (nunca entendí por qué no te traducen un poco ESO), pero ahí dice que acuso valores de referencia en casi todo y que, como debe ser, carajo, dio "no reactivo" el fucking examen de VIH. Además, la placa de tórax no muestra humo: "Silueta cardiovascular dentro de límites normales. Campos pulmonares sin evidencia de lesiones". Supuestamente, sigo funcionando OK y no hay de qué preocuparse. Ya me lo dirá María, la divina de mi médica. Espero.


* La mala

El sábado me refería en "Vos dale, dale gas nomás" a la barbaridad que ocurrió en el edificio de mi abuela, donde cortaron el gas. Y decía que ella, que tiene 80 y padece horrores el frío, se negaba a dejar su casa.

Este mediodía, cuando pasé, no me atendió. No pudo: estaba caída en el piso. Y yo casi me desmayo, de la impresión y de la bronca. Al toque llamé a María, que llegó al ratito, la examinó y confirmó que tenía bronquitis y fiebre. Después le recetó unos medicamentos y le advirtió que debía irse hasta que volviera a tener calefacción: "Y si no, te internamos". Acabo de llevar a La Tipa -debilucha, protestona: una imagen de ternura y dolor- a lo de mis viejos. Y yo aviso: alguien va a pagar por esto.

3 comentarios:

matias dijo...

te dejo un comentario que no tiene nada que ver. es sobre un post anterior el del sargento pimienta

Nota de fito paez para la revista la mano:

Lo puro no existe y lo bueno no siempre es sencillo

Por Fito Páez
Sgt. Pepper’s es un álbum laboratorio. El tiempo demostró, y Ringo lo corrobora hoy, que no es el mejor álbum de The Beatles, si es que tuviera que existir una necia categoría de este tipo. Sí, es la cúspide de una relación esencial, y en este caso ejemplar, de la historia y la modernidad dentro de la música popular del siglo pasado. Su productor, George Martin, les acerca a los fabulosos cuatro elementos musicales que hereda de su vínculo con la música europea –conocida malamente como musica clásica– y demuestra que el lenguaje, o la expresión musical, es una sola. Así, orquestaciones nada convencionales se cuelan en “A Day In The Life”, que con sus partes bien determinadas conforman una nueva posibilidad de composición en las que se mixturan técnicas de edición con tuttis orquestales y Stravinsky con la lectura del diario de hoy. Por otro lado, los Beatles siguen jugando fuerte y dejan claro que están en ese lugar que el mundo les dio porque no venían solamente a llevarse a tu hermana del pueblo, sino que estaban allí para recordarnos, en medio del primer aventón globalizador, que la vida era un disparate y que podía también, por momentos, ser maravillosa. Lamentablemente Paul no tuvo los 64 que escribió en su juventud, pero esa melodía todavía sigue funcionando como música de vodeville en el siglo XXI. Es imposible no pensar en la herencia de este gran gesto artístico, y remitirnos al Toto’s Bar de Los Shakers, aquí al ladito, en Montevideo; y a la apertura de Parade, el “Christopher Tracy’s Parade”, esa joya del Prince de mediados de los 80. Además de fundar una nueva forma de composición en la música popular, donde todo valía si estaba utilizado en favor de una expresión noble, y animar a las nuevas generaciones de compositores aquí y allí a que se pueden orquestar las músicas hechas en el patio de atrás de la casa y que nadie se escandalice, que lo puro no existe, que lo bueno no siempre es sencillo, que la música no era decorativa, que era efímera pero tenía el poder de transformar los espíritus, que no se hablaba tanto de la revolución, que se la hacía, que no estaba mal formar parte de una banda de corazones solitarios, que no había que tener complejos porque atrasan las agujas del reloj, que no importa que no le guste a todo el mundo. Joder, si la música popular actual tuviera la mugre del dedo gordo de algunos de los pieses de esta maravilla, seríamos todos un poco más felices. Yo, Fito Páez, se lo garantizo.

perdón por lo largo, pero esta buena la reflexión

Pilar dijo...

queridos,
hay cosas que una mujer nunca entenderá, a saber....como puede un hombre ser tan aprensivo?? Que fácil sería escribir un larguísimo comentario acerca de las exquisiteces de las visitas médicas que un hombre realiza al cabo de su vida pero decididamente no creo que sea muy productivo. Solo quiero hacer una pregunta que no sé si tiene una respuesta convincente y coherente.¿Cómo es posible que algo tan sencillo como una consulta médica genere en vosotros tanto pánico? ¿Será cierto sentimiento de indefensión ante un galeno? ¿Quizá el miedo a que te digan que el camino se acabó?
Gracias por las respuestas, si encuentro una coherente os lo haré saber

Gasper dijo...

Nene, simplemente que me alegro de que (te) ande todo en orden, y sobre la tipa... Contá conmigo para hacer pagar a quien haga falta.

Abrazo